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Full text of "Compendio de las vidas de los filósofos antiguos"

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COMPENDIO 

DE LAS VIDAS 

DE LOS 

FILOSOFOS ANTIGUOS* 



% 



Se yen¡ 3 e en las Librerías de Cormon y BlAHCJ 

< IjYOÍÍ » ca,,e Sala, N,° 14. 

| París , calle Morstmartre , N.° 267» 



COMPENDIO 

DE LAS VIDAS 

DE LOS 

FILÓSOFOS ANTIGUOS, 

ESCRITO EN FRANCES 

Por FENELON, 

¥ TRADUCIDO AL CASTELLANO 

Pon J. J. DE MORA, 

MIEMBRO DEL INSTITUTO DE EDUCACION DE 
FLORENCIA, Y DE LAS SOCIEDADES ECO- 
NÓMICAS DE CADIZ , MADRID Y GRANADA. 


PARIS, 

LIBRERÍA DE CORNLON Y BLANC. 

i 8 a 5. 





' 


EL TRADUCTOR. 

La historia de la Filosofía es uno de 
los grandes espectáculos que nos ofrece 
la de las primeras épocas del género 
humano. En medio de la deplorable 
narración de los delirios , de las pa- 
siones , de los crímenes de los hom- 
bres , se percibe un rayo de luz que 
nos recuerda la elevación de nuestro 
origen , cuando consideramos que el 
culto de la razón ha resistido á las 
vicisitudes de los tiempos , á las ti- 
nieblas de la ignorancia , y á la cor- 
rupción de las costumbres , y que 
mientras los extravíos mas vergonzosos 
degradaban nuestra especie, nunca fal- 
táron hombres ilustres que la enno- 
bleciesen aplicando á la investigación 
de la verdad , todas las fuerzas del 
espíritu. 

Obscura en sus principios, la Filo- 
sofía brotó de las lejanas regiones del 



VJ EL TRADUCTOR. 

Oriente, donde se mantuvo muchos si- 
glos desconocida y aislada , hasta que 
los Griegos la descubrieron y perfec- 
cionaron. Sus progresos fue'ron debi- 
dos en gran parte al amor á Jas cien- 
cias , que debía ser naturalmente la 
pasión dominante de un pueblo inge- 
nioso , rico , activo , felizmente orga- 
nizado , y aficionado á los goces in- 
telectuales. Asi es que en Grecia , la 
Filosofía no era, como en las naciones 
modernas , una ocupación privada, sino 
una especie de magistratura , ó sacer- 
docio; una 'profesión superior á todas 
las clases y á todas las instituciones , 
y los que la cultivaban eran mirados 
como órganos de la Divinidad, como 
intérpretes de la Naturaleza , como 
bienhechores del mundo. Los reyes 
asistían á sus lecciones , y solicitaban 
sus consejos ; los pueblos les alzaban 
estatuas ; los cuerpos políticos les pe- 
dían leyes , y los honores que se les 
tributaban eran mas sinceros , mas ge- 


EL TRADUCIOS. Vi] 

nerales y mas respetuosos, que los que 
solían arrancar el entusiasmo de la vic- 
toria, y el prestigio del poder. 

Producto espontáneo de nuestras ne- 
cesidades y propensiones , la Filosofía 
dio sus primeros pasos, apenas la so- 
ciedad salió del círculo estrecho de 
las exigencias físicas. Los primeros vi- 
sos de sociabilidad que sucedieron á 
las tinieblas de Ja vida salvage , des- 
cubrieron un campo inmenso abierto 
á la curiosidad y á la investigación , 
y el hombre debió lanzarse en este 
piélago de misterios , con la misma in- 
certidumbre , y vacilación que señala 
los pasos de la infancia. La muche- 
dumbre de objetos que le rodeaban ?e 
reveló el secreto de sus relaciones con 
estos objetos. Este descubrimiento le 
condujo al de sus propias cualidades, 
y cuando tuvo la conciencia de su ra- 
zón , de su libertad , de su preemi- 
nencia, era natural que el amor pro- 
pio ,- móvil de todas sus acciones , ex- 


V11J EL TRADUCTOR. 

citase en su alma el enérgico deseo de 
conocer en que consistían esta razón , 
esta libertad, esta preeminencia , y las 
demas circunstancias que constituyen 
su ser. Asi , pues , la base de la Fi- 
losofía es la misma idea cuya verda- 
dera explicación seria lo mas sublime 
de la Filosofía, el nosce te ipsum tan 
anclado por la ciencia , como reco- 
mendado por la religión. 

La sociedad observa el mismo orden 
que el individuo , porque es un agre- 
gado de individuos , cuya reunión no 
tuerce el giro de sus operaciones , ni 
cambia la naturaleza de sus deseos. 
El hombre recibe impresiones, y estas 
le enseñan que existe. Su ser es lo 
único que él ve en la multitud de seres 
que le rodean. Del mismo modo , en 
los enigmas que le presenta el Universo , 
no ve mas que su propio enigma , y 
como se ama á sí mismo sobre todas 
las cosas , el primer objeto de su cu- 
riosidad , fué el objeto principal de su 
amor. 


Paréceme que esta explicación es mu- 
cho mas análoga á nuestra índole , y 
mucho mas conforme á la historia , 
que la que ha dado un célebre escritor , 
historiador profundo y luminoso de las 
opiniones de los primeros sabios. La 
cuestión primera y fundamental de la 
filosofía ? el ege de todos sus trabajos , 
es 5 según M. r De Gerando , la que 
tiene por objeto fijar los principios de 
los conocimientos humanos, es decir, 
la que examina cual es la relación del 
espíritu humano con los objetos de 
sus conocimientos ; cuales los funda- 
mentos del derecho que se atribuye 
de juzgarlos; cual la extensión, la rea- 
lidad , y la garantía legítima de estos 
mismos conocimientos. Aquí tenemos , 
pues , en lugar de una cuestión sen- 
cilla , cual debia convenir al primer 
ensayo de la razón, una serie de cues- 
tiones complicadas que no pueden pro- 
venir , sino del cultivo refinado de esta 
misma razón. El móvil que este es- 


Ct'ifor da á los elementos de! saber- , 
parecen mas propios de su madurez 
y perfección , y las cuestiones que atri- 
buye á los primeros investigadores de 
la verdad , pasarían por grandes es- 
fuerzos de sutileza en úna academia de 
meta físicos. El programa de la Natu- 
raleza debió estar escrito de otro modo 
que las frases de Licofron. 

Hablar de derechos y de garantías 
del saber á los que acumulaban los 
matei ¡ales en que este saber debia es- 
tribar , se me figura ío mismo que 
hablar de metopes y cintros, á los que 
forman á toda prisa una choza para 
ponerse al abrigo de la intemperie. 
Los derechos del entendimiento son sus 
facultades \ su garantía es la convic- 
ción. El mismo derecho tenemos al 
raciocinio que al ejercicio de la vista 
y del olfato, y la misma garantía de 
nuestras ideas que de las impresiones 
que los órganos nos transmiten. Si an- 
tes de observar el curso de los pía- 


EL THASUCTOK. X j 

netas el hombre se hubiera entretenido 
en averiguar con que derecho hacia 
esta observación , adelantada estaría & 
la hora esta la Astronomía. Problemas 
tan recónditos pueden llamarse el lujo 
de la ciencia, y el lujo no nace sino 
mucho tiempo después que las primeras 
necesidades están satisfechas. 

Lo cierto es que el hombre tuvo 
necesidad de conocerse, y que de este 
conocimiento debió nacer el de sus re- 
laciones con Dios y con la Naturaleza , 
y lo cierto es que estos tres puntos 
abrazáron toda la serie de las doctrinas 
filosóficas. 

Estas se ramificáron en lo suce- 
sivo , y se ensancháron poco á poco 
hasta señalar , sino los límites del sa- 
ber , á lo menos los cuadros en que 
debia encerrarse , y los filósofos Grie< 
gos no dejaron, en esta parte, trabajo 
alguno á sus sucesores. En efecto ¿ que 
opinión ha salido á luz en los siglos 
modernos que no pertenesca á alguna 


&¡j ÉL TKABÜCTOS. 

de las grandes escuelas de la antigüe- 
dad, que no reprodusca alguno de sus 
principios , que no se clasifique en 
algunas de sus vastas distribuciones ? 
Desde el renacimiento de las luces 
hasta nuestros dias , no se descubre 
una teoría, un sistema que no se halle 
indicado á lo menos en la época que 
medió desde Sócrates hasta la emi- 
gración de la Filosofía á Egipto y á 
Roma. Los que se han aplicado es- 
elusivamente al conocimiento deí hom- 
bre 5 y han despreciado como inútil y 
superfino todo otro estudio , no han 
hecho mas que seguir la senda que 
el Scepticismo les dejó trazada ; los 
que no ven en el Universo sino las 
combinaciones de la materia , y no 
conocen otras relaciones que las sen- 
sibles , por mas que hayan dicho que 
el cerebro es una entraña , y el pen- 
samiento una secreción , no han ido 
mas lejos que Epicuro ; los que se 
han elevado á las sublimes regiones del 


B 'U TBADUCTOH. XU) 

idealismo , deben á Platón este des» 
cubrimiento, los que lian seguido por 
guias la observación y la clasificación, 
han edificado sobre las bases de Aris- 
tóteles ; por último , los que han des- 
confiado de las fuerzas del espíritu , 
y han erigido la duda en árbitro de 
la sabiduría , no se han atrevido á tanto 
como Pirran. En este círculo se en- 
cierran todos los hombres , todas las 
sectas , todas las escuelas posteriores : 
Tomas de Aquino y Gondillac ; Ro- 
gero Bacon y Mallebranche ; Erasmo 
y Locke ; Hobbes y Cabanis ; los no- 
minales y los materialistas ; los Esco- 
tistas y los Cartesianos ; Azais con sus 
compensaciones , Kant con sus tinie- 
blas , y Gall con sus protuberancias. 

Lejos de mí la temeraria intención 
de rebajar el mérito distinguidísimo de 
los genios de primer orden , á cuyas 
ingeniosas y profundas tareas deben 
las ciencias el lustre con que brillan; 
mas la gratitud á que son acreedores 


SÍV' EX IRABUCTOB. 

no debe ahogar en nosotros la admi- 
ración que reclaman los que los lian 
precedido. Sin despreciar en manera 
-alguna el valor de los descubrimientos 
modernos, debemos un tributo de res- 
peto y gratitud á los primeros que 
procuráron alzar el velo que cubre los 
arcanos de la Naturaleza. Porque la 
ciencia en su origen no fue una vana 
acumulación de teorías imaginarias , ni 
tuvo por móvil el vano empeño de 
adivinar sin descubrir ; de sistematizar 
sin examinar ; ni se crea tampoco que 
el camino de la observación fue des- 
conocido á los hombres hasta que lo 
reveló , como un hallazgo peregrino, 
un Canciller de Inglaterra. ¿ Como pu- 
dieron los Caldeos , si no fue por me- 
dio de la observación , fijar las verdades 
esenciales de la Astronomía ? ¿ No co- 
nocieron la necesidad de la observa- 
ción , Aristóteles , que examinó y des- 
cribió cuantos objetos naturales pudo 
haber á las manos , Alejandro que le 


El TKADÜGTO K. 


ty 

prodigó los medios de enriquecer sus 
colecciones , y los filósofos que gas- 
taron cuanto poseían en producciones, 
máquinas y experiencias? La obser- 
vación de las obras de la creación , 
se perdió totalmente cuando los puros 
r raudales de la Filosofía antigua se 

mescláron y confundieron en el cena- 
gal del Escolasticismo; cuando el cul- 
tivo del entendimiento se redujo al es- 
tudio de una ciencia tenebrosa y ab- 
surda; cuyos objetas estaban fuera del 
alcance de los sentidos ; y cuyos re- 
sultados no podian tener otra sanción 
que el sofisma ; cuando el saber se 
aisló en una clase de hombres , inte- 
resados en perpetuar la ignorancia , y 
en esclavizar el entendimiento. Pero las 
primeras rafagas de luz que apare- 
cieron después de esta época , no hi- 
cieron mas que descubrir un sendero 
trillado por los primeros filósofos , y 
la razón , al recobrar sus derechos , 
halló preparados todos los instrumen- 
tos que podian facilitarle su ejercicio» 


Eli TRADUCTOR. 


xvj 

La obra presente bosqueja estos pri- 
meros trabajos , y da á conocer los 
hombres que los emprendieron. Está 
escrita con aquella sencillez conveniente 
al asunto , y que caracteriza los escritos 
didácticos del autor de Telémaco. E! 
traductor ha aumentado considerable- 
mente el artículo de Sócrates y el de 
Platón. 


COMPENDIO 

DE LAS VIDAS 

DE LOS 

FILÓSOFOS ANTIGUOS. 

TALES. 

Nació en el primer año de la Olimpiada 35; 
Murió en la 58 de edad de 92 . años. 

Tales de Mileto traía su origen de Feni- 
cia y decendia de Cadmo , liijo de Agenor. 
La indignación de sus padres contra los 
tiranos que oprimían á los hombres de 
bien los obligó á salir de su patria y á 
establecerse en Mileto , ciudad de Ionia , 
donde Tales nació en el primer año de 
la Olimpiada 35. Él fue el primero que 
mereció el glorioso título de sabio , y el 
autor de la filosofía llamada Iónica , alu- 
diendo al pais en que por primera vez se 
dio á conocer. 

Pasó algún tiempo en la magistratura y 
después de haber ejercido sus principales 

A 


a TALES, 

empleos con distinción, se separó de los 
negocios públicos , movido por el deseo de 
conocer los secretos de la naturaleza. Pasó 
á Egipto donde florecían entonces las cien- 
cias ; empleó muchos años en conversar 
con los sacerdotes que eran los doctores 
del pais ; se instruyó en los misterios de 
aquella religión y se aplicó especialmente 
á la Geometría y á la Astronomía. No se 
sujetó á ningún maestro , y si se excep- 
túa lo que aprendió en su trato con los 
sacerdotes durante su viage , solo á sus 
experiencias y á sus profundas meditacio- 
nes debió los bellos conocimientos con que 
enriqueció la Filosofía. 

Tales tenia mucha elevación en sus 
ideas : hablaba poco y meditaba mucho. 
JNo hacia caso de su interes particular y 
se dedicaba con zelo á promover el de 
la República. 

Juvenal hablando de los que opinan que 
la venganza es mas apetecible que la mis- 
ma vida , dice que esta opinión es muy 
diferente de la de Crisipo y de la suavidad 
de Tales. 

yit vindicta bonum vita jucundius ipsa : 

Chrysippus non. dic'it idern , nec ñute 'Ihaletis 

Ingenium .... 


TALES. 8 

Cuando Tales regresó á Mileto vivió en 
gran soledad y solo pensó en contemplar 
las cosas celestes. El amor de la sabiduría 
le alejó de los cuidados del matrimonio , 
haciéndole preferir la tranquilidad del ce- 
libato. Á la edad de veinte y tres años , su 
madre Cleobulina le instó para que acep- 
tase un partido ventajoso que se presen- 
taba. « La juventud , respondió Tales, no 
es tiempo de casarse. En la vejez , ya es 
demasiado tarde , y el hombre que está 
entre las dos edades , no tiene tiempo de 
escoger muger. » Algunos dicen que en 
los últimos años de su vida se casó con 
una Egipcia , autora de muchos buenos 
escritos. 

Un dia en que unos pescadores de la 
isla de Co habían echado la red al agua, 
pasaron por allí ciertos habitantes de Mi- 
leto y les compraron todo lo que la red 
contuviese antes de sacarla. Admitida la 
proposición , sacáron la red y en ella 
venia una trípode de oro maciso , arrojada 
al mar , según la opinión común , y en 
aquel mismo sitio por Helena cuando vol- 
vía del sitio de Troya , en cumplimiento 
de cierto oráculo de que se habla acor- 


4 TALES, 

dado. De resultas de este acaecimiento ®e 
suscitó una disputa entre los extrangeros 
y los pescadores sobre á quien correspon- 
dí la trípode. Los pueblos respectivos 
tomaron parte en la contienda , abogando 
Cada cual por sus compatricios. La guerra 
iba á estallar entre los diferentes parti- 
dos , cuando se pusieron de acuerdo en 
someter la cuestión al oráculo de Delfos. 
Este respondió que se diese la trípode al 
primero de los sabios. Tales fue el pri- 
mero á quien se presentó la trípode ; la 
remitió á Bias , y Bias por modestia la 
envió á otro. De este pasó de mano en 
mano á Solon el cual dijo que « nadie 
era mas sabio que un Dios. » La trípode 
;fué llevada á Delfos y consagrada á Apolo. 

Algunos jóvenes de Mileto reconvenían 
un dia á Tales acerca de la inutilidad de 
su ciencia , puesto que no le servia para 
salir de la indigencia en que se bailaba. 
Tales quiso darles á entender que si los 
sabios no acumulan riquezas es solo por 
el desprecio con que las miran , siéndoles 
muy fácil adquirir ios bienes de que no 
hacen caso. Con este objeto y habiendo 
previfto , según dicen , por sus observa- 


TALES. 5 

ciones astronómicas que aquel año seria 
sumamente fecundo , compró todo el fruto 
de los olivos de los alrededores de Mileto 
antes de la cosedla. Esta fue abundanti— 
sima y muy considerable por consiguiente 
la ganancia del filosofo ; mas este convocó 
á todos los mercaderes y comerciantes de 
Mileto y les distribuyó sus provechos. 

Tales daba gracias á los Dioses por tres 
cosas : por haber nacido racional y no 
bestia; hombre y no muger; griego y no 
bárbaro. 

Creía que el mundo había sido arre- 
glado del modo que lo vemos por una 
inteligencia que no habió tenido princi- 
pio y que no tendría fin. 

Tales fué el primer griego que enseñó 
la inmortalidad del alma. 

Un dia fué un hombre á preguntarle 
si nos era posible ocultar nuestras acciones 
á los Dioses. « Ni aun nuestros mas se- 
cretos pensamientos , le respondió , les 
son desconocidos. » 

Decia que lo mayor que hay en el 
mundo es el espacio porque en el se en- 
cierran todos los seres ; que no hay nada 
mas fuerte que la necesidad pues lo vence 


G TALES, 

todo ; ni nada mas pronto que el enten- 
dimiento del hombre pues en un mo- 
mento recorre todo el mundo ; ni nada 
mas sabio que el tiempo pues lo descubre 
todo ; ni nada enfin mas suave y agradable 
al hombre que poder hacer su voluntad. 

.Decía que el mucho hablar no es señal 
de gran entendimiento ; que un hombre 
de bien dehe acordarse de sus amigos 
ausentes ó presentes ; que es menester 
ayudar á nuestros padres para que nues- 
tros hijos nos ayuden; que no hay cosa 
tan terrible como ver envejecer á un ti- 
rano ; que lo que puede darnos un gran 
consuelo en la desgracia es saber que el 
que nos atormenta es también desgraciado ; 
que no debemos hacer lo que reprende^- 
mos á los otros ; que la verdadera feli- 
cidad consiste en la salud perfecta , en 
'los bienes moderados y en no pasar la 
vida en la molicie y en la ignorancia ; 
que la obra mas difícil del hombre es el 
conocimiento propio , y por esto inventó 
aquella hermosa máxima que después fue 
grabada en una lámina de oro y consa- 
grada á Apolo en su templo : cohockxe á 
TÍ MISMO. 


TALES. 7 

Decía que la vicia y la muerte no se 
diferenciaban y cuando le preguntaban, 
porque no se dejaba morir respondía . 
« Porque siendo lo mismo vivir que mo- 
rir , no hay motivo para decidirme en 
favor de la una mas bien que de la otra. 

Dedicaba algunos ratos á la poesía y 
hay quien asegura que él fué el inventor 
de la medida de los vei’sos hexámetros» 
Un hombre acusado justamente de adul- 
terio le preguntó si le seria lícito jus- 
tificarse por medio clel juramento. « Por 
ventura , le respondió , ¿ es el perjurio un 
crimen menor que el adulterio ’ J » 

Mandretes de Priene que había sido 
su discípulo , le fué á ver á Mileto y le 
dijo : « ¿ Que recompensa quieres que te 
dé , Tales , para manifestarte cuanto te 
agradesco los hermosos preceptos que 
me has enseñado ? Cuando enseñes á los 
otros , respondió Tales , diles que yo soy 
el autor de aquella doctrina , lo cual será 
en tí una loable modestia y para mí un. 
precioso galardón. » 

Tales fué el primer griego que se aplicó 
á la Física y á la Astronomía. Creía que 
el agua era el primer principio de todas 


8 TALES, 

las cosas ; que la tierra era agua conden- 
sada y el aire agua enrarecida ; que todas 
las cosas se mudaban continuamente unas 
en otras , pero que al fin todo se conver- 
tía en agua ; que la tierra estaba en el 
centro del mundo ; que se movía al re- 
dedor de su propio centro el cual era el 
mismo que el del universo ; que este está 
lleno de seres invisibles los cuales se mue- 
ven continuamente en varias direcciones 
y que las aguas inferiores del mar tienen 
cierto sacudimiento que es la causa de su 
agitación. 

Los efectos maravillosos del imán y del 
ámbar y la simpatía que eviste entre va- 
rias cosas de la misma naturaleza , le lii- 
eiéron creer que no hay nada en el mundo 
que no esté animado. 

Creía que la causa de la inundación del 
Nilo eran los vientos Etesios que soplan 
del Norte al Sur , retardan las aguas del 
rio que van de Sur á Norte y las obligan á 
derramarse é inundar los campos vecinos. 

Tales fue el primero que predijo los 
eclipses del sol y de la luna y que hizo 
observaciones sobre los diferentes movi- 
mientos de estos dos astros. Greia que el 


TALES. 9 

sol era por sí mismo luminoso y que su 
volumen era ciento y veinte veces mayor 
que el ele la luna ; que esta era un cuerpo 
opaco capaz ele reflejar la luz del sol, en 
una sola mitad de su superficie , y con 
esta doctrina explicaba los diferentes as- 
pectos que aquel astro nos presenta. 

Él fue el primero que investigó el ori- 
gen de los vientos ; la materia de que se 
compone el rayo y la causa de los relám- 
pagos y de los truenos. 

Nadie liabia descubierto antes que el , 
la manera de medir la altura de las torres 
y pirámides por su sombra meridional , 
cuando el sol está en el equinoxio. 

Fijó el número de los dias del año en 
365 ; arregló el orden de las estaciones 
y limitó cada mes á treinta dias; al fin 
de cada doce meses añadía cinco dias 
para completar el curso del año , según 
el método que había aprendido entre los 
Egipcios. 

Él fue quien descubrió la constelación 
de la osa pequeña de que se servían los 
Fenicios para arreglar su navegación. 

Un día saliendo de su casa para ir á 
descubrir los astros cayó en una zanja ; 

A.. 


lo 


TALES. 


una criada vieja que tenia acudió cor- 
riendo á su ayuda y después de haberle 
ayudado á levantarse le dijo burlándose 
de el : « ¿ Crees poder descubrir lo que 
pasa en el cielo y no sai. ’s lo que tienes 
á los pies ? » 

Tales gozó de mucha consideración 
durante su vida ; sus contemporáneos le 
consultaban en los negocios mas graves. 
Creso , después de haber emprendido la 
guerra contra los Persas , se adelantó á 
la cabeza de un fuerte ejército hasta cerca 
de las orillas del rio Halis. No sabia como 
pasarlo porque no era vadeable y él no 
traía ni puentes ni barcos. Tales que se 
hallaba á la sazón en el campamento ofre- 
ció darle un medio seguro de pasar el rio. 
Para esto hizo cavar un gran foso en for- 
ma de media luna que empezaba en una 
de las extremidades del campamento y 
terminaba en otra , con lo cual el rio 
se dividió en dos brazos con poca agua,, 
de modo que el ejército pudo vadearlo y 
pasar sin dificultad. Tales en aquella oca- 
sión no quiso que los habitantes de Mi- 
leto hiciesen alianza con Creso el cua| 
la deseaba vivamente. Esta prudente can-» 


ir.',- 


TALES. 11 

tela salvó á su patria , porque Ciro ven- 
ció á los Lidios y saqueó todos los pue- 
blos que habían entrado en confederación 
con ellos , pero respetó á Mileto que no 
había tomado partido contra él. 

Siendo Tales muy viejo quiso que le 
llevasen á un terrado para ver desde allí 
los juegos del Anfiteatro. El. calor exce- 
sivo que hacia le causó una irritación tan 
violenta , que murió allí mismo de re- 
pente. Era la 58 Olimpiada y el año 9a 
de su edad. Los habitantes de Mileto le 
kieiérou un magnífico funeral. 







13 


SOLON. 


»mm\Huw\\iwvvwvvvuw%\nmTOTOW\%'j 

SOLON. 

Nació el año tercero de la 35 Olimpiada ; fné 
pretor en Atenas el año tercero de la 4 5 y 
murió al principio de la 55 á edad de 78 años. 

Solon traía su origen de Atenas y nació 
en Salamina en la Olimpíada 35. Exces- 
tides su padre decendia del rey Codro y 
su madre era prima hermana de la madre 
de Pisistrato. Empleó una parte de su 
juventud en viajar por Egipto que era 
entonces el punto de reunión de todos 
los sabios. Después de haberse instruido 
en la forma de gobierno y en todo lo 
relativo á las leyes y costumbres del pais , 
volvió á Atenas en donde su mérito ex- 
traordinario y su distinguido nacimiento 
le proporcionaron empleos de mucha con- 
sideración. 

Solon era hombre de gran sabiduría, 
unida á mucho vigor , firmeza y sinceri- 
dad. Era excelente orador , poeta , legis- 
lador y buen militar. Toda su vida fué 
celoso defensor de la libertad de su patria, 
gran enemigo de los tiranos y siempre 


SOLON. i3 

manifestó poco empeño en enriquecer á 
su familia. Imitó á Tales en no fijarse á 
ningún maestro. Dejo el estudio de las 
causas naturales , para darse enteramente 
á la moral y á la política. Él fué el autor 
de esta hermosa máxima : La moderación 
es buena en todo. 

Un día Solon se hallaba en Mileto , 
adonde le había atraído la gran reputación 
de Tales. Después de haber conversado 
algún tiempo con este filosofo le cujo : 
« Extraño mucho , Tales , que no os hay ais 
casado , porque tendríais mucho gusto en 
dar educación á vuestros hijos. » lales 
no respondió nada por entonces. Pocos 
días después se compuso con un amigo 
suyo el cual, fingiéndose extrangero , fué 
á hacer una visita á Solon. Díjole que 
acababa de llegar de Atenas. « ¿Y que 
dejas de nuevo ? pregunto' Solon. Nada 
sino es que cuando yo salía, iban a en- 
terrar á un joven ateniense á cuyas exe- 
quias asistía todo el pueblo , por ser hom- 
bre de distinción é hijo de uno de los 
principales habitantes de Atenas. Su padre 
está fuera del pueblo , hace algún tiempo. 
Sus amigos tratan de darle la noticia con 


4 SOLON, 

mucha precaución á fin de que no sé 
muera de la pena. ¡ Ó pobre padre ! ex- 
clamó Solon : ¿ Y como se llama el des- 
venturado ? Le he oido nombrar, respon- 
dió el extrangero , pero no lo tengo pre- 
sente : solo sé que es hombre de gran 
sabiduría. Solon cuya inquietud se au- 
mentaba por instantes , le preguntó si el 
nombre del padre era Solon. « Justa- 
mente,» respondió el extrangero. Solon 
entonces lleno de amargura y desespe- 
ración empezó á desgarrarse los vestidos , 
á arrancarse los cabellos y darse de golpes 
en la cabeza. Enfin hizo todo lo que 
hacen los que reciben una grave pesa- 
dumbre. « ¿ A que lloras y te atormentas, 
le dijo Tales, por una pérdida que todas 
las lágrimas del mundo no pueden re- 
parar F j A ! contexto Solon , lloro por 
eso mismo ; porque mi mal no tiene re- 
medio. « Al fin Tales se echó á reir de 
los gestos que Solon hacia. » ; O amigo 
Solon! le dijo , ve aquí porque buyo del 
matrimonio. Temo someterme á su yugo 
y el dolor del mas sabio de los hombres , 
me hace ver que el corazón mas firme 
£© puede resistir el dolor que nace del 


v 


SOLON. xí 

amor de los hijos. No te aflijas mas : 
todo lo que has oido ha sido una fábula. » 
Los Atenienses y los de Megara habían 
estado mucho tiempo en guerra cruel so- 
bre la pertenencia de la isla de Salamina. 
Enfin, después de muchos destrozos en 
una y otra parte , los Atenienses que eran 
los que mas habían perdido , cansados de 
derramar tanta sangre , mandaron pi o— 
mulgar pena de muerte contra todo aquel 
que se atreviese á proponer la guerra para 
recobrar á Salamina que ya estaba en po- 
sesión de Megara. Solon temía hacerse 
perjuicio á sí mismo si hablaba , ó ha- 
cérselo á su patria si guardaba silencio. 
Para poder obrar y decir impunemente 
todo lo que se le antojase , tomó el par- 
tido de fingirse loco y muy en breve esta 
noticia se esparció por toda la ciudad. 

Después de haber compuesto algunos 
versos elegiacos que aprendió de memoria , 
salió de su casa con un vestido roto , un 
gorro sucio y una cuerda al cuello. Todo 
el pueblo se juntó en rededor ; entonces 
Solon subió á la piedra en la que ordi- 
nariamente se hacian las proclamas pu- 
blicas, y, contra su costumbre , se puso 


16 SOLON, 

á recitar versos. « ! Ojalá , decía en ellos f 
no fuese mi patria Atenas ! ¡ A ! hubiese 
yo nacido en Folegandes ó en Sieina , ó 
en cualquier otro punto , todavía mas bár- 
baro y mas remoto ! Á lo menos no pa- 
sarla por la vergüenza de que me señalen 
con el dedo , diciendo : ese es un Ateniense 
que se escapó ignominiosamente de Sa- 
lamina. Venguemos pronto el agravio que 
hemos recibido y recuperemos la agra- 
dable mansión de que nuestros enemigos 
nos lian despojado tan injustamente. » 
Estas palabras hiciéron tanta impresión 
en los Atenienses que inmediatamente re- 
vocaron la ley. Tomaron las armas y 
determináron hacer la guerra á los de 
Megara. Dióse el mando de las tropas á 
Solon el cual se embarcó con ellas en 
barcas de pesca. Seguíalo una galera de 
treinta y seis remos , y todo el convoy 
echó el ancla bastante cerca de Salamina. 
Los de Megara que estaban en la ciudad , 
notaron alguna novedad y corrieron de- 
sordenadamente á las armas. Destacaron 
un buque para averiguar lo que había 
sucedido y este buque fue tomado por 
Solon , el cual mandó atar á todos los 


SOLON. 17 

que venían dentro , é hizo embarcar en. 
su lugar los Atenienses mas valientes , 
con orden de que se dirigiesen hacia Sa- 
lamina . ocultándose cuanto les 'fuera po— 
sible. Solon á la cabeza de las demás tro- 
pas , desembarcó en otro punto ; salió al 
encuentro de los enemigos que se habían 
puesto en campaña y mientras les daba 
batalla , los que habían ido en el barco 
de Megara llegáron á la ciudad y se apo- 
deráron de ella. Solon después de haber 
derrotado á los enemigos , restituyó sin 
rescate los prisioneros que había hecho 
en el combate y erigió un templo al Dios 
Marte en el mismo sitio en que había 
conseguido la victoria. Algún tiempo des- 
pués los de Megara se obstinaron inú- 
tilmente en recobrar á Salamina ; enfin 
las partes beligerantes convinieron en to- 
mar por árbitros á los Lacedemonios. 
Solon probó ante los diputados de Es- 
parta que Filo y Eurilaces , hijos de Ayax, 
rey de Salamina , habían venido á esta- 
blecerse á Atenas , ofreciendo aquella isla 
á los Atenienses si los admitían en el nú- 
mero de sus conciudadanos. Mandó abrir 
muchos sepulcros para hacer ver que los 


iS SOLON, 

cadáveres de Salamina tenían el rostro 
vuelto hacia el mismo lado que los de 
Atenas , en vez que los de Megara los 
volvían al lado opuesto ; en fin que los 
de Salamina grababan en los sepulcros 
los nombres de la familia del muerto , 
según la costumbre particular y exclusiva 
de los Atenienses. Pero los de Megara no 
tardaron en tomar su desquite : porque 
los disturbios que había , mucho tiempo 
hacia , entre los decendientes de Ciíon 
y los de Megacles tomaron tanto incre- 
mento que de sus resultas estuvo á pique 
de perderse la ciudad. Cilon había aspi- 
rado antes á hacerse dueño de Atenas : 
descubierta su conspiración se le dio 
muerte , como también á muchos de sus 
cómplices. Todos los que pudieron esca- 
par se refugiáron en el templo de Mi- 
nerva. Megacles , que entonces era ma- 
gistrado , les habló con tanta elocuencia 
que los obligó á presentarse ante los jue- 
ces , teniendo en la mano un hilo cuya 
otra extremidad estaba atada á la estatua 
de la Diosa , con lo cual no perdían la 
inmunidad de que gozaban. Cuando ba- 
jaban del templo el hilo se rompió , y 


SOLON. 13 

Megacles dijo que esto significaba que la 
Diosa les negaba su protección. Algunos 
de aquellos infelices fueron inmediata- 
mente presos y apedreados por el pueblo. 
Los que se refugiaron en los altares fue- 
ron casi todos pasados á cuchillo sin nin- 
gún respeto. Muy pocos se salvaron gra- 
cias á los ruegos de las mugeres de los 
magistrados. 

Tan malvada acción hizo aborrecibles 
á los magistrados y sus decendientes , 
que desde entonces fueron odiados por 
el pueblo. Muchos años después los de- 
cendientes de Cilon llegaron á ser muy 
poderosos, y la enemistad que reinaba 
entre los dos partidos se encendía cada 
dia mas y mas. Solon , entonces magis- 
trado , temió que estas divisiones acar- 
reasen la pérdida de la ciudad , los redujo 
á escoger árbitros que decidiesen la dis- 
puta y estos falláron en favor de los Ci~ 
lonios. Todos los decendientés de Mega- 
cles fueron desterrados y los huesos de 
los que habían muerto fueron arrojados 
del territorio de Atenas. Los de Megara 
se aprovecharon de esta ocasión : tomaron 
las armas cuando los ánimos estaban en 


20 


SOLON. 

el mas alto punto de exasperación y se 
apoderaron de Sala mina. 

Apenas se apaciguó la sedición sobre- 
vino otra cuyas consecuencias no fueron 
menos peligrosas. Los pobres estaban tan 
cargados de deudas , que los jueces los 
adjudicaban diariamente como esclavos á 
sus acreedores , los cuales los hacían tra- 
bajar , ó los vendían según les acomodaba. 
Muchos de ellos se amotinaron , resueltos 
á escoger un gefe y á exigir que en lo 
sucesivo ninguno fuese declarado esclavo 
por nó haber podido pagar sus deudas 
el dia de la expiración del término , obli- 
gando ademas á los magistrados á hacer 
una división por igual de los bienes como 
Licurgo habia hecho en Esparta. Los 
alborotos fueron tan grandes y tan ani- 
mados estaban los sediciosos , que no se 
podia hallar remedio alguno para apaci- 
guarlos. Soion fue escogido por los dos 
partidos para arreglar amigablemente tanta 
desavenencia. Al principio se negó á adop- 
tar un cargo tan espinoso , y solo pudo 
resolverse á ello por el amor que tenia á 
su patria. Se le bahía oido decir muchas 
veces que la igualdad eyitaba las contes- 


SOLON. ci- 

taciones y cada cual interpretaba esta 
sentencia en su favor. Los pobres creian 
que solo quería reducir todos los ciuda- 
danos á una perfecta igualdad; los ricos 
por el contrario pensaban que su inten- 
ción era medir á todos según el naci- 
miento y la dignidad. De este modo se 
liizo tan agradable á uno® y á otros que 
todos le instáron que aceptase la sobe- 
ranía. Aun aquellos que no tenian in- 
teres alguno en estas reyertas , no ha- 
llaban otro medio para terminarlas qu® 
reconocer por gefe al que pasaba por el 
mas hombre de bien y por el mas sabio 
de la tierra. Solon lo reuso desde el piin- 
cipio y declaró que jamas consentiría en 
ello. Sus mejores amigos no podían menos 
de censurarlo. « Sois muy simple , le de- 
cían. ¿Podéis reusar, solo por el nombre 
vano de tirano , una soberanía que ad- 
quirís de un modo tan legítimo? ¿No se 
declaró Titnondas rey de Eubea? ¿Pitaco 
no reina hoy día en Mitilene? » Solon , 
sin embargo , se manifestó inflexible en 
su resolución. « La soberanía legitima f 
decia , y la tiranía , son sin duda muy 
apetecibles : pero están, rodeadas de pre- 


sa S OL O N. 

cipicios y no hay camino para poder salir 
de ellos. » Jamas se le pudo resolver que 
adoptase un partido tan ventajoso. Todos 
sus amigos le trataban de loco y de in- 
sensato. Soíon sin embargo , se dedicó se- 
riamente á apaciguar las discordias de 
Atenas. Mandó abolir todas las deudas an- 
tiguas y prohibió toda reclamación para 
su cobro y afín de dar ejemplo , restituyó 
siete talentos que le tocaban de la heren- 
cia de su padre. Declaró nulas todas las 
deudas que se hiciesen en adelante con 
obligación personal impidiendo asi y cor- 
tando de raiz el inconveniente que había 
sido la causa de las últimas revueltas. Esta 
resolución descontentó desde luego á los 
dos partidos ; los ricos sentían perder lo 
que les era debido , y los pobres no que- 
rían mas que la división por igual de las 
riquezas. Pero de tal modo se conven- 
cieron unos y otros en lo sucesivo de la 
utilidad de las medidas tomadas por So- 
Ion , que le escogieron de nuevo para 
apaciguar los tumultos causados por las 
tres facciones diferentes que reinaban en 
Atenas , autorizándole á reformar las leyes 
según lo creyese oportuno y á establecer 
el gobierno que mas le agradase. 


SOLON. ü3 

Los habitan tes del monte querían que 
el pueblo decidiese de todos los negocios 
públicos ; los de la llanura eran de opi- 
nión que se confiase el gobierno a un 
cierto número de ciudadanos escogidos 
entre los de mas distinción , y los de la 
marina estaban por un sistema medio en 
virtud del cual , el cuerpo supremo del 
estado debia componerse de ciudadanos 
de las dos clases , nombrados por la suei’te. 
Solon empezó por abolir las leyes de 
Dracon su predecesor , cuya severidad era 
demasiada. Las faltas mas ligeras se cas- 
tigaban con la pena de muerte como los 
mas graves crímenes. La misma pena se 
imponía al ocioso , al que hurtaba un. 
manojo de yerbas ó un puñado de fruta , 
que al sacrilego , al homicida , al reo 
de las mas horribles maldades. Esto dió 
lugar á que se dijere que las leyes de 
Dracon estaban escritas con sangre. Un 
dia preguntaron á este legislador que ra- 
zón había tenido para prodigar la pena 
de muerte : á lo que respondió : « Las 
faltas mas pequeñas la merecen y para 
las graves no encuentro otra mayor. » 

Solon dividió los ciudadanos en tres 


a4 SOLON, 

órdenes según los bienes que cada uno de 
ellos poseía. Admitió á todo el pueblo á 
la decisión de los negocios públicos , ex- 
cepto á los artesanos que vivían de su 
trabajo. Estos estaban excluidos de los 
empleos y no gozaban de los mismos pri- 
vilegios que los demas. Mandó que los 
primeros magistrados fuesen siempre sa- 
cados del primer orden ; que en caso de 
sedición , el ciudadano que permaneciese 
neutro entre los partidos fuese declarado 
infame ; que si el bombre que se había 
casado con una heredera rica era impo- 
tente , su muger pudiese encoger entre 
los parientes del marido el que mas le 
conviniese ; que el dote de las mugeres se 
redujese á tres trages y á algunos mue- 
bles de poco valor , y que fuese lícito 
matar á un adultero si le cogía infraganti. 

Prohibió hablar mal de los muertos. 
Permitió á los que no tenían hijos ins- 
tituir herederos á los que escogiesen con 
tal de que en la época de dictar el tes- 
tamento estuviesen en su sano juicio. 
Dispuso que el disipador de sus bienes 
fuese declarado infame y privado de todos 
sus privilegios , como también el hijo que 


SOLON. aS 

no mantuviese á sus padres en la vejez ; 
sin embargo el Injo no tenia esta obli- 
gación con respeto á su padre si este no 
le habia enseñado un oficio. 

Que ningún extrangero pudiese ser ciu- 
dadano de Atenas , si no habia sido des- 
terrado de su patria para siempre ó si 
no se establecía en Atenas con su fa—' 
milia para ejercer algún empleo ó pro- 
fesión. 

Disminuyó las recompensas que se da- 
ban comunmente á los atletas. 

Mandó que se educasen por cuenta 
del público los hijos de los que habían 
muerto defendiendo á su patria ; que 
un tutor no pudiese vivir con la madre 
de sus pupilos , y que el próximo here- 
dero no pudiese ejercer el cargo de tu- 
tor ; que el robo fuese castigado con 
pena de muerte y que el que sacase un 
ojo á otro perdiese los dos suyos. 

Las leyes de Solon fueron grabadas 
en piedra. Los miembros del consejo reu- 
nidos solemnemente juráron que las ob- 
servarían y que las liarían observar. Los 
encargados en ejecutarlas juráron ademas 
que si alguno de ellos faltaba á esta obli- 

B 


s6 SOLON, 

pación ofrecería al templo de Apolo uní 
estatua de oro del misino peso que la de 
esta divinidad. Había jueces nombrados 
para interpretar las leyes en caso de 
iiaber casos en que fuera preciso. 

Solon estaba un día escribiendo sus 
leyes y Anacarsis se echó á reir burlán- 
dose de este trabajo. « ¿Quieres , le dijo, 
con algunos renglones escritos reprimir 
la injusticia y las pasiones de los hombres? 
Tus leyes son como las telarañas que solo 
prenden á las moscas. Los hombres , res- 
pondió Solon , observan aquello en que 
lian convenido entre sí. De tal modo ar- 
reglaré yo mis leyes, que todos los ciu- 
dadanos conoscan que les es mas útil 
obedecerlas que violarlas. » Preguntáronle 
que razón habia tenido para no hacer 
una ley contra los parricidas. « Porque 
no be creido , respondió, que baya hom- 
bres capaces de cometer semejante delito, a 
Solia decir á sus amigos que un liombr® 
de setenta años no debía temer la muerte 
ni quejarse de las desgracias de la vida ; 
que los cortesanos son como las fichas 
del juego , que solo sirven para contar , 
y que representan inas ó menos valor s 


SOLON. zj 

según ei capricho del príncipe ; que los 
que rodean á los príncipes no deben acon- 
sejarles lo mas agradable , sino lo mas 
ventajoso ; que la mejor guia que tenemos 
para conducirnos es la razón , y que nada 
debemos hacer sin consultarla ; que de- 
bemos tener mas confianza en la pro- 
bidad de un hombre que en su jura- 
mento ; que no debemos contraer amis- 
tades de ligero , pero que es peligroso 
romper las ya contraídas ; que el medio 
mas seguro y mas pronto de rechazar la 
envidia es olvidarla ; que el hombre no 
debe mandar sin haber aprendido antes 
á obedecer ; que todos los hombres deben 
mirar con horror la mentira ; en fin que 
debemos honrar á los dieses , respetar 
á nuestros padres y no tener trato con 
los malos. 

Solon echó de ver que Pisistrato iba 
ganando mucho partido en Atenas y que 
iba tomando las medidas necesarias para 
hacerse con la soberanía. Hizo cuanto le 
fue posible para contrarrestar estos de- 
signios ; convocó al pueblo en la plaza 
pública ; se presentó armado y se explicó 
cía estos términos. « Atenienses , soy mas 


a8 SOLON, 

sabio que los que desconocen las perver- 
sas ideas de Pisistrato y mas valiente que 
los que las conocen y no tienen ánimo 
de declararse contra ellas. Pronto estoy 
á ponerme á vuestra cabeza y á com- 
batir generosamente en favor de la li- 
bertad. » El pueblo que estaba en favor 
de Pisistrato , creyó que Solon estaba 
loco. Pasa'ron algunos dias , Pisistrato se 
hizo una herida y se presentó cubierto 
de sangre y reclinado en un carro á vista 
del pueblo, quejándose de que sus ene- 
migos le habían cogido á traición y le 
habian puesto en aquel estado deplorable. 
« Hijo de Ipocrases , le dijo Solon , mal 
representas el papel de Ulises , el cual 
se arañó para engañar á sus enemigos ? 
empero tú te hieres para engañar á tus 
conciudadanos. » El pueblo se reunió y 
Pisistrato pidió una guardia de cincuenta 
hombres. Solon manifestó en público y 
con vigor las fatales consecuencias que 
traería consigo semejante medida , pero 
nada pudo conseguir de un pueblo al- 
borotado. 

Pisistrato tuvo cuatro cientos hombres 
á su disposición y no tardó mucho en 


SOLON. 29 

alistar otras tropas para apoderarse de 
la fortaleza. Los principales habitantes 
ele la ciudad miraron con la mayor es- 
trañeza estas disposiciones , y solo pen- 
saron en retirarse y ponerse al abrigo 
del riesgo que amenazaba. Solon , sin 
embargo , no se desanimó. Después de 
liaber echado en cara á los Atenienses 
su necedad y su cobardía: « Antes, les 
dijo , os era mas fácil que ahora evitar 
que se formase esta tiranía : mas ahora 
os será mas glorioso aboliría y extermi- 
narla de un todo. » Cuando vio que sus 
palabras no podían disipar la consterna- 
ción que reinaba en el pueblo , se fue á 
su casa , tomó las armas y las puso á las 
puertas del senado , exclamando : « ¡ O 
amada patria ! He hecho cuanto he podido 
en tu favor con mis acciones y palabras. 
Juro á los Dioses que nada he omitido en 
defensa de las leyes y de la libertad. ¡ O 
amada patria ! Me voy; te dejo para siem- 
pre puesto que soy el vínico enemigo del 
tirano. Todos los demas están resueltos 
á reconocerle por amo. » 

Solon no quiso jamas obedecer á Pi~ 
sistrato, y temeroso de que los Atenienses 


3o SOLON, 

le obligasen tí reformar sus leyes que 
babian jurado observar , quiso mas bien 
desterrarse voluntariamente y viajar para 
conocer el mundo que vivir molestado en 
Atenas. Pasó á Egipto donde se detuvo 
algún tiempo en la corte de Amasis. Pi- 
sistrato que tenia en alto aprecio á Solon 
le agradeció mucbo que se hubiese re- 
tirado de los negocios públicos y le es- 
cribió la carta siguiente para empeñarle 
á volver : « No soy yo el único griego 
que se ha apoderado de la soberanía. Nada 
cometo contra las leyes ni contra los Dio- 
ses , pues desciendo de Codro , y pues que 
los Atenienses han jurado conservar sieim- 
pre el poder supremo en su familia. Cuido 
de que se observen tus reglamentos con 
mucha mas escrupulosidad que si fuera, 
el populacho quien gobernase. Me con- 
tento con los tributos establecidos ante- 
riormente y nada tengo que me distinga 
del mas humilde de los ciudadanos , sino 
es ciertos honores debidos á mi dignidad. 
No estoy resentido contra tí porque has 
descubierto mis designios ; creo que lo 
hicistes por amor á la patria y no por 
Cilio contra mí ; pues no sabias cual seria 


SOLON. 3x 

mi conducta en lo sucesivo y si lo ,jJ ' 
hieras sabido quizás no hubieras despro- 
bado mi empresa. Vuelve pues y nada 
temas. Cree que Solon no debe tener 
miedo de Pisistrato , pues este no ha que 
rido hacer daño ni aun á aquellos que 
han sido siempre sus enemigos. Te con- 
sideraré como mi mejor amigo y gozarás 
¿ mi lado de toda especie de satisfacción, 
porque no te creo capaz de una infide- 
lidad. Si tienes razones que te impiden 
venir á Atenas , te establecerás donde 
quieras. Consentiré gustoso, con tal de 
que yo no sea la causa de tu expatriación. » 
Solon le respondió : « Creo que no me 
harás ningún daño ", pues fui tu amigo 
antes que fueras tirano , y no debo ser 
mas odioso á tus ojos que cualquier otro 
de los que aborrecen la tiranía. Dejo que 
cada uno piense lo que quiera , acerca 
de si es mas útil á los Atenienses ser go- 
bernados por un dueño absoluto que por 
muchos magistrados. Confieso que eres el 
mejor de los tiranos ; pero no debo volver 
á Atenas. Después de haber establecido 
allí un gobierno libre y reusado la so- 
beranía que me ofrecian los Atenienses , 


3:2 SOLON, 

me censurarían con razón y creerían que 
jo aprobaba tus designios. » 

También escribió á Epimenides en es- 
tos términos : « Como mis leyes eran casi 
inútiles , su abolición no ha podido pro- 
ducir grandes ventajas á los de Atenas. 
Ni los Dioses , ni los legisladores pueden 
ser útiles á ios pueblos , sino los que los 
gobiernan cuando son bien intencionados. 
Mis leyes no han hecho grandes bienes , 
pero los que las han violado han echado 
á tierra la república , dejando el camino 
abierto á Pisistrato para que invadiese la 
soberanía. He predicho todo lo que ha 
sucedido ; no me han querido creer ; Pi- 
sistrato que adulaba á los Atenienses les 
parecía mas fiel que yo que les decia la 
verdad. He ofrecido ponerme á la ca- 
beza de los ciudadanos para evitar las 
desgracias que después han sobrevenido. 
Me trataron de loco y diéron guardias 
¿ Pisistrato , que se sirvió de ellas para 
reducir la ciudad á la esclavitud. Creo 
que no me quedaba otro partido que to- 
mar sino retirarme. » 

Creso , rey de Lidia , bizo tributarios 
suyos todos los griegos del Asia. Muchos 


SOLON. 33 

sal) í os de' aquel tiempo abandonaron la 
Grecia por diferentes motivos , J se re- 
tiraron á Sardis , capital del imperio de 
Creso , ciudad muy floreciente entonces 
y llena de personagef y de riquezas. Corno 
Creso oia decir tantos bienes de Solon , 
entró en deseo de verle. Le mandó a de - 
cir que viniese á establecerse en sus es- 
tados y recibió la respuesta que sigue : 
« Xe agradesco sobremanera la amistad 
que me manifiestas y los Dioses saben 
que si no hubiera tomado la resolución , 
mucho tiempo hace , de vivir en un es- 
tado libre , mas quisiera vivir en tu reino 
que en la misma Atenas, mientras Pi- 
sistrato ejersa en ella un poder tiránico 
pero en el género de vida que he abra- 
zado , me es mucho mas grato residir en 
un pueblo en que todos son iguales. Iré 
á verte sin embargo para tener el gusto 
de pasar algún tiempo en tu compañía. » 
Solon pasó á Sardis para ver á Creso 
que tanto deseaba conocerle. Al atravesar 
la Lidia, encontró muchos magnates con 
grandes acompañamientos y trenes sun- 
tuosos y cada uno le parecia Creso. A.1 
fin fue presentado á este , que le aguar— 

Ib. 


34 SOLON, 

ciaba sentado en su trono y revestido de 
sus mas brillantes galas. Solon no pareció 
admirado de tanta magnificencia. Creso le 
dijo : «Huésped, he oido hablar mucho 
de tu sabiduría, seque has viajado mu- 
cho : pero ¿ has visto algún hombre ves- 
tido con mas magnificencia que yo ? ?> 
Solon le respondió : « Los faisanes , los 
gallos y los pavos reales están mejor ves- 
tidos que tú , pues todas sus galas son 
naturales y no tienen que tomarse el tra- 
bajo de vestirse. » Esta respuesta ines- 
perada sorprendió al rey, el cual mandó 
que le enseñasen todos sus tesoros. Des- 
pués le mandó llamar y le dijo : « ¿Has 
visto algún bombee mas feliz que yo ? 
Si , respondió el filósofo : Telo , que lia 
sido hombre de bien y ba vivido en una 
república bien gobernada. Ha dejado dos 
Lijos muy apreciados en Atenas , con un 
caudal suficiente para que sean bien edu- 
cados y ba tenido la dicha de morir con 
las armas en la mano , ganando una vic- 
toria contra los enemigos de su patria. 
Los Atenienses le han alzado un sepulcro 
en el mismo sitio en que perdió la vida y 
le han tributado los mas altos honores, » 


S O L O N. 35 

Creso quedó no menos admirado que ai 
oir la primera respuesta y no pudo menos 
de creer que Solon era un insensato. 
« Pues bien, le dijo, después de Telo 
¿ cual es el mas dichoso de los hombres i* ’> 
Solon respondió : « Hubo en otro tiempo 
dos hermanos llamados Cleobis y Biton. 
Eran tan robustos que siempre salían vic- 
toriosos en toda clase de combates. Se 
querían entrañablemente. Su madre , que 
era sacerdotisa de Juno y á quien ellos 
amaban mucho , tenia que ir un día de 
fiesta á hacer un sacrificio al templo. 
Tardaron mucho en traer los bueyes , y 
los dos hijos tiraron del carro y la lle- 
varon al sitio á que debía ir. Todo el 
pueblo los colmó de bendiciones. La ma- 
dre , llena de alegría , pidió á Juno que 
les enviase lo que mas les conviniese. Des- 
pués de haber hecho el sacrificio y de 
haber comido muy bien fueron á acostarse 
y los dos murieron en la misma noche. » 
Creso entonces se puso muy colérico. « ¡Y 
que ! le dijo. ¿ No me colocas en el 
número de los hombres dichosos ? ¡ O 
rey de los Lidios ! respondió Solon : tú 
posees grandes riquezas , eres dueño de 


36 SOLON, 

muchas naciones; pei’o la vida está ex- 
puesta á tantas mudanzas , que no se puede 
hablar de la felicidad de un hombre , Ín- 
terin no llega al fin de su carrera. EL 
tiempo promueve cada dia nuevos acci- 
dentes que no se esperaban. No cantemos 
pues la victoria antes que termine el 
combate. » Creso se disgustó mucho ; 
despidió á Solon y no quiso volverle 
á ver. 

Esopo , que se hallaba entonces en Sar- 
dis , adonde había venido de orden de 
Creso para divertirle , sintió mucho la 
mala acogida que aquel monarca había 
hecho á un hombre tan distinguido. « ¡ O 
Solon ! le dijo. No conviene acercarse á 
los príncipes , sino es para decirles lo 
que les es agradable. Al contrario , res- 
pondió Solon , no conviene acercarse á 
los príncipes sino para aconsejarles lo 
mejor y para decirles siempre la verdad. » 

Ciro tenía en una cárcel á Astiages su 
abuelo materno y le habia despojado de 
sus estados. Creso abrazó la defensa de 
este anciano y declaró la guerra á Ciro. 
Como tenia riquezas inmensas y se veia 
á la cabeza de una nación que se reputaba 


SOLON. 37 

la mas belicosa del mundo , ereia que 
nada le era imposible. Por desgracia fué 
derrotado y se retiró á Sardis donde lúe 
sitiado y hecho prisionero después de 
catorce dias de resistencia. Fué presen- 
tado á Ciro , el cual le mandó poner 
cadenas , y colocarle en lo alto de una 
pira , atado con catorce niños Lidios y 
allí debía morir en las llamas á vista de 
Ciro y de todos los Persas. Cuando iban 
á dar fuego á la leña , Creso , en aquel 
deplorable estado , se acordó de las úl- 
timas expresiones de Solon , y exclamó 
suspirando : « ¡ O Solon , Solon , Solon ! » 
Estas voces sorprendieron á Ciro , en tales 
términos que le mandó á preguntar si 
estaba implorando alguna divinidad en 
su infortunio. Creso no respondió , pero 
habiéndole mandado que se explicase , 
dijo con la mayor amargura : « ¡ A ! 
Acabo de nombrar á un hombre que los 
reyes deberían tener siempre á su lado , 
y cuya conversación deberia serles mas 
preciosa que los mas abundantes y ma- 
gníficos tesoros. » Le instaron para que 
se explicase mas. « Es un sabio de la 
Grecia, dijo, que mandé llamar en cierta 



38 SOLON, 

ocasión para que admirase mi prosperi- 
dad , y me dijo con la mayor frialdad , 
como si todo mi esplendor no fuese mas 
que una vanidad necia , que aguardase 
al fin de mi vida y que no me jactase 
de una dicha expuesta á tantas mudan- 
zas. » Mientras Creso estaba hablando , 
el fuego ardia ya en lo bajo de la hoguera 
y las llamas empezaban á subir. Ciro 
tuvo compasión. El estado deplorable de 
un príncipe que había sido tan poderoso ; 
le hizo entrar en sí. Temió que le so- 
breviniese igual desgracia ; mandó apagar 
el fuego y quitar á Creso las cadenas. 
Después le colmó de honores y se sirvió 
de sus consejos en los asuntos mas arduos. 

Solon , después de haber salido de la 
Corte de Creso , pasó á Cilicia , adonde 
edificó una ciudad , á que dio el nombre 
de Solos. Habiendo sabido que Pisistrato 
continuaba ejerciendo el poder absoluto 
y que los Atenienses se arrepentían de 
no haberse opuesto á su usurpación 7 les 
escribió en estos términos : « Hacéis mal 
en acusar á los Dioses , como autores de 
vuestra mala fortuna. Si ahora sois des- 
graciados t quejaos á vuestra ligereza j 


SOLON. 3y 

á vuestra locura, en no haber querido 
creer á los hombres bien intencionados , 
y en haberos dejado sorprender poi las 
buenas razones y por las astucias de un 
hombre que solo quería engañaros. Las 
guardias que le habéis permitido tomar , 
os guardarán, en la esclavitud durante toda 
la vida. » 

Periandro , tirano de Corinto , instruyó 
á Solon del estado de sus negocios y le 
pidió consejo. Solon le respondió : « Me 
escribes que hay muchos que conspiran 
contra tí. Aun cuando te deshicieses de 
todos tus enemigos dándoles muerte , no 
ganarias mucho. Aquellos á quienes me- 
nos sospechas, te prepararán acechanzas; 
uno por temor de que le persigas, otro 
por odio á tu desconfianza , otro , enfin , 
porque creerá hacer un gran servicio á 
tu patria , dándote muerte. El mejor par- 
tido que puedes tomar es renunciar en- 
teramente á la tiranía. Si no puedes re- 
solverte á ello llama tropas extrangeras 
para que tengan sujeto el país afin de 
no temer á nadie ni verte en la precisión 
de imponer nuevos castigos. » 

Solon pasó á Chipre y se hizo amigo 


4o SOLON . 

de Filocipro , príncipe de Depxa. La 
ciudad estaba edificada en un terreno 
estéril. Solon aconsejó á Filocipro que 
edificase otra en mejor sitio. Aprobada 
esta idea por el príncipe , Solon mismo 
designó un llano fértilísimo y dirigió 
todos los trabajos de la empresa que 
salió á medida de sus deseos. Filocipro 
en señal de su gratitud dió á la nueva 
ciudad el nombre de Soles. 

Solon no fue nunca enemigo del pla- 
cer. Gustaba de la buena mesa , de la 
miisica y de todo lo que podia contri- 
buir á hacer agradable la vida. No apro- 
baba las representaciones y espectáculos 
póblicos en que no habia mas que fá- 
bulas y ficciones. Creía que estas cosas 
eran perniciosas á la república y que 
podia» traer consigo muchos inconve- 
nientes. Cuando estaba gozando del mayor 
crédito en Atenas , Tespis empezó á re- 
presentar las tragedias que el mismo 
habia compuesto. La novedad de este 
invento agradó sobremanera á los Ate- 
nienses. Solon que gustaba de divertirse 
asistió un dia á este espectáculo. Con- 
cluida que íué la representación , llamó 


SOLON. 4* 

á Tespis y le dijo : « ¿ No tienes ver- 
güenza de mentir en público ? No bay 
mal en ello , respondió Tespis , pues 
solo és por diversión. Si , continuo So- 
Ion seriamente enfadado , peí o si se 
aprueban estas mentiras porque divier- 
ten , pronto las veremos en los actos 
públicos y en los negocios mas graves. » 
Mucho tiempo después cuando Pisistrato 
se presentó en la plaza publica cubicito 
de sangre , Soion aludiendo á las re- 
presentaciones dramáticas exclamó: «He 
aquí el origen funesto de todas esas 
imposturas. » 

Algunos atribuyen á Solon la funda- 
ción del Areopago , consejo que se com- 
ponía de los que habían desempeñado 
todos los cargos públicos del Estado. Un 
día le preguntaron cual era la nación 
mas culta : « Aquella , respondió , en 

que el hombre que no ha sido ultra- 
jado , persigue con tanto calor al que 
ha injuriado á otro , como si el mismo 
hubiera recibido la injuria. » Al fin de 
sus dias había empezado un poema so- 
bre la noticia que había tenido en Egipto 
de la existencia de una isla Atlantida t 


p SOLON. 

situada , según se decía , mas allá del 
océano conocido. Murió en Chipi’e antes 
de haber concluido esta obra , en la 
olimpiada 55 á los ochenta y cuatro años 
de su edad. Mandó que sus huesos fué- 
sen llevados á Salamina , que se que- 
masen allí y que se esparciesen las cenizas 
por el campo. Los Atenienses después de 
su muerte le consagráron una estatua , 
en que estaba representado en trage de 
príncipe del pueblo , con el libro de sus 
leyes en la mano. Los habitantes de Sa- 
lamina le erigieron otra que le repre- 
sentaba en trage de orador , hablando al 
público y ocultas las manos en Jos plie- 
gues de la ropa. 


PITACO. 


43 


UUW'VHwutumwmuyvmwwutmvwnnw'» 

PITACO. 

Florecía en la Olimpiada l^n.. Murió el 3 año de 
la 5a de edad de setenta años. 

Pitaco, Lijo de II irradio , procedente de 
una familia de Tracia , nació en Mitilene , 
ciudad pequeña de la isla de Lesbos , en 
la olimpiada 29. Fue en su juventud muy 
emprendedor , valiente soldado , gran ca- 
pitán y siempre buen ciudadano. Obser- 
vaba la máxima de que es preciso aco- 
modarse al tiempo y aprovecharla ocasión. 

Su primera empresa fue ligarse con 
el hermano de Alceo , contra el tirano 
Melancro , que había usurpado la sobe- 
ranía de la isla de Lesbos. Melancro fue 
derrotado y Pitaco adquirió gran fama 
de valiente. Los pueblos de Mitilene y 
de Atenas estaban en guerra , mucho 
tiempo hacia , sobre la posesión de un 
territorio llamado Aquiiitides. Los habi- 
tantes de Mitilene dieron á Pitaco el 
mando de sus tropas. Cuando los dos ejér- 
citos estaban uno enfrente de otro y 
próximos á combatir, Pitaco propuso un 


44 PITACO. 

combate particular que terminase - toda 
la reyerta , y para ella , desafió á Frinon, 
general de los Atenienses que siempre ha- 
lda salido victorioso en toda especie de 
combate , y que liabia sido coronado mu- 
chas veces en los juegos olímpicos. Fri- 
non convino en pelear y ambas partes 
quedaron de acuerdo en que el vencedor 
seria dueño del territorio que había dado 
margen á la disputa. Los dos generales 
se presentaron solos delante de los dos 
ejércitos. Pitaco había ocultado una red 
debajo de su escudo y aprovechándose 
diestramente de los movimientos de Fri- 
non , le envolvió en ella, diciendo : « No 
he cogido un hombre sino un pez. » Pi- 
taco mato á su enemigo á vista de los 
dos ejércitos y quedó dueño del territorio. 

Los años templaron el ardor de Pi- 
taco y poco á poco empezó á saborear 
la dulzura de la filosofía. Los de Mitilene 
que le respetaban sobre manera , le die- 
ron la soberanía de la ciudad. Adoctri- 
nado por una larga y penosa experien- 
cia , miró con serenidad las vicisitudes 
de la fortuna. Después de haber estable- 
cido el orden de la república, hizo d«- 


PITACO. 0 

Elisión de la alta dignidad que se le había 
conferido y que había estado ejerciendo 
por el espacio de doce años y se retiró 
enteramente de los negocios. 

Pitaco miró con desprecio las riquezas 
después de haberlas deseado con ansia. 
Los de Mitilene en consideración á los 
grandes servicios que les había hefcho , 
le ofrecieron un hermoso terreno , cu- 
bierto de arroyos , de bosques y viñas 
y cuyos productos bastaban para que 
hubiese vivido con el mayor esplendor 
en su retiro. Pitaco tomó su dardo , lo 
disparó con toda su fuerza , y se contentó 
con un terreno igual al cuadro del es- 
pacio que el dardo había transcurrido. 
Los magistrados sorprendidos al ver tanta 
moderación , le suplicaron que explicase 
los motivos que tenia. Él se contentó con 
responderles « que una parte valia mas 
que el todo. » 

Creso le escribió convidándole á ver 
sus riquezas. Pitaco le respondió : « Veo 
que deseas enseñarme tus tesoros. Sin 
haberlos visto estoy convencido de que 
el hijo de Aliates es el mas poderoso de 
los rey.es : mas yo no seria mas rico de lo 


4S PITACO, 

que soy teniendo todo lo que posee». De 
liada necesito : me contento con poco , 
es decir, con lo necesario para vivir yo 
y algunos amigos. Sin embargo iré a verte 
para darte gusto. » 

Creso después de haber subyugado los 
Griegos del Asia , resolvió equipar una 
escuadra para apoderarse de las islas. 
Pitaco pasó entonces á Sardis. Creso le 
preguntó si había algo de nuevo en Gre- 
cia : « Príncipe , le respondió el filósofo , 
los insulares han comprado diez mil ca- 
ballos. Van á hacerte la guerra y á ata- 
carte en Sardis. ¡ Ojalá , dijo Creso , 
que los insulares ataquen á los Lidios , 
Con caballería ! Parece, continuó Pitaco, 
que deseas que los Griegos de las islas te 
ataquen á caballo y en tierra firme ; y 
tienes razón. Pero ; no crees que se reirán 
de tu armada naval ? Lo que mas desean 
ellos es pelear en la mar con los Lidios , 
aunque no sea mas que para vengar los 
Griegos que has sacrificado. » Creso se 
imaginó que Pitaco estaba enterado de 
sus designios ; renunció á ellos y hizo 
alianza con los Griegos insulares. 

Pitaco era de un aspecto desagradable. 


pitaco. 4'y 

Tema siempre los ojos malos ; era muy 
grueso y desaliñado y andaba con mucim 
incomodidad por causa de unos dolores que 
padecía en los pies. Se había casado con 
la hija del legislador Dracon , muger 
orguilosa é insolente , que despreciaba á 
su marido por su fealdad y que tema la 
mas alta idea de su prosapia. Un dia Pi- 
taco habia convidado á comer á alguno* 
filósofos amigos suyos. Cuando todo es- 
tuvo dispuesto , su muger echo á rodar 
la mesa con todo lo que tenia encima. 
Pitaco , sin alterarse , dijo á los convi- 
dados : « Está loca : es menester compa- 
decerla.» Esta continua discordia en que 
estaba con su muger le había inspirado 
mucha aversión á los casamientos des- 
proporcionados. Un dia vino á consul- 
tarle un hombre que tenia á su dispo- 
sición dos mugeres , una de su misma 
condición , otra muy superior á él po* 
su genealogía y por su riqueza , y de- 
seaba saber á cual de ellas debería dar 
la mano de esposo. Pitaco alzó el bastón 
en que estaba apoyado : « Anda , le dijo , 
á la calle donde los muchachos se juntan 
á jugar. Ellos podrán aconsejarte sobre 


48 PITACO, 

lo que me preguntas. » El hombre fue 
en efecto, y vio que los muchachos se 
decían unos á otros : « Escoge tu igual.» 
Entendió el consejo y renunció á la novia 
que le era superior. 

Pitaco era tan sobrio que solo bebía 
agua de la fuente , aunque en Mitilene 
abundaban los vinos mas delicados. Acon- 
sejó en secreto á Periandro que se abstu- 
viese del uso del vino, si quería salir bien 
en su designio de hacerse dueño ele Co- 
rinto , y conservarse en la autoridad su- 
prema. 

Mandó que el que cometiese alguna 
, falta en estado de embriaguez fuese do- 
blemente castigado. Decia que la necesi- 
dad tenia tanta fuerza que los Dioses mis- 
mos tenían que obedecer á sus leyes ; 
que el hombre daba á conocer la exten- 
sión de su espíritu en el manejo de las 
cosas publicas ; que los sabios debían 
prever las desgracias que podrían sobre- 
venirles afin de poder evitarlas , y que 
los hombres de ánimo debían sufrirlas 
con resignación cuando venían ; que era 
muy difícil ser hombre de bien ; que 
lo mejor que el hombre podía hacer era 


PITACO 


49 


aplicarse á hacer bien lo que actualmente 
estaba haciendo ; que para lograr buen 
éxito en todo , es necesario emplear mu- 
cho tiempo en pensar y muy poco en. 
obrar lo ya pensado y resuelto ; que la 
victoria mas apreciable es la que se logra 
sin derramar sangre , y que para que un 
imperio esté bien gobernado se necesita 
que el rey y todos los que mandan obe- 
dcscan á las leyes , tan ciegamente como 
el mas humilde de los ciudadanos. 

Cuando tengáis algún proyecto decía 
•á sus discípulos , no os vanagloriéis de 
el : porque os liarán burla los que os 
oyen si no lo lleváis á efecto. No eclieis 
á nadie en cara la mala fortuna , no sea 
que os reconvengan también si llegáis á 
ser desgraciados. No habléis mal de na- 
die , ni aun de vuestros enemigos. Con- 
servad vuestros amigos , y vivid con ellos 
con tanta reserva como si con el tiempo 
debieran ser vuestros contrarios. Amad 
la castidad , sed frugales y no digáis ja- 
mas una mentira. Respetad a los Dioses. 
Devolved fielmente el depósito que os 
haya sido confiado y no reveleis jamas un 
secreto. 





C 




5o 


PITACO. 


En irnos versos que compuso , eli jo que 
era preciso tomar el arco y las flechas 
y salir á matar al hombre malo donde 
quiera que se le encontrase , porque su 
corazón era doble y sus labios no profe- 
rían nada que pudiese inspirar confianza 
al hombre de bien. 

Creso le envió á su retiro una gran 
suma de dinero. Pitaco no quiso aceptarla, 
y respondió que poseía mas de lo que ne- 
cesitaba. Sus respuestas eran por lo co- 
mún prontas y agudas. Jamas se detuvo 
en responder , cualquiera que fuese la 
pregunta que se le dirigía. Preguntáronle 
¿ cual era la cosa mas mudable ? « El 
curso de las aguas , respondió , y el co- 
razón de la muger . » ¿ Que es lo que el 
hombre debía hacer lo mas tarde que le 
fuese posible? «Pedir dinero prestado á 
su amigo. i> ¿ Que es lo que debía hacerse 
siempre y donde quiera ? « Aprovecharse 
del bien y del mal que sobrevengan. » 

¿ Que cosa es la mas agradable ? « El 
tiempo. » ¿ Cual la mas oculta? « El por- 
venir. » ¿ Cual la mas fiel ? « La tierra. » 

¿ Cual la mas infiel ? « La mar. » 

F ocaico le dijo que necesitaba un hombre 


Si 


PITACO, 
de bien para confiarle un asunto de im- 
portancia. « Búscalo , le respondió , y 
no lo encontrarás. » 

Tirreo, liijo de Pitaco , estaba un dia 
en Cumas , en la tienda de un barbero , 
donde los jóvenes solian juntarse para 
.hablar de noticias. Un jornalero, arrojó 
un aradon , el cual cavó por casualidad 
sobre Tirreo y le partió la cabeza. Los 
de Cumas se apoderaron del jornalero y 
le condenaron á muerte. Pitaco , enterado 
de todas las circunstancias del suceso , 
declaró inocente al acusado , diciendo 
que una falta cometida sin intención me- 
rece ser perdonada , y que el que la 
venga se bace culpable , castigando in- 
justamente á un inocente. 

Pitaco solia divertirse en componer ver- 
sos. Asi escribió sus leyes y algunas 
otras obras. Acostumbraba ejercitarse en 
moler trigo con un molino de mano. 
Fue maestro de Ferecides, colocado por 
algunos entre los sabios de Grecia y cuyo 
fin fue muy extraordinario. 

Dicen que un dia cuando la guerra 
estaba mas encendida que nunca entre 
los de Efeso y los de Magnesia, Ferecides 


5s PITACO, 

que defendía á los primeros encontró á 
un hombre en el camino. Preguntóle de 
donde era , y cuando supo que era de 
Efeso , le dijo : « Arrástrame por los 
pies al pais de los Magnesios y ve al ins- 
tante á Efeso á referir el modo con que 
he querido que me trates. Diles que no 
tarden en enterrarme si salen victoriosos. » 
El hombre desempeñó puntualmente tan 
singular encargo. Cuando los de Efeso 
supieron esta noticia , se llenaron de es- 
peranza. Dieron la batalla al día siguiente 
y ganaron una victoria decisiva. Buscaron 
en seguida el cadáver de Ferecides y le 
enterraron con gran solemnidad» 

Pitaco murió en la isla de Leshos de 
edad de mas de setenta años , en la olim- 
piada £2. 


BIAS. 


53 


VAmwm%wvu>.viwvuv\W‘i'WW" wuww1 ' 

BIAS. 

Contemporáneo de Pitaco ; floreció en tiempo 
que Haliates y después Creso reinaban en 
Lidia. 

JJ i as de Priene , pequeña ciudad de 
Caria , gozó de gran reputación en Gre- 
cia , en tiempo de Haliates y de Creso , 
rey de Lidia , desde la olimpiada cua- 
renta hasta su muerte. Era un excelente 
ciudadano , muy desinteresado , político 
diestro y hombre de bien. Vivia con 
mucha sencillez * aunque había nacido 
muy rico. Gastaba todo su caudal en 
socorrer á los que lo necesitaban ; pasaba 
por el orador mas elocuente de su tiempo; 
empleaba su talento en defender á los 
pobres y á los afligidos , sin querer otra 
utilidad que. la gloria de haber servido 
á su patria. Nunca defendió causa que 
no creyese muy justa , lo cual era ya una 
especie de proverbio en el país , pues 
cuando querían dar á entender que una 
causa era muy buena , decían : « BiaS 
podrá defenderla. » Y cuando querían 


U UTAS, 

hacer el mayor elogio posible de un ora- 
dor decían : <y Mejor saldrá que Bias. » 
Desembarcaron un día unos piratas 
cerca de Mesen a en el Peloponeso , y 
tomaron por fuerza algunas doncellas que 
fueron á vender á Priene. Bias las com- 
pro ^ las llevó á su casa y las cuidó como 
¿ sus propias hijas. Les hizo muchos re- 
galos y las devolvió á sus padres. Esta 
generosa acción le dió tanta fama , que 
muchas gentes le llamaban el principe 
de los sabios. 

Algún tiempo después los pescadores 
de Mesenas encontraron en el vientre de 
un pescado, un vaso de oro con esta 
inscripción : yíl mas sabio. El senado se 
reunió para determinar lo que debía ha- 
cerse. Las doncellas que Blas bahía tra- 
tado con tanta humanidad , se presentaron 
en compañía de sus padres , al senado 
y gritaron a la vez , que nadie era mas 
sabio que Bias. El senado le envió el vaso. 
Bias lo estuvo examinando y habiendo, 
leido la inscripción , no quiso aceptarlo , 
y dijo que aquel título solo correspondía 
á Apolo. 

Hay quien dice que este vaso no es otra 


Bí AS. 55 

Cosa que !a trípode de que se lia hablado 
en la vida de Tales , y que aquella his- 
toria no tiene otro fundamento sino el 
haber sido enviada la trípode á Bias, 
después, de otros filósofos. Otros dicen 
que Bias fue el primero á quien se pre- 
sentó. 

Haliates rey de Lidia , después de ha- 
ber arruinado muchas ciudades de la 
Grecia asiática fue á poner sitio á Priene. 
Bias era entonces el primer magistrado 
de la ciudad , y resistió vigorosamente 
durante largo tiempo. Mas como Haliates 
se obstinaba en llevar adelante su empresa, 
y como la ciudad ademas padecia mucho 
por la escasez de víveres , Bias mandó 
cebar dos mulos y los echó al campo 
enemigo , como si se hubieran escapado 
de la ciudad. Haliates sorprendido de ver 
aquellos animales en tal estado , temió 
que le seria difícil reducir la ciudad por 
hambre. Halló un pretexto para enviar 
allí un hombre , mandándole que se in- 
formase de su situación. Bias penetró el 
\designio de Haliates. Mandó hacer grandes 
montones de arena y cubrirlos de harina , 
de modo que el emisario creyó que los 


56 B I A 5. 

víveres abundaban. Haliates engañado con 
este artificio , determinó alzar el sitio } 
dejó á los de Priene en paz é hizo alianza 
con ellos. Después tuvo la curiosidad de 
ver á Bias y íe mandó á decir que viniese 
á hacerle una visita en su campamento. 
Bias respondió á sus emisarios : « Decidle 
al rey que vivo aquí y que le mando 
que coma cebollas y llore todo el resto 
de sus días. » 

Bias gustaba de la poesía. Compuso mas 
de dos mil versos llenos de preceptos de 
moral sobre el modo de vivir feliz y de 
gobernar acertadamente la república en 
paz y en guerra. Decia comunmente : 
# Procurad ser agradable á todo el mundo. 
Si íO conseguís hallareis mil satisfacciones 
en el curso de la vida. La ostentación y 
el desprecio con que miramos á los hom- 
bres , no ha producido nunca mas que 
males y disputas. » 

* Amad á vuestros amigos con cautela s 
solia decir ; pensad que pueden ser vues- 
tros enemigos. Aborreced á vuestros ene- 
migos con moderación ; porque no es im- 
posible que sean vuestros amigos. Escoged 
con el mayor esmero aquellos á quienes 


BIAS. 57 

hayais de dar este título. Amadlos con 
igualdad , pero distinguid el grado de 
mérito que cada uno posee. Imitad á 
vuestros amigos , si es honorífico darles 
semejante nombre , y creed que su vir- 
tud contribuirá en gran manera á vuestra 
reputación. No os deis priesa á hablar , 
que es señal de locura. Procurad adqui- 
rir sabiduría en la juventud , para que 
os sirva de consuelo en la ancianidad. 
Esta es la mejor adquisición que podáis 
hacer ; la vínica cuya posesión es segura 
y que no os podrá ser arrebatada. La 
cólera y la precipitación son los mayores 
enemigos de la prudencia. Los hombres 
de bien escasean ; no asi los necios y los 
malvados. No dejeis de cumplir todo lo 
que habéis prometido. Hablad de los Dio- 
ses de un modo conveniente a su grandeza. 
Si hacéis alguna buena acción , dadles 
gracias. No seáis importunos : es mucho 
mejor que os obliguen á recibir que el 
obligar á los otros á dar. Nada empren- 
dáis temerariamente : pero ejecutad con 
vigor lo que hayais emprendido. No ala- 
béis á un hombre por sus riquezas , si no 
merece poseerlas. Vivid como si á cada 


B8 Bí AS. 

instante debierais morir , y como sí de— 
biérais permanecer largo tiempo en la 
tierra. La salud vigorosa es un don de 
la naturaleza. Las riquezas son hijas del 
acaso : pero la sabiduría es quien única- 
mente pone al hombre en estado de dar 
buenos consejos á su patria. El deseo de 
las cosas imposibles es enfermedad del 
alma. » 

Preguntáronle un día : Que es lo que 
lisonjea mas á los hombres? Y respondió: 
« La esperanza » ¿ Que es lo que mas 
gusta? tí La ganancia.» ¿Que es lo que 
con mas dificultad se sobrelleva ? «La pér- 
dida de la riqueza. » 

Decía que no hay hombre mas desgra- 
ciado que el que no sabe sufrir la des- 
gracia. Hallábase un día en un barco 
con algunos impíos. De repente se levantó 
una borrasca tan furiosa , que el barco 
estuvo próximo á perecer. Los impíos 
asustados , invocaban á los Dioses, tí Ca- 
llad, les dijo Bias; si los Dioses saben 
que estáis aquí , somos perdidos. » 

Un impío le preguntó que especie de 
culto debía tributarse á los Dioses. Bias 
no le respondió. El impío instó y le rogó 


El AS. 5a 

le dijese la causa de su silencio. Gallo , 
le respondió Bias , porque nada tienes tú 
que ver con lo que me preguntas. ¡> 

Decía que gustaba mas de juzgar una 
disputa entre dos enemigos suyos, que 
entre dos de sus amigos , porque era 
preciso reñir con el amigo que sale con- 
denado , y es muy factible reconciliarse 
con el enemigo en cuyo favor se ha 
resuelto. 

Un dia se vio en la precisión de ser juez 
en la cansa de uno de sus amigos, que de- 
bía ser condenado á muerte. Antes de pro- 
nunciar la sentencia se ecbó á lloraren 
medio del Senado. « ¿ Porque lloras ? le 
dijeron ; en tu mano tienes salvar al reo 
si quieres. Lloro , respondió Bias , porque 
la naturaleza me manda tener compasión 
del desgraciado , y la ley me prohíbe dar 
©idos á la voz de la naturaleza. » 

Blas no liabia colocado jamas en el nú- 
mero de los bienes reales , los que depen- 
den de la fortuna. Creia que las riquezas 
son unas diversiones sin las cuales se puede 
vivir fácilmente y que por lo común solo 
sirven á separar al hombre del camino de 
la virtud. 


6o 


BIAS. 


Hallóse , por casualidad , en Priene , su 
patria, cuando la toma y saqueo de aquella 
infeliz ciudad. Los ciudadanos huían , lle- 
vando cada cual lo que podía ; Bias fue el 
fínico que estuvo quieto en medio de aquel 
trastorno; sin moverse, y como si fuera 
insensible á las desgracias de su patria. 
Preguntáronle porque no trataba de salvar 
alguna cosa , como los otros liacian. « Asi 
lo hago , respondió , pues llevo conmigo 
todo lo que poseo. » 

La acción que terminó la vida de Bias , 
no fue menos ilustre que toda ella. Se ha- 
bía hecho llevar al Senado , donde defen- 
dió los intereses de uno de sus amigos , 
con mucho zelo. Como era ya de una edad 
muy avanzada , se sintió cansado en de- 
masía , y apoyó la cabeza en el pecho de 
uno de sus nietos que le habia acompa- 
ñado. Cuando el orador de la parte con- 
traria hubo terminado su discurso , los 
jueces prouunciáron en favor de Blas , 
que inmediatamente espiró en brazos de 
su nieto. 

Los habitantes le hicie'ron magníficos 
funerales , y demonstraron el gran senti- 
miento que semejante pérdida les ocasio» 


BIAS. 6x 

Bata. Erigiéronle Un soberbio sepulcro t 
en que se leia el siguiente epitafio : 

« Priene ha sido ia patria cíe Bias, que 
» fué en otro tiempo la honra de toda la 
» Ionia y que tenido pensamientos mas altos 
» que todos los demas filósofos. » 

Su memoria fué tan venerada en lo su- 
cesivo , que sus compatriotas le alzáron 
un templo y le tributaban honores ex- 
traordinarios. 

PERIANDRO. 

Tirano de Corínto, contemporáneo de los filó- 
sofos que preceden. No se sabe exactamente 
el año de su nacimiento, ni el de su muerte. 

Es muy extraño que los griegos hayan 
dado el título de Sabio á un loco como 
Periandro. Sin duda solo han tenido en 
consideración sus máximas , sin hacer 
caso del desarreglo de su vida. Habló 
siempre como sabio y vivió como fre~» 
nético. Durante mucho tiempo . tuvo un 
comercio infame con Cratea , su madre. 
Un día hizo voto de erigir una estatua 


C>2 PE!U ANDRO, 

de oro en honor de Jiípiter , si salía vic- 
torioso en los juegos olímpicos : en efecto, 
en los primeros juegos que se celebráron , 
fué vencedor : mas no teniendo dinero 
para realizar su voto , hizo despojar de 
sus alhajas á las señoras que se habían 
adornado magníficamente para asistir á 
una fiesta, y de este modo tuvo todo lo 
que le era necesario. 

Periandro era hijo de Cipseles , déla 
familia de los Heraclides , y ejercía la 
tiranía en Corarlo , ciudad de su naci- 
miento , bajo el reinado de Haliates , rey 
de Libia. Se había casado con Lisis , hija 
del príncipe de Epidauro , se le mostró 
siempre muy apasionado y le mudó el 
nombre de Lisis , llamándola Melisa. Tuvo 
dos hijos de este matrimonio ; Cipseles , 
el mayor , parecía torpe y mentecato , 
pero Licofron , el menor , tuvo un genio 
elevado , y era muy capaz de gobernar 
un reino. 

Algunas mugeres interesadas dieron á 
Periandro sospechas sobre la conducta de 
su muger , que á la sazón estaba emba- 
razada. Periandro tuvo furiosos zeios. Un 
día la encontró subiendo una escalera 


FEílíÁNDRO. G3 

y le Rió con el pie tan fuerte golpe en 
el vientre que la echó á rociar y la mató , 
como también al hijo que llevaba en el 
seno. Después se arrepintió y para ven- 
garse de las acusadoras de su muger , las 
mandó arrojar á una hoguera. 

Cuando Procleo supo el modo con que 
su bija había sido tratada , mandó que 
le llevasen á sus dos nietos , á quienes 
amaba entrañablemente. Los tuvo algún 
tiempo en su poder para consolarse , J 
cuando los restituyó á su padre , los abrazó 
y les dijo : Hijos mios , ya conocéis al 
asesino de vuestra madre. El mayor no 
entendió lo que estas palabras querían 
decir , pero hicieron tanta impresión en 
el ánimo del menor , que cuando estuvo 
de vuelta á la casa paterna , no quiso 
hablar con su padre , ni responderle á 
las preguntas que le hizo. Entonces el 
padre examinó al mayor , Cipseles , para 
saber lo que el abuelo les había dicho , 
mas Cipseles que no tenia buena memo- 
ria , le contó solo que los había tratado 
muy bien. Esta respuesta no satisfizo á 
Periandro , el cual sospechaba otra cosa. 
Tantó le instó, que Cipseles, por fin , 


64 PER! ANDRO. 

se acordó de las últimas palabras que el 
abuelo les había dirigido al separarse , 
y se las refirió al padre. Periandro co- 
noció entonces las intenciones de Pro- 
cleo , y determinó vengarse de Licofron , 
su hijo menor , obligándole á tener que 
implorar su misericordia. Para esto mandó 
á las personas que le habían dado alo- 
jamiento que le arrojasen de el , y Lico- 
fron se presentó pidiendo asilo en otras 
muchas casas , mas nadie quería admitirle, 
temiendo las amenazas del padre. En- 
contró , por fin , algunos amigos que se 
compadecieron de su suerte , y que , aven- 
turándose á las resultas , le dieron una 
habitación. Periandro entonces , publicó 
un bando imponiendo la pena de muerte 
á todo el que acogiese ó dirigiese la pa- 
labra á su bijo. El temor de tan riguroso 
castigo llenó de espanto á los Corintios , 
nadie se atrevía á acercársele ; todos le 
miraban con terror , de modo que el 
desgraciado mancebo , pasaba las noches 
en los pórticos de la ciudad. Cuatro dias 
después , Periandro , que le vio medio 
muerto de hambre y de miseria , tuvo 
compasión de el y le dijo : « O Licofron : 


PE RI ANDRO, 6 § 

¿ cual suerte es mas apetecible , pasar 
una vida tan desgraciada como la tuja , 
ó ser dueño de mi poder j de mis tesoros ? 
Tú eres mi hijo , y príncipe de la flore- 
ciente ciudad de Corinto. El suceso que 
te ha exasperado tanto contra mí , y de 
que yo be sido la causa , me lia sido 
muy sensible. Pero tus desgracias son obra 
de tus manos , pues te las has ocasionado , 
irritando á quien debías obedecer. Ahora 
que conoces los efectos de tu obstinación 
contra tu padre, te permito que vuelvas 
á casa. » Licofron, insensible como una 
piedra á las expresiones de su padre , le 
respondió con gran frialdad : « Tú me- 
reces la pena que has impuesto á los 
otros , puesto que me has dirigido la pa- 
labra. » Cuando Periandro vio que era 
imposible vencer la tenacidad de su hijo , 
tomó el partido de alejarle de su vista, 
y le desterró á Corcira , país que le 
estaba sometido. 

Periandro estaba muy irritado contra 
Procleo , á quien atribuía los disturbios 
que reinaban entre su hijo y el. Reunió 
tropas , se puso á su cabeza , y declaró 
la guerra á aquel príncipe. Esta empresa 


66 PERIANDRO. 

le salió tan bien como podía desear. Des- 
pués de haberse apoderado de Epidauro , 
hizo prisionero á Procleo , y le retuvo 
en su poder , sin quitarle la Y¡da. 

Algún tiempo después , Periandro , 
que empezaba á envejecer , mandó llamar 
á Licofron de su destierro , para abdicar 
el trono en su favor, pues su hijo mayor 
no parecía muy apto para el manejo de 
los negocios públicos. Licofron no quiso 
dar respuesta alguna al mensagero que 
le llevó la noticia- Periandro, que amaba 
tiernamente á su hijo, no desmayó. Mandó 
á su hija á Corcira , creyendo que ten- 
dría bastante influjo en su hermano , 
para reducirle á aceptar el poder. La 
princesa empleó , en efecto , todos los 
recursos de su zelo y de su cariño afín 
de vencer su tenacidad. « ¿ Quieres , le 
decía , que un extrangero se apodere 
del cetro de Corinto ? El poder es como 
una muger inconstante , que tiene mu- 
chos adoradores. Nuestro padre es viejo 
y tiene un pie en la sepultura. Si no vienes 
pronto , cierto es que toda la familia va 
á quedar arruinada. No abandones pues 
á otros las grandezas que te esperan y 


PER I ANDRO. 67 

que tait legítimamente te pertenecen. » 
Licofron le respondió que no pondría 
jamas los pies en Gorinto , ínterin su 
padre residiese allí. La princesa, de vuelta 
á casa de su padre, le dio cuenta de la 
resolución de Licofron , y entonces Pe- 
riandro , envió otro mensage á su hijo , 
diciendole que viniese cuando quisiere á 
tomar posesión del reino , pues el estaba 
decidido á pasar el resto de sus dias en 
Corcha. Licofron consintió en ello , y 
ya uno y otro se disponían al viage , 
cuando los habitantes de Corcira , que 
no querían que Periandro viniese á vivir 
con ellos , dieron muerte á su hijo. Pe- 
riandro sintió amargamente esta desgra- 
cia , y para vengarse , mandó que tres- 
cientos niños de las primeras familias 
de Corcira fuesen enviados á Haliates , 
donde deberían castrarlos. El barco en 
que hacían el viage estos inocentes , tuvo 
que recalar a Sainos , cuyos habitantes 
tuvieron compasión de ellos , y les acon- 
sejaron en secreto que se acogiesen al 
templo de Diana. Entraron en el y los 
de Sainos no quisieron que los Corintios 
los sacasen bajo el pretexto de que la 


68 PERIANDKO. 

Diosa les daba su protección. Entretanto, 
halla ron medios de suministrarles víveres , 
sin declararse abiertamente enemigos de 
Per ¡andró. Enviaban todas las tardes á 
los jóvenes de Sainos , de ambos sexos, 
á bailar al rededor del templo , adonde 
echaban tortas, hechas con miel. Los niños 
de Lorcha las recogían y de ellas subsis- 
tían. Los Corintios se volvitíron á su pa- 
tria. Periandro se apesadumbró tanto por 
no poder vengar á su hijo como lo había 
proyectado , que resolvió quitarse la vida, 
pero , no queriendo que nadie supiese el 
paradero de su cadáver , imaginó el ar- 
bitrio siguiente : mandó venir dos jóvenes 
y les indicó un sendero poco frecuentado. 
Les mandó que se paseasen por el , la 
noche siguiente , que matasen al primero 
que pasase y que le enterrasen inmedia- 
tamente. Después llamó á otros cuatro , 
á quienes mandó que se paseasen por 
aquel mismo camino un poco mas tarde 
y que si encontraban dos jóvenes , les 
diesen muerte y los enterrasen. 

Después mandó llamar mayor número 
de jóvenes , y que matasen y enterrasen 
á los cuatro. Tomadas estas disposiciones , 


PE RIA ÑOR O. 69 

se presentó á la hora oportuna en el si- 
tio señalado y pereció a manos de los dos 
primeros ]óvenes. Los Corintios 7 que no 
pudieron hallar su cadáver , le alzaron 
un monumento sepulcral con una ins- 
cripción para honrar su memoria. 

Periandro fue el primer rey que salió 
escoltado con guardias , y el primero 
que mudó el nombre de magistrado en 
el de tirano. No permitía á toda clase 
de gentes vivir en la ciudad. Trasibnlo 
cuyos consejos solia seguir , le escribió 
en estos términos : « Nada he ocultado 
al mensagero que me envias. Le he lle- 
vado á un sembrado de trigo , y en su 
presencia he cortado todas las espigas 
que se alzaban sobre las otras. Sigue mi 
ejemplo , si quieres conservar el mando. 
Quita la vida á los principales habitantes 
de la ciudad , sean amigos , sean ene- 
migos , porque un usurpador debe des- 
confiar de aquellos que mas afecto le 
demuestran. » 

Periandro decía que nada se resiste al 
hombre , puesto que había hallado medio 
de romper un istmo ; que con la paciencia 
y el ingenio se logra todo ; que el hombre 


7 o PE RI AND IlO. 

no debe jamas proponerse las riquezas por 
recompensa de sus acciones; que los rejes 
no pueden tener guardias mas fieles que el 
afecto de los súbditos : que nada es tan 
«preciable como la tranquilidad ; que no 
solo debe ser castigado el que hace un mal , 
sino también el que tiene designio de ha- 
cerlo ; que los placeres son pasageros , y 
la gloiia eterna ; que el sabio debe ser mo- 
derado en la felicidad , y prudente en la 
desgracia , y que no la amistad debe ser 
eonstante á pesar de todas las vicisitudes 
de la suerte. 

Periandro amaba tí los sabios , y escri- 
bía á todos los de Grecia , convidándolos 
á pasar algunos dias en Corinto , como 
hacían en Sardis. Los recibía con mucho 
agrado , y hacia cuanto estaba en su po- 
der para contentarlos. 

Reinó cuarenta años , y murió en la 
Olimpiada 42. Algunos son de opinión que 
hubo dos Periandros y que después , los 
dichos y hechos de los dos , se han atri- 
buido á uno solo. 


QUILON. Ji 

nnmw\vvwwvv\vuv\v\w\uvwv«v\\wuwv\ 

QUILON. 

Era anciano en la Olimpiada 5a , y debe ser 
considerado como contemporáneo de Pitaco. 

Quilon florecía en Lacedemonia en la 
Olimpiada 5a. Era hombre firme y re- 
suelto, tan tranquilo é inturbable en la 
ventura como en la calamidad, \iviaie- 
tirado en su casa sin ambición , y creía 
que el tiempo mas mal empleado era el 
que se gastaba en largos viages. Su vida 
era un modelo perfecto de virtud. Prac- 
ticaba sinceramente todas las doctrinas 
que profesaba. Su silencio y su mode- 
ración eran admirables. La máxima que 
observaba en todas sus acciones era , que 
en los negocios de la vida , es preciso 
correr lentamente. Fué nombrado eforo, 
hacia la Olimpiada 55 , y aquella digni- 
dad equivalía entonces á la de rey. Su 
hermano , que aspiraba al mismo em- 
pleo , tuvo envidia de el , y se le mostró 
resentido. Quilon le respondió sin alte- 
rarse ; « Me han elegido , porque me ha» 


72 QUILON. 

creído mas capaz que tú de sufrir el 
daño que me hacen , sacándome de mi 
reposo, y obligándome á ser esclavo de 
los negocios agenos. » 

Creía que el arte de adivinar no era 
enteramente despreciable y que el hom- 
bre , con la fuerza de su entendimiento , 
puede conocer muchas cosas futuras. 

Un dia Hipócrates había hecho un sa- 
crificio , durante los juegos olímpicos. 
Cuando se pusieron las carnes de las víc- 
timas en calderas de agua fria , esta se 
calentó de repente , y empezó a hervir 
de modo que rebosaba de las calderas , 
sin que hubiese fuego debajo. Quilon , 
que estaba presente , consideró atenta- 
mente este prodigio. Aconsejó á Hipó- 
crates que no se casase , y que , si por 
desgracia , estaba ya casado , repudiase á 
su muger y matase á todos los hijos que 
de ella tuviese. Hipócrates se hurló de 
este consejo. Se casó y tuvo un hijo que 
después usurpó la soberanía de Atenas su 
patria y que se hizo famoso por su tiranía 
bajo el nombre de Plsistrato. 

En otra ocasión , después de haber exa- 
minado atentamente la cualidad delterreno 


QÜÍ.LON. j?, 

y la situación de la isla de Citeres , ex- 
clamó en presencia de muchos testigos : 
« ¡ Ojalá que esta isla no hubiese jamas 
existido, ó que la mar se la hubiese tra- 
gado , porque preveo que ella será la 
ruina del pueblo de Lacedemonia ! » Qui- 
lon no se engañó. Los Atenienses tomaron 
á Citeres pocos meses después, y de ella 
se sirvieron para hacer la guerra á Esparta. 

Decía frecuentemente que había tres 
cosas difíciles : guardar un seereto , su- 
frir las injurias y emplear bien el tiempo. 

El estilo de Quilon era breve y enér- 
gico. Era comunmente citado como un 
modelo de laconismo. 

Decía que es una debilidad amenazar y 
cosa propia de mugeres ; que la mayor 
sabiduría consistía en saber poner freno 
á la lengua , especialmente en un con- 
vite ; que no se debe hablar mal de na- 
die , porque de lo contrario , el hombre 
no hace mas que acarrearse enemigos y 
exponerse á oír amargas reconvenciones ; 
que se deben visitar á los amigos , mas 
bien cuando están en la desgracia que 
cuando son felices; que mas vale perder 
que ganar por medios injustos; «que el 

D 


74 QUILON. 

hombre valiente debe ser suave y hacerse 
mas bien amar que temer ; que la mejor 1 
política que debe observar un estado 
es enseñar á los ciudadanos á conducirse 
bien en sus familias ; que el oro y la 
plata se prueban con la piedra de toque r 
J el corazón del hombre con el oro y 
la plata ; que de todo se debe usar mo- 
deradamente , afin de que luego no sea 
tan sensible la privación; eníin , que el 
amor y el odio no duran siempre , y 
que el hombre debe amar como si de- 
biera aborrecer con el tiempo , y aborre- 
cer como si después tuviera que amar. 

Mandó poner en el templo de Apolo 
en Delfos , una inscripción en letras de 
oro , que decía : No deseemos lo que 
está fuera de nuestro alcance. El que 
responde por otro , pierde seguramente. 

Periandro hizo cuanto pudo para atra- 
erle á Corinto , con el objeto de con- 
sultarle sobre los medios de que podría 
echar mano para conservar la tiranía. 
Quilon le respondió : « Quieres que me 
entrometa en guerras y discordias , y 
que me deshierre de mi patria , como su 
estos sacrificios pudieran contribuir á te 


QUILON. 

seguridad. Sábete que no hay nada menos 
seguro que la grandeza de los reyes y que 
el mas feliz de todos los tiranos es aquel 
que tiene la dicha de morir en su cama. » 
Q nilón , conociendo que se aproximaba 
su fin , viéndose rodeado de sus amigos , 
les dijo : « Amigos , sabéis que be hecho 
y dicho mucho durante el largo espacio 
de mi vida. He examinado atentamente 
en lo interior de mi alma todo lo que 
be dicho y hecho y de nada de ello me 
tengo que arrepentir , sino es del lance 
siguiente, que someto á vuestra decisión , 
para saber si he obrado mal ó bien. Nom- 
brado con otros dos para juzgar á uno 
de mis mejores amigos , que , según el 
texto de la ley , debía ser condenado á 
muerte , para salir de tan amargo apuro , 
tomé el partido de poner en la urna , 
sin que mis compañeros lo supieran , la 
bola que manifiesta la sentencia fatal y 
antes que los otros votasen , les expuse 
tantas razones en favor de mi amigo , 
que no pudiéron menos de absolverle. 
Creía cumplir de este modo con las 
obligaciones de juez y de amigo , mas 
ahora siento un no sé que en la concien- 


76 CLEOBULO. 

cía y no estoy muy seguro de haber 

obrado rectamente. 

Quilon murió , en una edad avanzada , 
de resultas de la excesiva alegría que 
experimentó al abrazar á su hijo que 
había sido vencedor en los juegos olím- 
picos. 

Los Lacedemonios le alzaron una es- 
tatua después de su muerte. 

WWW V W W W' WW VVV WV X VV V. WlllXW'i 

CLEOBULO, 

Contemporáneo y casi de la misma edad que 
Solon ; es decir que vivió entre las olim- 
piadas 35 y 55. 

Cleobulo ha sido uno de los sabios de 
Grecia menos afamados , pero ha sido uno 
de los mas felices. Era hijo de Evagoras , 
descendiente de Hércules , y nació en 
Lindis , ciudad marítima de la isla de 
.Rodas , donde vivió bajo el reinado de 
Creso , rey de Lidia. 

Desde su infancia manifestó mucha sen- 
satez. Era de helio rostro , de buena talla 
y dotado de una fuerza extraordinaria» 


OLE OBU LO. 77 

Empleó la juventud en viajar por Egipto , 
para estudiar la filosofía , según era cos- 
tumbre en su tiempo. A su regreso , se 
casó con una muger muy virtuosa , y 
vivió en medio de su familia , gozando 
de inalterable tranquilidad. De esta unión 
nació la célebre Gleobulina , la cual con su 
aplicación constante y con las lecciones de 
su padre, adquirió tan vastos conocimien- 
tos que embarazaba y confundía á los hom- 
bres mas sabios , especialmente , con las 
preguntas enigmáticas que solia propo- 
nerles. Era ademas tan benéfica , que ella 
misma era la que lavaba los pies á los su- 
getos que entraban en casa de su padre. 

Cleobulo fué elegido para gobernar el 
pequeño distrito de Lindis , y lo bizo 
con tanta facilidad como si gobernase una 
sola familia. Evitó cuidadosamente todo 
lo que podía atraer guerras y discordias , 
tanto entre los habitantes , como entre 
estos y los extrangeros. Su mayor mé- 
rito , como filósofo , era su sutileza para 
proponer y resolver enigmas. El fué el 
que propagó en Grecia la afición á enig- 
mas , que era tan común en Egipto. He 
aquí uno de los que compuso : 


73 CLEOBULO. 

« Soy un padre , que tengo doce hijos t 
» y cada uno de ellos tiene treinta hijas , 
» pero muy diferentes entre sí , en punto 
» á belleza. Las unas tienen el rostro 
v blanco ; las otras lo tienen negro. Son 
inmortales y mueren cada dia. » 

Este enigma significa el año. 

Cleobulo compuso también el epitafio 
»¡uo está en el sepulcro de Midas , en que 
tributa grandes elogios á este monarca. 
Algunos lo han atribuido sin fundamento 
á Hornero , que fue muy anterior á Midas. 

Según la doctrina de Cleobulo , la vir- 
tud consiste en huir de la injusticia y de 
los otros vicios. En el mismo sentido ha- 
bla Horacio cuando dice : 

Vil tas est TÍtium fugere, et sapientia prima 
Stultiiiá caruisse. . . . 

Decía que el hombre debía observar tres 
cosas cuidadosamente en toda clase de 
negocios, á saber, el órden, el tiempo 
y la moderación ; que los hombres de- 
bían vivir según la condición que tienen 
en la sociedad ; que no hay cosa mas 
común en el mundo , que la ignorancia 
y la charlatanería ; que el filósofo debe 
tener sentimientos elevados , huir de la 


€ LE O BULO. 79 

ingratitud y de la infidelidad y hacer bien 
á los amigos y á los enemigos , para con- 
servar á los unos , y ver si se puede cau- 
tivar á los otros. 

« Antes de salir da casa , decía , exa- 
minad lo que vais a liacer , y cuando, 
volváis , examinad lo que habéis hecho. 
Hablad poco y escuchad mucho. No ha- 
bléis mal de nadie. Aconsejad lo que 
creáis mas conforme á la razón. No os 
abandonéis á los placeres. Reconciliaos 
con vuestros enemigos , si los teneis. No 
hagais uso jamas de la violencia; no re— 
preendais jamas á vuestra esposa , ni la 
alabéis en presencia de extraños, pues lo 
uno es locura , y lo otro flaqueza. » 

Cuando Cleobulo supo que Solon ba- 
lda abandonado para siempre á su patria , 
hizo cuanto pudo para atraerle á su 
país , y con este objeto le escribió la carta 
siguiente : « Tienes muchos amigos, cuyas 
casas están á tu disposición ; pero creo 
que en ninguna parte puedes estar mejor 
que aquí. Lindis es una ciudad marítima 
enteramente libre. Nada tienes que temer 
de Pisistrato y todos tus amigos podrán 
venir á verte con entera seguridad. » 


8o 


EPIMdENÍ DES. 

Cleobulo supo aprovecharse diestra-' 
mente de todas las ventajas que la suerte 
le halda proporcionado , y vivió sin em- 
barazos ni incomodidades. Fue feliz como 
marido , como padre , como ciudadano 
y como filósofo 5 y murió á la edad de 
70 años , después de haber gozado ex- 
traordinarios honores. Los habitantes de 
Lmdis sintieron amargamente su pérdida * 
y le erigiéron un magnífico sepulcro con 
un epitafio en que honraban su memoria. 

wvvví Y vv%vvv%\vvvivvvv vwv*tvvvvvvv uwwnmum 

EPIMENIDES, 

Llegó á Atenas en la Olimpiada 45 . Corrió la ® 
voz de que había estado dormido en una ca- 
verna , por el espacio de 67 años ; que había 
vivido 1 5 4 > otros dicen 107, y otros 298. 

Epimenides de Gnosia , vivia en la isla 
de Creta en tiempo en que Solon gozaba 
de gran crédito en Atenas. Era un hombre 
de vida ejemplar. Todos los griegos creian 
que era hijo de una ninfa , que un es- 
píritu celeste le inspiraba y que solia 
tener revelaciones divinas. Se aplicó á la 


EPIMENIDES. 81 

poesía y á todo lo concerniente al culto 
divino. El fue el primero qne empleó 
las ceremonias de consagrar templos y 
purificar los campos , las ciudades y aun 
las casas particulares. No apreciaba mu- 
cho á sus compatriotas. San Pablo , en 
su epístola á Tito , cita un verso de 
Epimenides , en que , hablando de los 
Cretenses , dice que son embusteros , pe- 
rezosos y malas bestias. 

He aquí como se cuenta la historia 
del sueño de Epimenides. Su padre le 
envió al campo á buscar una oveja. Es- 
tando de vuelta, se separó un poco del 
camino , y como era medio dia , y hacia 
mucho calor , entró á descansar y re- 
frescarse en una caverna. Echóse á dor- 
mir y estuvo durmiendo cincuenta y siete 
años. Al despertar, creyendo que había 
dormido un tiempo regular , lo primero 
que hizo fue buscar la oveja; no viéndola 
en ninguna parte , salió de la cueva y 
quedó admirado al ver cuanto había mu- 
dado el aspecto del pais. Corrió al sitio 
en que habia tomado la oveja , y vió 
que la casa había mudado de habitantes 
y que todas las personas á quienes se 

D. 


Sa EPIMENIDES. 

dirigía se hacían de nuevas y no sabían 
lo que queria decir. Volvió lleno de 
espanto á la ciudad de Gnosia , y por 
todas partes veia caras nuevas ; entró en- 
casa de su padre y le preguntaron quien 
era y que buscaba. Al fin con gran tra- 
bajo y después de muchas explicaciones 
le reconoció un hermano suyo menor que 
el , á quien había dejado niño y que ya 
estaba viejo. Una aventura tan extraor- 
dinaria hizo mucho ruido en todo aquel 
pais , y Epimenides fue mirado como un 
hombre especialmente favorecido por los 
Dioses. Los que no dan asenso á esta 
fábula , son de opinión que empleó los 
cincuenta y siete años en viajar bajo otro 
nombre. 

Cuando Megacles hizo pasar á cuchillo 
á todos los ciudadanos del partido de 
Solon , sin perdonar á los que se habían 
acogido á los altares , tal fue el terror 
de los Atenienses , que no podían gozar 
de un momento de reposo. La peste afli- 
gía aquel pais y sus pobladores creian 
ademas que las sombras de los muertos 
se aparecían de noche en todas partes. 
Consultados los adivinos , dijeron que 3 


EPIMENIDES. 83 

según los sacrificios denotaban , la ciudad 
de Atenas habia estado contaminada con 
una gran abominación. Entonces se dio 
la comisión á Nicias de pasar á Creta 
para llevar á Epimenides á Atenas , por 
ser tan grande la reputación de que go- 
zaba aquel filósofo en toda Grecia. Epi- 
menides consintió en ello y habiendo lle- 
gado á la ciudad , tomó consigo muchas 
ovejas txegras y blancas, las llevó al Arco- 
pago y allí las soltó , dejándolas ir por 
donde querian : pero mandó que se si- 
guiesen sus pasos , y que se inmolase cada 
una , en honor de una divinidad dife- 
rente , en el primer sitio en que se pa- 
rase. Por esto en tiempo de Laercio se 
veian en Atenas tantos altares consagrados 
á Dioses cuyos nombres se ignoraban. 
Las órdenes de Epimenides fueron rigo- 
rosamente observadas y desde entonces 
cesaron las enfermedades y las apariciones. 

Epimenides , cuando llegó á Atenas , 
se hizo muy amigo de Solon , y contri- 
buyó en gran manera al establecimiento 
de sus leyes. Hizo conocer la inutilidad 
•de las bárbaras ceremonias que practi- 
caban las mugeres en los funerales. Acos- 


84 EPXMENIDES. 

tumbró poco tí poco á todo el pueblo de 
Atenas á hacer oración y celebrar sacri- 
ficios , y le dispuso , por este medio , á 
vivir con arreglo y con sumisión á los 
magistrados. 

Un dia , después de haber contemplado 
algún rato el puerto de Muniquia , dijo 
á los que le acompañaban : « Los hom- 
bres viven en tinieblas espesas acerca del 
porvenir. Si los Atenienses supieran cuan- 
tas desgracias les atraerá este puerto , s® 
lo comerían ahora mismo. » 

Después de haberse detenido algunos 
dias en Atenas-, Epimenides dispuso su 
regreso. Los Atenienses le preparáron un 
navio , y le dieron un talento por su 
trabajo , mas el filósofo les dio gracias , 
reusó el dinero y se limitó á pedirles su 
amistad. Después estableció relaciones muy 
estrechas entre Atenas y Gnosia. Antes 
de salir , mandó construir un hermoso 
templo en honor de las Furias. 

Epimenides quiso hacer creer que era 
Eaco y que había resucitado muchas ve- 
ces. Nunca comió delante de testigos , 
por lo que el vulgo creyó que las ninfas 
le mantenían con maná. 


EPÍMENIDES. 85 

Vaticinó á los Lacedemonios la dura 
esclavitud á que los sometieron los ha- 
bitantes de Arcadia. 

Un dia , estando edificando un templo 
dedicado á las Musas, salió una voz del 
cielo y dijo : « Epimenides, no consagres 
el templo á ninguna otra divinidad que 
á Júpiter. » 

Cuando supo que Solon se habia re- 
tirado de Atenas , afin de consolarle y 
de atraerle á Creta , le escribió en los 
términos siguientes : « Ten ánimo , amigo 
mió. Si Pisistrato hubiera reducido hom- 
bres acostumbrados á la servidumbre, o 
que ignorasen lo que son las buenas leyes , 
quizás podría durar algún tiempo su do- 
minio , pero las tiene, que haber con 
hombres libres y valientes. Los Atenienses 
no tardarán en acordai'se de las lecciones 
de Solon. Tendrán vergüenza de las ca- 
denas que arrastran , y no podrán sufrir 
que un tirano los tenga tanto tiempo en 
esclavitud. Enfin , aun cuando Pisistrato 
domine en Atenas durante toda su vida, 
el reino no pasará á sus hijos. «Te acon- 
sejo que no vayas errando de un lugar 
á otro. Ven sin pérdida de tiempo á Creta , 


es epimenides. 

donde no hallarás tirano que te ator- 
mente. Si los amigos de Pisistrato te en- 
cuentran en alguna parte , como es muy 
posible , no dudes que se venguen de tí. « 

Epimenides pasó toda su vida en la 
práctica de las virtudes. Era muy aficio- 
nado á la poesía y escribió muchas obras 
en verso. Compuso un poema sobre la 
generación de los Caretas y de los Go- 
ribantes , y otro sobre la expedición de 
Coicos. 

Epimenides vivió , según algunos , iÓ7 
años y 298 según otros. Como toda su 
vida fue misteriosa , hubo quien dijo 
que había envejecido en tantos dias , 
cuantos años había estado durmiendo. 
Los Cretenses le hacían sacrificios como 
á un Dios. Los Laeedemomos conservaron 
religiosamente su cadáver , en virtud de 
un oráculo que se lo había mandado asi. 


ANA CAUSIS. 


87 


iWXW'V WUVW UWWWWWW 1 V VW WA IWUWV "LL'VWVV* 

ANA CAUSIS, 

Pasó á Atenas en la Olimpiada 47‘ ^ UI *° de 
muerte violenta , poco tiempo después de 
haber regresado á su patria. De lo que se 
infiere que fue contemporáneo de la mayor 
parte de los que preceden. 

AnacArsis , Escita ele nación , ha gozado 
de fama de sabio. Era hermano de Li- 
diadas , rey de Escítia é hijo de Guaro 
y de una muger griega. Por estas cir- 
cunstancias pudo aprender bien las dos 
lenguas. Era vivo y elocuente ; atrevido 
y constante en todo lo que empezaba. 
En todo tiempo , su trage no era mas 
que una túnica grosera , y su alimento 
se componia de leche y queso. Sus aren- 
gas y discursos eran sumamente concisos. 
Como nunca se desanimaba , venia siem- 
pre á cabo de lo que emprendía. Su modo 
de hablar denodado y elocuente , había 
dado lugar á un proverbio. Cuando al- 
guno le imitaba , decían que hablaba ¿ 
lo escita. 


88 ANACAR SIS. 

Anacarsis dejó á su patria y pasó á 
residir en Atenas. Llegado que fue , llamó 
a la puerta de Solon , y dijo al que le 
fué á abrir : « Di á Solon que vengo 
solo á verle y á pasar algún tiempo en 
su casa. » Solon le envió á decir : que 
nadie debía ser huésped sino en su pro- 
pio país , ó en otro en que tuviera re- 
laciones. Anacarsis , al oir esto , entró 
en la pieza en que estaba Solon y le dijo: 
« Pues estás en tu propio país , se mi 
huésped , hospedándome en tu casa. » 
Solon gustó de esta respuesta y en lo 
sucesivo fué muy amigo de Anacarsis. 

Anacarsis gustaba mucho de la poesía, 
y escribió en verso las leyes de su pa- 
tria y un tratado del arte de la guerra. 

Decía comunmente que la viña produ- 
cía tres clases de uvas , el placer , la em- 
briaguez y el arrepentimiento. 

Extrañaba mucho que en todas las reu- 
niones públicas de los Atenienses , los 
sabios se contentaban con proponer , y 
los necios eran los que decidían , mas 
no podía comprender porque se castigaba 
al que decía injurias á otro , entanto que 
se daban grandes recompensas á los at- 


ANACARSíS. 89 

lelas , que se daban golpes crueles y se 
hacían tanto daño. 

También le causaba admiración que los 
griegos , al principio de la comida , se 
sirviesen de vasos medianos , y usasen los 
grandes á los postres , cuando ya empe- 
zaban á embriagarse. 

Censuraba amargamente las modales 
libres que los Atenienses practicaban en 
sus convites. 

Un día le preguntáron , que conven- 
dría hacer para evitar que un hombre 
bebiese vino : « El mejor medio , res- 
pondió , es presentarle un borracho y 
dejar que le contemple despacio. » 

Le preguntaban si había instrumentos 
de música en Escítia ; respondió , que ni 
aun habia viñas. 

Decia que el aceite con que se untaban 
los atletas antes del combate , debía lla- 
marse , preparación de una locura rabiosa. 

Examinando un día las tablas de un 
buque , dijo que el navegante no está 
mas que á cuatro dedos de la muerte. Le 
preguntáron cual era el navio mas se- 
guro , y respondió : el que ha llegado al 
puerto. 


$0 ANAGAttSlS. 

Decía con mucha frecuencia que el 
hombre debía ser dueño de su lengua y 
de su vientre. Un Ateniense le reconvino 
porque era de un país bárbaro , en que 
no se conocían las artes: « Me avergüenzo, 
respondió , de haber nacido en mi pa- 
tria, mas la tuya debe avergonzarse de 
que tú hayas nacido en ella, » 

¿ Que es , le preguntaron , lo me|or j 
lo peor que el hombre tiene ? « La len- 
gua , >> respondió Anacarsis. 

« Vale mucho mas , decia , tener un 
solo amigo , coa tal de que sea verda- 
dero , que tener muchos , que solo son 
amigos de la Fortuna. » 

Guando se hablaba de la diferencia entre 
la vida y la muerte , preguntaba: « ¡ Á 
cual de las dos pertenecen los nave- 
gantes ? » 

Decia que los mercados eran estable- 
cimientos públicos , que los hombres ha- 
bían formado para engañarse unos a otros . 

Comparaba las leyes á las telarañas y 
se burlaba de Solon que creía poner 
obstáculo á las pasiones de los hombres , 
con un poco de papel escrito. 

Anacarsis fué el inventor de la rueda 
aplicada á la alfaharería. 


ANACARSIS'. 9* 

Un día fué á consultar á la sacerdotisa 
de Apolo , para preguntarle quien era 
mas sabio que él. La sacerdotisa respon- 
dió que era un tal Misen de Gbenes. 
Anacarsis extrañó mucho no haber oído 
•jamas hablar de semejante hombre. Fué 
á buscarle al pueblo en que residía y 
le encontró componiendo un arado. ¡ O 
Mison ! exclamó Anacarsis , un hombre 
como tú no debe labrar la tierra. « Un 
hombre como yo , respondió Mison , debe 
componer el arado cuando se ha rom. » 
Platón habla de Mison , como . de un 
hombre muy sabio. Habíase retirado á 
una soledad , donde vivia lejos de los 
hombres » á quienes aborrecía. Un d¡a 
le descubriéron en un rincón , riendo á 
carcajadas. Le preguntaron porqué se íeia^ 
estando solo : « De eso me rio , » res- 
pondió Mison. 

Creso , que había oido hablar mucho 
de Anacarsis , le ofreció dinero y le rogó 
que fuese á Sardis ; .Anacarsis respondió: 
« He venido á Grecia , ó rey de ios Li- 
dies , para aprender el idioma, las leyes 
y las costumbres del país. No necesito 
oro ni plata ; quisiera , si ? volver a mi 


92 ANACARSIS. 

patria con mas sabiduría que la que traje. 
Iré sin embargo, á verte , pues deseo estar 
en el número de tus amigos.- » 

Después de haber permanecido algún 
tiempo en Grecia , Anacarsis pensó en 
regresar á su patria. Al pasar por el país 
de los Cisicenianos , los vio disponer una 
gran fiesta en honor de la madre de los 
Dioses. Anacarsis hizo entonces voto de 
hacerle la misma fiesta en su país , en 
caso de regresar á el sin peligro. Cuando 
llegó quiso introducir las costumbres grie- 
gas , lo cual desagradó sobremanera á sus 
compatriotas. 

Un dia Anacarsis se retiró á un espeso 
bosque para celebrar la fiesta que había 
ofrecido á la madre de los Dioses. Un es- 
cita le descubrió y fue á dar cuenta al rey , 
el cual fue al bosque á ver si era cierta la 
acusación. Anacarsis estaba en efecto ha- 
ciendo las ceremonias propias del culto de 
aquella divinidad. El rey entonces le dis- 
paró una flecha de cuya herida murió. 

Sus compatriotas le erigiéron muchas 
estatuas en lo sucesivo. 


PITAGORAS. 


33 


«\vnvvn\nvnvvi\wvvvx\w l " wu ' xu ' llvvmv11 

PIT AGORAS, 

Florecía en la Olimpíada 60. Fué á Italia en 
la 62. Murió el cuarto año de la 70 , edad 
de 80 años , ó la 90 según otros. 

La filosofía antigua se dividía en Itálica 
j Iónica. Tales de Mileto fué el fundador 
de esta , y Pitagoras de aquella. 

Aristipo Cirenaico , dice que Pitagoras 
se llamó asi , porque sus expresiones eran 
tan obscuras, como los oráculos de Apolo 
Pitico. Él fué el primero que no quiso 
admitir por modestia el título de sabio , 
contentándose con el de filósofo. 

Según la opinión mas común Pitagoras 
nació en Sainos , y su padre fué un es- 
cultor , llamado Mnesarco. Otros dicen 
que era toseano , y que nació en una de 
las islas del mar Tirreno , de que se 
apoderaron en seguida los Atenienses. 

Pitagoras siguióla profesión de su padre. 
Hizo tres copas de plata que regaló á tres 
sacerdotes egipcios. En seguida se unió 
con el sabio Ferecides y fué su discípulo. 


94 PITACO R 4 S. 

Ferecides le amaba entrañablemente. Uw 
día estando gravemente enfermo , Pita- 
goras quiso entrar á verle para saber como 
estaba : mas Ferecides que creia tener 
una enfermedad contagiosa , le cerró la 
puerta y enseñándole los dedos , por un 
agujero que en ella había, dijo á su dis- 
cípulo : « Mira mis dedos descarnados , 
V por ahí podrás juzgar de mi situación. « 
Después de la muerte de Ferecides , 
Pitagoras estudió algún tiempo en Sainos 
.con el filósofo Herir odam a nte ; después , 
animado por el mas vehemente deseo cls 
instruirse y de conocer las costumbres de 
los paises extrangeros , abandonó su pa- 
tria y todo lo que tenia y se dió á viajar. 
Permaneció bastante tiempo en Egipto , 
frecuentó muebo el trato de los sacer- 
dotes y penetró en los secretos de su 
religión. 

PoJicrates escribió en su favor á Amasis 
rey de Egipto, afin de que le atendiese 
y tratase con distinción. Pitagoras pasó 
después á Caldea con a'nimo de instruirse 
en la ciencia de los Magos ; enfin , des- 
pués ele haber viajado , por curiosidad , 
®n diversas reglones ele Oriente , pasó 


PITACO RAS. 9-5 

¿ Creta , donde se unió estrechamente 
con el sabio Epimenides. De allí volvió 
á Sainos. Viendo á su patria oprimida 
por la tiranía de Policrates , se apesa- 
dumbró en tales términos, que tomó la 
resolución de expatriarse. Pasó a Italia 
y se estableció en Grotona, en casa de 
Milon , donde enseñó la filosofía. Por 
esta razón se da el nombre de Itálica , 
á la secta fundada por Pitagoras. 

No tardó en extenderse por todas partes 
su reputación , y particularmente en Ita- 
lia. Mas de trescientos discípulos acudie- 
ron á el y formaron una pequeña repú- 
blica,- bastante bien ordenada. Hay quien 
dice que Numa era de uno de ellos , y 
que se bailaba con su maestro en Crotona , 
cuando fué elegido rey de Roma , pero 
los buenos cronologistas niegan este he- 
cho , y dicen que lo que ha dado lugar 
á semejante rumor es que Numa y Pita- 
goras tenían las mismas opiniones , aun- 
que este vivió mucho tiempo después que 
aquel. 

Pitagoras decía que entre amigos todas 
las cosas deben ser comunes y que la 
amistad hace á los hombres perfectamente 


96 PITA G ORAS. 

iguales. Sus discípulos no tenían nada 
cpie no fuese común á todos ellos , y los 
cinco años primeros de estar en aquella 
escuela , no podían hablar una sola pa— 
labia, sino escuchar en el silencio mas 
profundo las lecciones de su maestro. 
Después de esta larga y rigorosa prueba , 
les era licito hablar , ir á ver á Pitagoras 
y conversar con él. 

El aspecto de Pitagoras era muy ma- 
gestuoso. Era alto , bien formado y de 
nella figura. Usaba en todo tiempo una 
hermosa túnica blanca de lana , suma- 
mente aseada. No le dominaba ninguna 
pasión , y era muy fiel en guardar un 
secreto. 

Nadie le víó reir, ni le oyó chancear. 
Cuando estaba de mal humor, no quería 
castigar a nadie , porque decía que en 
semejantes casos el hombre desoye la voz 
de la justicia. Sus discípulos creían que 
era Apolo , que había tomado la forma 
de un filósofo t para enseñar á los hombres 
la sabiduría. De todas partes acudían gen- 
tes á verá Pitagoras’rodeado de sus dis- 
cípulos. Mas de seiscientas personas iban 
todos los años á Crotoaa } con aquel solo 


PITAGORAS. 97 

objeto. Era un gran honor poder hablar 
un rato con Pitagoras. 

Pitagoras dio leyes á muchos pueblos 
que se las pidiéron. Tanta admiración 
causaba su sabiduría , que no se hacia 
distinción entre sus respuestas y las del 
oráculo de Delfos. Prohibía á sus dis- 
cípulos jurar y implorar el testimonio de 
los Dioses. Decía que el hombre debía 
aspirar á conseguir tal reputación de 
honradez que nadie tuviese inconveniente 
en creerle sobre su palabra. 

Era de opinión que el mundo tenia 
alma é inteligencia , que el alma de esta 
inmensa máquina era el eter , de donde 
traen su origen las almas de los hom- 
bres y de las bestias. Descubrió que el 
alma es inmortal , pero creta , que cuando 
está separada del cuerpo , permanece en 
el aire , vagando sin destino , hasta que 
casualmente encuentra un cuerpo cual- 
quiera , y entonces se apodera de él , y 
le anima. Asi es como el alma que sale 
del cuerpo de un hombre , puede entrar 
en el de un caballo , de un lobo , de un 
asno , de un ratón , de una perdiz , de 
un pescado , ú de cualquier otro animal 

E 


98 PITAGORAS. . 

ú hombre , sin distinción y del mismo 
modo , la que sale del cuerpo de un ani- 
mal , puede entrar en el de un hombre, 
ó en el de otro animal. Por esto Pitagoras 
prohihia la carne de los animales como 
alimento , creyendo que tan gran delito 
era matar á una mosca como matar á un 
hombre , pues todas las almas sirven in- 
distintamente á todos los cuerpos. 

Pitagoras para probar la verdad de su 
sistema solia contar la historia de todas 
las peregrinaciones de su alma. Decía que 
había sido antes Etalides , hijo de Mer- 
curio •, el cual le dijo que le pidiera la 
gracia que quisiese , con tal de que no 
fuese la inmortalidad. Pitagoras, le pidió 
la gracia de conservar en la memoria 
todos los sucesos que ocurriesen durante 
su vida , cuando su alma pasase á vivifi- 
car otros cuerpos. Murió Etalides , y el 
alma pasó al cuerpo de Euforbio. Se había 
hallado en el sitio de Troya, donde había 
sido gravemente herido por Menelao. Des- 
pués pasó al cuerpo de Hermotimo , y 
entonces , para que nadie dudase del don 
que Mercurio le había hecho , fue ai pais 
de los Bxanquidas, entró en el templo 


PÍT ACORAS. 99 

tle Apolo y sacó de el el escudo de 
Euforbio , podrido ya , que Menelao , 
de vuelta de Troya , había consagrado 
á aquella divinidad , en señal y agrade- 
cimiento de su victoria. 

Después de Hermotimo , fue Pirro » 
pescador , y después , por último , el 
filósofo Pitagoras. Anteriormente habia 
sido el gallo de Micilo , y el pabo real 
de no sé quien. 

Aseguraba que en los viages que habia 
hecho a los infiernos habia visto el alma 
del poeta Hesiodo , atada á una columna 
y cruelmente atormentada , y el alma de 
Homero , colgada de un árbol , y rodeada 
de serpientes , en castigo de todas las 
mentiras que habia imaginado y atribuido 
á los Dioses. 

En otra ocasión , Pitagoras mandó cons- 
truir una profunda caverna en su casa. 
Suplicó á su madre que escribiese cui- 
dadosamente todo lo que ocurriese du- 
rante su ausencia. Después se encerró 
en la caverna , de la cual salió un año 
después , pálido , sucio y con un aspecto 
horroroso. Congregó al pueblo y dijo que 
Tenia de los infiernos. Esta noticia causó 


xoo 


PITAGORÁS. 
tina especie de terror , en términos que 
hubo machos que no pudieron repri- 
mirse y se echaron a llorar ¡ y a dar 
alaridos. Los hombres , que le reveren- 
ciaban como á un ser sobrenatural le pi— 
cliéron que diese algunas lecciones de 
filosofía á las mugeres , y de aquí vino 
que las de Crotona se llamasen Pitagó- 
ricas. Pitagoras , hallándose en unos jue- 
gos públicos , vio volar un águila , la 
llamó y el águila acudió á él inmedia- 
tamente , de lo que se admiráron todos 
los concurrentes , ignorando que el filó- 
sofo , habia adoctrinado al pájaro muy 
de antemano. Hizo, por ultimo, creer 
¿ sus compatriotas que tenia un muslo 
de oro. 

Pitagoras no sacrificaba nunca anima- 
les , pues decia que los Dioses miraban 
con horror las víctimas y la sangre y 
que se indignaban contra los que aspira- 
ban á agraderles con semejantes medios. 

Pitagoras se propuso corregir á los 
hombres de la gula , y acostumbrarlos 
á vivir con frugalidad , haciéndoles ver , 
que la moderación en la comida contii- 
huye á la conservación de la salud , y 


PITAGORAS. ioi 

dispone al entendimiento para que ejerza 
sus funciones sin embarazo. Para confir- 
mar su doctrina con su ejemplo , no be- 
bía mas que agua, y solo córala pan, 
miel , frutas y legumbres , mas no en- 
traban en este número las babas , sm 
que se baya podido saber que razones 
tenia para mirar con tanto respeto aquel 
vegetal. 

Pitagoras comparaba la vida del hom- 
bre á una feria , y decia , que asi como 
unos van á la feria para acostumbrarse 
á luchar , otros para comprar y vender , 
y otros enfin, solo para verlo que pasa, 
asi , en la vida , los unos nacen esclavos 
de la gloria , otros de la ambición , y 
otros solo se emplean en buscar la Ver- 
dad. Era de opinión que el hombre no 
debe pedir nada para sí , pues ignora que 
es lo que le conviene. Dividía la edad del 
hombre en cuatro partes ; la niñez acaba 
¿ los veinte años, la juventud a los cua- 
renta , la edad viril á los sesenta , y la 
vejez á los ochenta. Los años que pasan 
de este número no merecían , en su opi- 
nión , el nombre de vida. Gustaba mucho 
de la geometría y de la astronomía ; des- 


102 PITA GO RAS. 

cubrió que el lucero de la mañana es el 
mismo astro que el lucero de la tarde , 
y que en todo triángulo rectángulo, el 
cuadrado ele la hipotenusa , es igual al 
cuadrado de los otros dos lados. Dicen 
que cuando hizo este líltimo descubri- 
miento , fue tanta su satisfacción , que 
creyó que se lo habian inspirado los Dio- 
ses > J. les manifestó su reconocimiento , 
consagrándoles una hecatombe , es decir 
un sacrificio de cien bueyes. Este hecho , 
aunque referido por muchos escritores, 
está en contradicción con las opiniones 
conocidas de Pitagoras. Quizás serian 
bueyes de harina y miel , como las tortas 
que acostumbraba sacrificar. Hay quien 
¿IZZ la alegría que tuvo al descubrir 
el cuadrado de la hipotenusa , fue’ tan 
violenta , que murió de resultas. Según 
lo que escribe Laercio , esta anécdota es 
enteramente fabulosa. 

Pitagoras cuidaba mucho de que rei- 
nase la mas íntima amistad entre sus dis- 
cípulos , y en las instrucciones que les 
daba se solia servir de parábolas. Les 
decía , por ejemplo , que no debían saltar 
por encima de una balanza , dándoles á 


PITAGORAS. 10 3 

entender que debían respetar la justicia ; 
que no debían sentarse sobre la provisión 
del día , queriendo decir que la prudencia 
no se contenta con el día de liov , sino 
que piensa en el de mañana. Les acon- 
sejaba que se retirasen de cuando en 
cuando y que cada cual se preguntase 
á sí mismo : 4 Que has hecho ? ¿ En que 
lias empleado el dia ? f ] Adonde has es- 
tado ? Les recomendaba encarecidamente 
que tuviesen un porte exterior modesto 
y recatado ; que no se abandonasen á 
los arrebatos clel dolor ó de la alegi ia ; 
que respetasen á los ancianos ; que hi- 
ciesen ejercicio afin de no engordar de- 
masiado ; que no pasasen la vida viajando ; 
que tuviesen particular cuidado en hon- 
rar á los Dioses y que les tributasen el 
culto que les es debido. 

El Escita , Zamolxiz , esclavo de Pi- 
tagoras , se aprovechó tanto de las lec- 
ciones de su amo , que cuando volvió A 
su patria, los Escitas le hicieron sacri- 
ficios y le pusiéron en el numero de los 
Dioses. 

Pitagoras creía que el primer princi- 
pio de todas la§ cosas era la unidad ; que 


1.0 4 PITAGORA S. 

de ella procedían ios números , de los mí- 
meros los puntos , de los puntos las lí- 
neas , de las líneas las superficies , de las 
superficies los sólidos , y de los sólidos 
los cuatro elementos agua , aire , fuego 
y tierra , de que todo el universo se com- 
pone. Que estos elementos se transforman 
continuamente unos en otros , pero que 
nada perece y que no hay en el universo 
mas que mudanzas. 

.Decía que la tierra era redonda .y que 
estaba colocada en el centro del inundo , 
que estaba habitada en todos sus puntos 
y que por consiguiente habia antípodas ; 
que el aire que rodea á la tierra es es- 
peso é inmóvil , y que por esta razón los 
animales mueren y están sujetos á la 
-corrupción. Que el aire de la parte su- 
perior de la atmósfera era muy sutil y 
estaba en perpetuo movimiento ; que los 
animales de aquellas regiones eran in- 
mortales , y por consiguiente divinos ; 
que el sol , la luna , y los demás astros 
eran Dioses , por estar colocados en me- 
dio de aquel aire puro y del calor activo 
que es el principio de la vida. 

Acerca de la muerte de Pitagoras hay 


PÍTAGORAS. 10 s 

muchas opiniones. Algunos dicen que ha- 
biéndose negado á admitir en. el número de 
sus discípulos á ciertos jóvenes , estos se 
irritaron tanto , que pegáron fuego á la 
casa de Milon en que se hallaba á la 
sazón el filósofo. Otros dicen que le ma~ 
táron los Crotoniatas , temiendo que se 
declarase soberano del pais. Parece in- 
dudable que la casa de Milon fue incen- 
diada , y que Pitagoras estaba en ella , 
que se escapó con. cuarenta discípulos, 
y aquí empieza de nuevo la diversidad 
de opiniones , pues , según unos , se re- 
fugió en Metaponte , en un bosque con- 
sagrado á las Musas , y se dejó morir 
de hambre ; según otros , halló un campo 
sembrado de habas , y no pudo resol- 
verse á atravesarlo : « Vale mas morir , 
dijo , que destruir esas pobres habas. » 
¥ en efecto , aguardó tranquilamente á 
los Crotoniatas que le perseguían y que 
le dieron muerte. Hay escritores que dicen 
que no fueron los Crotoniatas , sino que 
habiéndose sucitado la guerra entre los 
Agrigentinos y los Siracusanos , Pitagoras 
acudió al socorro de los Agrigentinos » 
de quienes era muy amigo ; mas estos 

£. 


ioG HEBACLITO. 

fueron derrotados y Pitagoras que se ha- 
liaba con ellos , se vió precisado á huir , 
y en esta retirada fue cuando encontró 
y no quiso atravesar el sembrado de ba- 
bas , prefiriendo morir á manos de los 
Siracusanos. La mayor parte de sus dis- 
cípulos, que le acompañaban murieron 
también en aquel trance. Uno de los que 
escaparon fué Arquitas , de Tarento , que , 
según fama , fué el mayor geómetra de 
su tiempo. 



HERACLITO, 


Florecía en la Olimpiada 69. 

IHeraclito , de Efeso , era hijo de Bly~ 
son. Era generalmente apellidado el filó- 
sofo tenebroso , porque nunca hablaba 
sino es por enigmas. Laercio dice que 
era muy yano , y que despreciaba á casi 
todos los hombres. Decia que Homero y 
Arquiloco , debian ser arrojados violen- 
tamente de la sociedad de los hombres. 
Estaba muy enfadado con los habitantes 
de Efeso, porque habían desterrado á su 


HERACLITO. 107 

amigo Ilermodrus. Decía a gritos que 
todos los de Efeso merecían la muerte , 
para expiar el crimen que habían come- 
tido persiguiendo al mejor ciudadano y 
al hombre de mas mérito de toda la 
república. 

Heraclito habia aprendido todo lo que 
sabia sin maestro. Sus profundas medi- 
taciones le habían abierto el camino del 
conocimiento de la verdad. Tenia muy 
mala idea del género humano ; y se com- 
padecía de los errores en que viven la 
mayor parte de los hombres. Tanta pe- 
sadumbre tenia al considerar estas cosas , 
que casi siempre estaba llorando. J uvenal 
le pone en contraste con Democrito que 
siempre estaba riendo. El mismo poeta 
dice , que la risa es un arma de que 
cada cual puede echar mano , para cor- 
regir las locuras de los hombres , pero 
que no sabe como pueden caber en una 
cabeza humana las lágrimas que no ce- 
saba de derramar Heraclito. 

Sin embargo , este filósofo no fué siem- 
pre del mismo modo de pensar. Cuando 
joven decía que no sabia nada y se que- 
jaba de su ignorancia ; cuando llegó á la 


io8 HERACLITO. 

edad madura decía que su ciencia era 
universal y que nada se le ocultaba. Todos 
los hombres le desagradaban , huia de 
la sociedad , y se iba á jugar á las tabas 
y á otros juegos con los muchachos del 
pueblo , enfrente del templo de Diana. 
Los habitantes de Efeso iban á presen- 
ciar tan extraño espectáculo. « ¿ De que 
os admiráis ? les decia el filósofo. ¿ No 
es mucho mejor jugar con estas criaturas, 
que consentir , como hacéis vosotros , 
en el mal gobierno de la república ? » 
Los habitantes de Efeso le pidieron que 
les diese leyes , mas él no quiso, fun- 
dándose en que las costumbres públicas 
estaban muy corrompidas en aquel pais , 
y en que no tenia la menor esperanza de 
reformarlas. 

He aquí algunas opiniones de Hera- 
elito : « Los pueblos deben pelear con 
tanto ardor por conservar sus leyes , como 
por defender sus fortalezas. Un resenti- 
miento debe apagarse con mas prontitud 
que un incendio , porque el uno trae 
consigo resultados mas funestos que el 
otro. Un incendio consume algunas ca- 
sas , y un resentimiento ocasiona guerras 


ITERA C LITO. 109 

crueles , y con ellas la ruina de las na- 
ciones. » 

« El fuego es el primer principio de 
todas fias cosas. Este primer elemento se 
cambia en aire , por medio de la con- 
densasion. El aire , condensándose , se 
convierte en agua. El aire se convierte 
en tierra , y por los mismos grados , la 
tierra , por medio de la rarefacción se 
convierte en agua , el agua en aire , y 
el aire vuelve al principio universal , que 
es el fuego. El universo no es infinito. 
No liay mas que un mundo. Este se com- 
pone de fuego , y perecerá por el fuego. 
El universo está lleno de espíritus y de 
genios. Los Dioses no tienen providen- 
cia ; todo lo que sucede depende del des- 
tino. El sol es del tamaño que parece á 
nuestra vista. Sobre el aire que nos ro- 
dea , hay unos cuerpos en figura de bar- 
cos , cuya parte cóncava está vuelta ha- 
cia la tierra. Allí suben los vapores que 
la tierra despide. Estos cuerpos son los 
astros , llenos de vapores inflamados , 
que brillan como lo vemos en el res- 
plandor de los cuerpos celestes. Los eclip- 
ses del sol y de la luna acaecen cuando 


I 10 


HERACLITO. 
es Los cuerpos vuelven hacía la tierra la 
parte convexa. De esto mismo dependen 
los varios aspectos de la luna. Es inútil 
toda investigación acerca de la naturaleza 
del alma , porque es tan obscura que 
imposible comprenderla. » 

Hubo una sedición en Efeso. Algunos 
habitantes le suplieáron que declarase 
delante de todo el pueblo los medios de 
evitar semejantes trastornos. Heraclito su- 
bió á la tribuna : tomó un vaso de agua 
tria , le llenó de yerbas , se las comió 
y bajó de la tribuna ; con lo que quiso 
dar á entender que era necesario despren- 
derse del lujo y acostumbrarse á vivir 
con moderación. 

Heraclito compuso un libro intitulado : 
De la Naturaleza , y le depositó en el 
templo de Diana. El estilo de esta obra 
era sumamente obscuro , de modo que 
era preciso ser muy sabio para entenderla. 
IVo quiso que el pueblo se acostumbrase 
á estas doctrinas porque llegaria á des- 
preciarlas. Este libro tuvo mucha fama 
por sp obscuridad. Darío , x’ey de Persia , 
escribió al autor , convidándole á que 
viniese á su corte á explicarle aquella 


1 1 1 


HERACLITO. 
í) 1 > r a , y ofreciéndole una gran recom- 
pensa : mas Heraclito no admitió. 

Este filosofo hablaba muy poco. Cuando 
le preguntaban ^a causa de su silencio, 
respondía : « Callo , para que hables. » 
Despreciaba á los Atenienses que le mi- 
raban con un respeto extraordinario , 
y pre feria vivir en Efeso donde era des- 
preciado generalmente. Lloraba con mu- 
cha frecuencia considerando las miserias 
humanas. El odio que profesaba al género 
humano le indujo a abandonarle para 
siempre. Se retiró a unas montañas es- 
pantosas , donde no trataba con nadie 
Y donde se mantenía de yerbas. Las as- 
perezas de este género de vida le ocasio- 
naron una gran enfermedad. Estaba hi- 
drópico y volvió á Efeso para curarse. 
Como no hablaba mas que por enigmas , 
preguntó á los médicos si podían con- 
vertir el tiempo lluvioso en sereno. Los 
médicos no le entendieron y Heraclito 
se fué á un establo y se enterró en es- 
tiércol , creyendo que de este modo se 
evacuarían las aguas que eran caifsa de 
su mal : pero se enterró de tal modo que 
no fué posible desenterrarle. Otros dicen 


í 12 ANAXAGORAS. 

que murió comido de perros. Murió á 
la edad de 65 años. 


ANÁXAGORASj 

Nació en la Olimpiada 70; murió en la 88 $ 
de edad de 73 años. 

AnaxAgoras , hijo de Egesibulo , tuvo 
conocimientos físicos mas vastos y mas 
correctos que los filósofos que le habían 
precedido. Era de Clazomene , ciudad de 
lonia , y de una familia muy ilustre , 
tanto por su origen , como por las grandes 
haciendas que poseia. Floreció hácia la 
Olimpiada 76. Fue discípulo de Anaxi- 
menes , que le había sido de Anaximan- 
dro , y este de Tales , a quien los Griegos 
miraban como el primero de todos los 
sabios. Anaxagoras se aficionó de tal modo 
á la filosofía , que renunció á los nego- 
cios públicos y privados para darse en- 
teramente al estudio. Abandonó sus bienes , 
para ño distraerse de esta ocupación. Sus 
padres le reconvinieron muchas veces , 
pero en vano. Se retiró de su patria y 


ANAXAGORAS. u-3 
no se empleó sino en la investigación 
de la verdad. Hubo quien le echó en cara 
el poco caso que hacia de su patria. « Al 
contrario , respondió señalando al cielo , 
la estimo en mucho. » Se estableció en 
Atenas , y transfirió allí la escuela Iónica , 
que siempre habia estado establecida en 
Mileto , donde la fundó Tales. Á la edad 
de veinte años empezó á enseñar la filo- 
sofía en Atenas, y continuó este ejer- 
cicio durante treinta años. 

Un dia presentaron á Pericles un car- 
nero que tenia un cuerno enmedio de la 
frente. El adivino Lampón explicó este 
fenómeno diciendo que significaba la 
pronta reunión de las facciones que di- 
vidian al pueblo de Atenas. Anaxagoras 
lo explicó de otro modo , diciendo que 
el cerebro del animal no llenaba com- 
pletamente el cráneo , el cual era ele- 
vado , con una punta en la que empe- 
zaban las raíces del cuerno. Hízose la di- 
sección y resultó que Anaxagoras tenia 
razón. Esto le hizo mucho honor , pero 
también le resultó á Lampón de su va- 
ticinio , pues algún tiempo después de 
este suceso , cayó la facción de Tuci- 


1 14 ANAXAGORAS. 

dicles , y no liubo mas partido en Atenas 

que el de Feríeles. 

Es opinión común que Anaxagoras fué 
el primero que dio a luz un curso com- 
pleto de filosofía. Admitió por primeros 
principios lo infinito ; y un espíritu ó 
inteligencia que gobierna la materia y 
que compone la universalidad de los seres. 
Por esto j los otros filósofos le llamaban 
el Espíritu. No creía que esta inteligen- 
cia habla creado la materia , sino que 
la había dispuesto. Su opinión era que 
al principio del mundo todas las cosas 
existentes estaban mezcladas y confundi- 
das , y que esta confusión duró hasta 
que la inteligencia las separó y las dis- 
puso en el orden que vemos. Ovidio ha 
explicado muy bien esta opinión al prin- 
cipio de sus Metamorfosis. Anaxagoras 
no reconocía otra divinad que esta inte- 
ligencia , y tan desengañado estaba acerca 
de la existencia de las divinidades paga- 
nas , que Luciano dice que Júpiter le 
aniquiló con un rayo , en castigo del des- 
precio que hacia de él y de los otros 
Dioses. Decía que no liabia vacío en la 
Naturaleza; que todo estaba lleno , y que 


ANAXAGORAS. n& 
«acia cuerpo , por pequeño que fuese , 
podía ser dividido hasta lo infinito , de 
modo que si hubiera instrumentos ca- 
paces de dividir el pie del insecto mas 
pequeño, se podrían cubrir con sus partes 
cien mil millones de cielos , sin agotar 
la divisibilidad de las partes que quedasen 
enteras. Creia que cada cuerpo se com- 
ponía de partículas homogéneas , y daba 
el nombre de Homoeomeria á esta seme- 
janza de partes. Para probar la falsedad 
de su sistema y la necesidad de la exis- 
tencia de partes heterogéneas , le decían 
sus contrarios que los huesos y los ner* 
vios crecían sin que el animal comiese 
huesos ni nervios ; que la sangre aumen- 
taba sin que el animal bebiese sangre , 
á lo cual respondía , que á la verdad no 
había en la naturaleza cuerpos entera- 
mente homogéneos , que en la yerba ha- 
bia huesos , sangre y nervio , puesto que 
los animales viven de yerba , pero que 
cada cuerpo tomaba su nombre de la ma- 
teria que. dominaba en su composición ; 
que para que un cuerpo fuese llamado 
madera ó yerba, bastaba que fuese com- 
puesto de mayor mimero de partículas de 


u6 ANAXAGORAS. 
una de estas sustancias que de otra al- 
guna , y que estas partículas formasen 
por su aglomeración, la superficie del 
cuerpo. Creia que el sol era un pedazo 
de hierro encendido, mayor que todo el 
Peloponeso ; que la luna era un cuerpo 
opaco y habitable , con montañas y valles , 
como la tierra ; que los cometas eran unos 
agregados de muchas estrellas errantes , 
que se habían reunido por casualidad y 
que al fin se separaban ; que la causa 
de los vientos era la rarefacción del aire 
por la acción del sol ; que el choque de 
las nubes producía el trueno , y su fro- 
tación los relámpagos ; que el terremoto 
provéala del aire encerrado en las ca- 
vernas subterráneas y las inundaciones 
del Nilo de las nieve? derretidas de Etio- 
pia. El movimiento de los astros , según 
este filósofo , era efecto del viento, ó del 
aire , el cual los rechazaba como un re- 
sorte, cuando llegaban á ciertos puntos. 
Opinaba que la tierra no era redonda, 
y que ocupaba la parte mas baja del 
Universo , por ser el elemento mas pe- 
sado ; que las aguas de su superficie , 
enrarecidas por el calor , subian en forma 


ANAXAGORAS. >*7 
áe vapor , y volvían á su primitivo es- 
tado , en forma de lluvia. La Via Lác- 
tea, que, según algunos filósofos era el 
camino de las divinidades de segundo 
orden para ir ai consejo de Júpiter , y , 
según otros, el sitio en que residían las 
almas de los héroes , era , en el sentir 
de Anaxagoras , la reflexión de la luz 
solar. La producción de los primeros ani- 
males , era , según él , efecto del calor 
y de la humedad , y después la generación 
ha conservado las especies. Cayó una 
piedra de la atmósfera , de lo que Anaxa- 
goras infirió que el cielo era de piedras , 
que se conservaban unidas en virtud de 
la rapidez de su movimiento , y que si 
esta rapidez llegase á disminuir , toda 
la máquina del mundo se destruiría en 
un instante. 

Anaxagoras creía que lo que hoy e® 
tierra firme llegaría á ser mar , y lo que 
es mar , tierra firme. 

El soberano bien era , en su opinión , 
la contemplación de la Naturaleza , y 
cuando le preguntaban á que había ve- 
nido al mundo , respondía que á con- 
templar el sol , la luna , las estrellas , y 


líS ANAXAGQRÁS. 

las ciernas maravillas. Oyó á un hombre 
lamentarse de que moría en un pais ex- 
trangero. « f Que importa? dijo el filó- 
sofo ; en todas partes hay caminos para 
ir al infierno. » Cuando le dijeron que 
su hijo se había muerto , el mismo fué 
á enterrarle , y dijo : « Bien sabia yo 
que no liabia engendrado un inmortal. » 
La buena opinión de que gozaba Anaxa- 
goras en Atenas , duró poco. Los Ate- 
nienses le acusaron á los magistrados , 
según unos , por traidor , según otros , 
por haber dicho que el sol no era un 
Dios , sino una masa de hierro ardiendo. 
Cuando le intimáron la sentencia de 
muerte respondió con la mayor sereni- 
dad : « Hace mucho tiempo que la Na- 
turaleza ha pronunciado la misma sen- 
tencia contra mis jueces.» Pendes, que 
había sido su discípulo , le defendió con 
tanta energía que los jueces suavizaron 
la sentencia. Le desterráron. y multaron 
ea cinco talentos. Anaxagoras sobrellevó 
esta desgracia con mucha firmeza. Em- 
pleó el tiempo de su destierro en viajar 
por Egipto y otros pueblos, con el fin de 
conversar con los sabios y estudiar las 


ANAKAGORAS. 1.3 
costumbres de las naciones extrangeras. 
Después de haber satisfecha su curiosidad , 
volvió á Clazomenes , su patria. Vio que 
sus tierras estaban incultas y abandona- 
das , y dijo : « Si estas tierras no estu- 
vieran perdidas , lo estaría yo. » Con lo 
que dio á entender que si se hubiera de- 
dicado á cuidar de sus bienes, no hu- 
biera podido dedicarse al estudio de la 
Filosofía. 

Anaxagoras se habla esmerado en ins- 
truir á Pericles y le había ayudado en 
el manejo de los negocios. Pericles no 
se manifestó tan agradecido como debía. 
Anaxagoras viéndose cargado de años , 
pobre y abandonado , se cubrió con su 
manto y resolvió dejarse morir de ham- 
bre. Súpolo Pericles y se afligió en ex- 
tremo. Fue á verle y le rogó que mu- 
dase de decisión. Deploró la desgracia 
del Estado que iba á perder un hombre 
de tanto mérito , y la suya propia por 
perder un consejero tan ulil. Anaxagoras 0 
próximo á espirar, le dijo : « Pericles, 
los que tienen necesidad de luz , cuidan 
de echar aceite á la lámpara. » Antes 
de morir pidió que el aniversario del dia 


i aro 


DEMOCRITO. 
de su fallecimiento , se diese asueto á 
los muchachos de las escuelas , cos- 
tumbre que se conservó largo tiempo. 
Murió de edad de 72 años. 

^WWWIVVW'I'X’WVVWWWW'VVVWWI.WIWW^VV'VVWW'V 

DEMOCRITO, 

Nació el 3 año de la Olimpiada 77 ; murió el 
4 año de la io5 , habiendo vivido 109 años. 

La opinión general es que Democrito 
nació en Abdera. Estudió primeramente 
con los Magos y los Caldeos , que Jerges 
había dejado á cargo de su padre , en 
cuya casa se alojó , cuando hizo la guerra 
ñ los Griegos. Con ellos aprendió la Teo- 
logía y la Astronomía. Leucipo le enseñó 
después la física. Se aficionó de tal ma- 
nera al estudio , que pasaba los dias 
enteros meditando , encerrado en una 
choza que había construido en medio de 
su jardin. Un dia su padre llevó á su 
casa un buey , para sacrificarle á los 
Dioses. Le ató á la choza y encargó á 
Democrito que hiciese el sacrificio ; mas 
Democrito estaba tan absorto que ni oyo 
á su padre ni vió el buey. 


121 


DEMO GRITO. 

Democrito , después de haber estu- 
diado mucho tiempo con Leucipo , quiso 
viajar , para acabar de instruirse. Divi- 
dió la herencia paterna con sus hermanos, 
y tomó para sí el dinero metálico , que 
era la mas pequeña porción de los bienes , 
mas era lo que le convenia para los gastos 
de sus experiencias y viages. Fue á Egipto 
y aprendió la Geometría. Pasó á Etiopia, 
á Persia y á Caldea. Por fin su extraor- 
dinaria curiosidad le impulsó á ir á la 
India , con ánimo de instruirse en la 
ciencia de los Gimnosofistas. Deseaba co- 
nocer á los hombres , mas no quería ser 
conocido. Su manía era vivir incógnito. 
Á veces habitaba en cavernas y entre se- 
pulcros , para que nadie supiese su resi- 
dencia. Sin embargo , se presentó en la 
corte del rey Dario , y hallándose este 
monarca muy afligido por la muerte de 
una muger á quien amaba extraordina- 
riamente , Democrito le dijo que se atre- 
vía á resucitarla , con tal que se hallasen 
tres hombres en el Imperio que no hu- 
biesen tenido jamas motivo de pesadumbre. 
Dario mandó hacer las mas exquisitas 
diligencias para hallar estos tres hombres, 

F 


i22 d km o curro, 

mas en vano. El filósofo entonces hizo ver 
al monarca que no debía darse á la tris- 
teza puesto que no había hombre alguno 
completamente feliz. 

Cuando volvió á Abdera , vivió muy 
retirado y muy pobre , habiendo gastado 
cuanto tenia en viages y experiencias. 
Damasco su hermano le tuvo que dar 
algo para vivir. Había en aquella Repú- 
blica una ley que mandaba que el que 
bahía disipado la herencia de sus padres , 
no pudiese ser enterrado en el sepulcro 
<de estos. Democrito , que se hallaba en 
este caso , congregó al pueblo y leyó 
nna obra intitulada Diacosme , y fuá tanta 
la satisfacción que produjo , que no solo 
se le dispensó de la aplicación de la ley , 
sino que se le dieron cinco talentos y se 
le erigiéron estatuas en los sitios públicos. 

Democrito estaba siempre riendo. Este 
buen humor provenia del conocimiento 
que tenia de la flaqueza humana , y de 
los proyectos ridículos de los hombres. 
Los Abderitanos creyeron que estaba loco , 
y enviaron á buscar á Hipócrates para 
que le curase. Hipócrates pasó á Abdera, 
vio á Democrito y le dió un vaso de 


DEM OC RITO. ia3 

leche. Democrito elijo que aquella leche 
era ele una cabra negra que no habia 
parido mas que una vez. Era en efecto 
asi. Hipócrates admiró su sabiduría y 
conversó con él largo tiempo. Dijo que 
era necesario curar á los Ábderitanos y 
no al que ellos creían loco. 

La doctrina de Democrito , que era 
en gran parte la de su maestro Leucipo , 
se reducia á los principios siguientes : 
« De la nada no se hace nada , y no bay 
cosa alguna que pueda reducirse á nada. 
Los átomos no perecen ni se mudan , 
porque su dureza invencible los pone al 
abrigo de toda alteración. De la reunión 
de los átomos se han formado muchos 
mundos , que perecerán en sus tiempos 
respectivos , y de sus ruinas , se formarán 
otros mundos nuevos. El alma del hom- 
bre , ó el espíritu , es un compuesto de 
estos átomos , como el sol , la luna y 
todos los planetas. Los átomos tienen un 
movimiento giratorio , que es la causa 
de la generación de los seres. El destino 
y la necesidad son efectos necesarios de 
la uniformidad de este movimiento. El 
alma está esparcida en todas las partes 


124 DEM O GRITO, 

del cuerpo , y la sensibilidad general de 
que el hombre está dotado , proviene de 
que cada átomo del alma corresponde á 
un átomo del cuerpo. Los astros se mue- 
ven en espacios enteramente libres ; no 
tienen movimiento mas que hácia Occi- 
dente ; todos ellos están arrebatados por 
la rapidez de un torbellino de materia 
fluida, cuyo centro es la tierra. La ra- 
pidez del movimiento de los astros está 
en razón directa de su distancia de la 
tierra , porque la rapidez del fluido dis- 
minuye á medida que se aproxima á su 
centro. Como las estrellas fijas se mueven 
con mas rapidez que los demas astros , 
acaban su círculo en veinte y cuatro horas , 
y el sol , que se mueve con mas lentitud , 
acaba el suyo en veinte y cuatro horas 
y algunos minutos mas , y la luna , que 
es todavía mas lenta que el sol, en cerca 
de veinte y cinco horas . » 

Dicen que Democrito se privé de la 
vista , por medio de la continua rever- 
beración del sol en una placa de hierro , 
afin de no aplicarse á otra cosa que á la 
meditación. 

Viéndose en una edad sumamente avan» 


EMPEDOCLES. 12 5 
Eada y próximo á morir , eclió de ver 
que su hermana sentiría que muriese 
antes de las fiestas de Geres , porque es- 
taría de luto , y no podría asistir á ellas. 
Democrito mandó llevar á su cuarto un 
gran número de panes calientes , cuyo 
olor le hacia mucho bien , y conservaba 
en la atmósfera de la habitación un ca- 
lor natural. Pasadas las fiestas mandó 
quitar los panes , y murió inmediatamente. 
Tenia 109 años. 

m/uvw» vnuwuwuwuuun mun\ w v\%w\, wv% 

EMPEDOCLES, 

Floreció hácia la Olimpiada 84. 

Empedocles , según la opinión general , 
había sido discípulo de Pitagoras. Nació 
en Agrigento , ciudad de Sicilia , y su 
familia era una de las principales del 
país. Tenia conocimientos extraordinarios 
en Medicina. Era buen orador , poeta y 
muy inteligente en el culto de los Dioses. 
Los Agrigentinos le respetaban extraor- 
dinariamente , y le tenian por hombre 
muy superior al resto de la humanidad. 


J 26 EMPEDOCLES. 

Lucrecio después de haber descrito todas 
las curiosidades de aquella isla , dice qrue 
los Sicilianos miraban como la mayor 
gloria de su patria el haber producido 
un hombre tan eminente. Los sucesos de 
su vida le habian atraído la admiración 
general. Algunos creian que era mágico. 
Gorgias , que era uno de sus principales 
discípulos , decia que le había ayudado 
en el ejercicio de aquel arte , y aun el 
mismo Empedocles dio á entender en sus 
poesías que sabia algunos secretos ex- 
traordinarios , para curar enfermedades , 
rejuvenecer los ancianos, excitar los vien- 
tos , calmar las tempestades , atraer la 
lluvia y el calor , y enfin dar vida á los 
muertos y hacerlos venir del otro mundo. 

Un día los vientos Etesianos soplaban 
con tanta violencia , que todas las cose- 
chas iban á perderse sin remedio. Em- 
pedocles mandó desollar unos asnos hacer 
unas odres con los pellejos y colocar 
sobre los montes , con lo que , dicen que 
los vientos calmaron inmediatamente. 13ra 
muy adicto á la doctrina de su maestro 
Pitagoras, y como este prohibia los sa- 
crificios de animales , Empedocles mandé 


EMPEDOCLES. 52 ? 
hacer un buey de harina y miel , y le 
sacrificó á los Dioses. En su tiempo Agri- 
gento era una ciudad muy considerable , 
puesto que su población subia á 800,000 
habitantes. Llamábanla la gran ciudad , 
y el lujo que reinaba en ella era excesivo. 
Empedocles decia que los Agrigentinos 
se alegraban como si hubieran de vivir 
un día , y edificaban como si hubieran de 
vivir un siglo. No apetecia los empleos , 
y prefirió siempre una vida retirada al 
tráfago de los negocios. Amaba la liber- 
tad y el gobierno popular. Convidáronle 
un dia á comer y viendo que pasaba la 
hora señalada y que los platos no venían , 
se quejó amargamente al amo de la casa , 
el cual le respondió que estaba aguardando 
al decano del senado. Presentóse al fin 
este personage , que fue tratado con el 
mayor respeto , y elegido rey del convite* 
El senador se portó con mucha altivez en 
esta Ocasión. Mandó que los convidados 
no bebiesen mas que vino puro , v al 
que faltaba a este precepto mandaba 
echar un vaso de vino al rostro. Empe- 
docles calló por entonces; pero al dia 
siguiente } convoco al pueblo , y acusó 


3^8 EMPEDO C LES. 

al amo de 3a casa y al senador , diciendo 
que la conducta de estos dos hombres , 
podía abrir la puerta al despotismo , y 
que habían abrado con desprecio de las 
leyes y de las libertades públicas. El 
pueblo irritado los condenó á muerte , y 
aun aseguran que el mismo Empedocles 
los mató. Ejercía tanto influjo en sus 
compatriotas , que estos , siguiendo su 
consejo abolieron el cuerpo legislativo lla- 
mado de los mil , y dispusieron que el 
cargo de magistrado no durase mas que 
tres años, afin de que todos los ciudadanos 
pudiesen ejercerlo. El médico Acron pidió 
al Senado un terreno para alzar un mo- 
numento á su padre , que había sobre- 
salido en su profesión, y habia sido uno 
de los mayores facultativos de su tiempo. 
Empedocles se opuso á esta demanda , 
como opuesta á la libertad que debía 
reinar en una república , y á la regla 
general de que nadie sobresaliese entre 
sus conciudadanos. 

La peste reinaba en Selinunto y bacía 
grandísimos estragos. Empedocles cono- 
ció que esta enfermedad proven ia de la 
corrupción de las aguas de un rio inme- 


EMPEDOCLES. 


129 

cliato á aquella ci adad. Enseguida mandó 
abrir un canal , por el cual desaguaban 
en aquel rio dos arroyos muy puros. 
Esta obra se hizo á sus expensas , é in- 
mediatamente cesaron la corrupción y 
la peste. Los habitantes de Selinunto hi- 
cieron grandes fiestas y tributaron á Em- 
pedocles los mismos honores que á una 
divinidad. 

Empedocles admitía por primeros prin- 
cipios los cuatro elementos , tierra , agua , 
aire y fuego. Entre estos , reina , según 
él , una armonía que los une , y una 
discordia que los separa. Sufren perpetuas 
vicisitudes, pero nunca perecen. Este or- 
den es eterno. Decía que el sol es una 
gran masa de fuego ; que la luna es un 
disco ; que el cielo es de una materia 
semejante al cristal ; que el alma pasa 
indiferentemente a todos los cuerpos , y 
que se acordaba de haber sido niña ? 
pez, ave y planta. 

Hay muchas opiniones acerca de la 
muerte de este filósofo. La mas común 
es que deseando que sus contemporáneos 
le creyesen Dios , sostuvo este papel 
hasta el fin de sus dias , y quiso termi- 

F. 


i3o EMPEDO CLES. 
narlos ele un modo que pareciese prodi- 
gioso. Después de haber curado á una 
muger de Agrigento , que estaba ya aban- 
donada por los médicos , y próxima á 
exbalar el último suspiro , preparó un sa- 
crificio solemne y convidó á mas de 
ochenta personas. Para hacerles creer que 
había desaparecido , cuando se acabó el 
banquete y los convidados fueron á des- 
cansar debajo de los árboles , Empedocles 
subió á la cima del Etna y se arrojó á 
las llamas , sin haber comunicado á na- 
die su designio. Horacio , hablando de 
esto , dice : 

Deus immortalis haberi , 
¡Dura ciipItEmpedocles^rdentemfrigldusiEtíiam 
Insiiuit. . . . 

Empedocles era de un aspecto muy grave. 
Llevaba siempre en la cabeza una corona 
de laurel. Nunca salia á la calle sino en 
compañía de muchas personas que le ha- 
cían la corte. Su presencia inspiraba mu- 
cho respeto. Las sandalias de que usaba 
eran de bronce , y aun por esta circuns- 
tancia dicen que se descubrió su muerte P 
pues la violencia del volcan las arrojó de 


X 


SOCRATES. i3i 

su seno (i). Era buen ciudadano, muy 
desinteresado ; tan aficionado á la igual- 
dad , que dió una gran parte de sus bienes 
á anos ciudadanos pobres, después de 
liaber apaciguado una sedición cuyo ob- 
jeto era establecer un tirano en Agri- 
gento. Murió muy viejo aunque no se 
sabe de que edad. Floreció en la Olim- 
piada 84 , y los Agrigentinos respetaron 
su memoria. 

%\\VVV^ VVV%i\%'VVVl»%VVVAt\X\\.VV V WV'Y W \\\\\\\\\ UWWY 

SOCRATES, 

Nació el año 4 -° de la Olimpiada 77 ; murió el 
i.° de 95 , de edad de 70 años. 

Sócrates , á quien toda la antigüedad 
aclamó el mas sabio y el mas virtuoso de 
los filósofos, era ciudadano de Atenas, 
del pueblo de Alopece. Nació el año 4- X) 
de la Olimpiada 77 , y su padre fue el 
escultor Sofrosino , y su madre , Faraneta , 


(1) El célebre escritor español Feijoo ha com- 
batido este error con argumentos muy sólidos. 



i3a SOCRATES, 

partera. Estudió la Filosofía con Anaxa- 
goras y después con Arquelao , el físico , 
pero , considerando que todas las doc- 
trinas que le habían enseñado sobre los 
fenómenos de la Naturaleza no conducían 
ú nada y no contribuían á hacer al hombre 
virtuoso , se aplicó al estudio de la mo- 
ral , y fundó la filosofía moral en Grecia , 
como lo observa Cicerón , en el libro 
tercero de las Questiones Tusculanas. 

Ya había dicho en el primero de la mis- 
ma obra : « Me parece , y esta opinión 
está generalmente recibida , que Sócrates 
es el primero , que separando á la Fi- 
losofía de la'investigacion de los secretos 
de la Naturaleza , á que los filósofos an- 
teriores se habían aplicado exclusiva- 
mente, la empleó en lo que mas de cerca 
toca á las obligaciones de la vida , de 
modo que solo trató de examinar las vir- 
tudes y los vicios , y en que consisten el 
bien y el mal, diciendo que todo lo que 
respeta á los astros está á demasiada al- 
tura del hombre , y que aunque pudié- 
semos alcanzar aquellos conocimientos , 
en nada podrían contribuir á arreglar 
nuestra conducta. » Su tínico estudio fué, 


SOCRATES. i33 

pues , aquella parte de la filosofía que 
dice relación con las costumbres , y que 
comprende todas las edades y todas las 
condiciones. Este nuevo modo de filoso- 
far tenia en su favor el ejemplo del que 
lo inventó , pues Sócrates fue el modelo 
de los buenos ciudadanos , tanto en la 
paz , como en la guerra. De todos los 
filósofos afamados , él ha sido el único , 
como observa Luciano , que se dedicase 
al ejercicio de las armas. Se halló en dos 
campañas , y aunque fueron funestas al 
partido que defendía , se comprometió y 
dio pruebas de mucho valor. En una de 
ellas , salvó la vida á Jenofonte , que 
cayó del caballo en la retirada , y hu- 
biera perecido á manos de los enemigos , 
si Sócrates no le hubiera sacado del pe- 
ligro , llevándole en hombros gran tre- 
cho hasta que pareció el caballo. En la 
otra , los Atenienses vencidos y derro- 
tados se retiraron , siendo Sócrates el 
último , y mostrando tanto brío , que 
los enemigos no se atrevieron á atacarle. 
Estas fueron las dos solas ocasiones en 
que Sócrates puso el pie fuera de Atenas"', 
muy al contrario de los otros filósofos. 


iH sochates. 

que empleaban muchos años en viajar f 
en conversar con los sabios de las otras 
naciones. Pero como el estudio á que se 
había dedicado se concentraba en el 
hombre mismo , creyó que los viages no 
le enseñarían mas que lo que podria apren- 
der entre sus compatriotas- Y como la 
moral se enseña mas bien con el e j em- 
pío que con la doctrina , se propuso se- 
guir en la práctica , todo lo que la recta 
razón y la virtud exigen. En observancia 
de esta máxima , habiendo sido nom- 
brado senador y prestado juramento de 
dar siempre su voto con arreglo á las 
leyes , se negó á aprobar el decreto en 
que el pueblo condenaba á muerte á 
nueve gefes del ejército , y aunque el 
pueblo se exasperó y muchos hombres 
poderosos le amenazaron . no por esto ce- 
dió , pues no se creía autorizado á vio- 
lar el juramento por dar gusto al pueblo. 

Fuera de esta ocasión , no consta que 
haya ejercido cargos públicos, pero aun- 
que vivia como particular , gozó de tanto 
aprecio en Atenas por su probidad y por 
sus virtudes ; que sus conciudadanos le 
respetaban mas que á los magistrados» 


SOCRATES. i35 

Cuidaba del aseo de su persona y cen- 
suraba á los que no lo hacían asi ; mas 
no dio en el fasto ni en la afectación , 
sino que observaba un justo medio entre 
ambos excesos. Aunque era pobre, dio 
grandes pruebas de desinterés. Daba sus 
lecciones gratuitamente , no como los 
demas filósofos , que sacaban mucho di- 
nero de sus discípulos , exigiéndoles gra- 
tificaciones mas ó menos cuantiosas , se- 
gún los bienes que poseian. Decia que 
no le era fácil entender como se podia 
sacar un provecho pecuniario de la en- 
señanza de la virtud , como si no fuet a 
una ventaja harto sólida y lisonjera ins- 
pirar virtudes á un hombre y acarrearse 
su amistad. 

Antifon , sofista que deseaba desacre- 
ditar una doctrina á la que no tenia 
ánimo de conformarse , le dijo que te- 
nia razón en no tomar dinero de sus 
discípulos , porque era hombre de con- 
ciencia , y sabia muy bien que lo que 
les enseñaba no valia nada. Pero Sócrates 
le confundió fácilmente. Sin embargo , 
nunca tuvo escuela abierta como los de- 
más filósofos de la antigüedad. Daba stts 


i36 SOCRATES, 

lecciones hablando familiarmente con el 
primero que se presentaba. 

La opinión de Sócrates acerca del culto 
que se debía tributar á los Dioses era 
conforme en todo al oráculo de Apolo 
en Belfos : á saber , que cada hombre 
debía adorarlos á su modo y según las 
ceremonias practicadas en su pais. El lo 
hacia asi , y aunque sus facultades no 
le permitían hacer grandes sacrificios , 
creia que los Dioses apreciaban tanto sus 
pobres ofrendas como las suntuosas de los 
potentados. Nada era tan agradable á los 
Dioses, en su opinión , como el ser hon- 
rados por los hombres de bien. La oración 
que les dirigia era muy sencilla y re- 
ligiosa. Nada les pedia , sino lo que ellos 
tuviesen á bien darle , y decia que no 
les pedia riquezas y honores , porque era 
lo mismo que si les pidiese la gracia de 
jugar á los dados , ó la de dar una ba- 
talla , sin saber cual seria el e'sito ni 
quien saldría ganancioso y triunfante. 
Lejos de apartar del culto de los Dioses 
fi los que lo practicaban, creia que era 
su obligación convencer y reducir á los 
que miraban este culto con desprecio. 


SOCRATES. s3y 

Jenofonte cuenta los medios de que se 
valió para conseguir este fin con un im- 
pío llamado Aristodemo y ciertamente 
parece increíble que un hombre educado 
en el paganismo tuviese ideas tan sanas 
y juiciosas como las que encierran los 
discursos que pronunció en esta ocasión. 

Era pobre , como ya hemos dicho , 
pero tan contento con la pobreza , que 
no quiso ser rico , como hubiera po- 
dido serle aceptando los regalos que le 
querían hacer sus amigos y discípulos : 
pero los reusó constantemente , con harto 
sentimiento de su muger , á quien no 
agradaba tanta filosofía. Era tan moderado 
en la comida y en el trage , que el so- 
fista Antifon no cesaba de burlarse de 
su mezquindad , pero Sócrates le hizo ver 
cuanto se engañaba el que creía que la 
felicidad consistia en la abundancia , en 
la holgura y en el deleite. Aunque su- 
mamente rígido consigo mismo , era su- 
mamente indulgente y tolerante con los 
demas. Lo primero que procuraba inspirar 
á sus discípulos era el respeto á los Dio- 
ses , y después la templanza y el odio á 
los placeres sensuales , probándoles que 


s35 SOCRATES, 

privaban al hombre del bien mas apre- 
ciable que poseia , que era la libertad. Sus 
lecciones eran sumamente agradables, pues 
se reducían á conversaciones amistosas , 
sin aparato, sin pían, tratando del pri- 
mer asunto que se ofrecía. Empezaba ha- 
ciendo una pregunta , como el hombre 
que desea instruirse , después , aprove- 
chándose de las respuestas que se le ha- 
bían dado , probaba á sus oyentes la pro- 
posición contraria á la que ellos habían 
establecido al principio dé la conversación. 
Pasaba la mayor parte del dia en estas 
conferencias , y recibía perfectamente á 
los que venían á oirle. Aunque no dejó 
nada escrito , podemos juzgar de su mo- 
ral por lo que de ella han dicho Jeno- 
fonte y Platón. Estos dos escritores , dis- 
cípulos suyos , están perfectamente de 
acuerdo no solo en las doctrinas que le 
atribuyen , sino es en el modo de ex- 
ponerlas r prueba irrecusable de que no 
lian finjido lo que refieren. Platón , sin 
embargo , si hemos de dar crédito al 
mismo Sócrates , le atribuyó cosas que 
nunca dijo. 

¿ Como es posible que un hombre tan 


SOCRATES. s39 

justo , tan moderado , tan religioso , fuese 
condenado á muerte como impio y como 
pervertidor de los jóvenes Atenienses? 
Esta injusticia solo pudo hacerse en tiem- 
pos de desorden y bajo el gobierno se- 
dicioso de treinta tiranos. He aquí lo que 
dió ocasión á tan. odiosa iniquidad. Cri- 
tias , el mas poderoso de estos tiranos , 
habia sido , como Alcibiades , discípulo 
de Sócrates , pero los dos le abandonaron 
cuando vieron que su ambición y destem- 
planza no estaban de acuerdo con los 
documentos del filósofo. Critias hizo mas . 
se convirtió en un encarnizado enemigo 
de su maestro , porque este le censuró 
amargamente una pasión vergonzosa , y 
nada omitió para evitar el logro de sus 
deseos. Asi que cuando se vio dueño del 
poder , lo primero en que pensó fué en 
vengarse de aquel agravio. .Tenia , ade- 
mas , otra razón muy poderosa para de- 
sear la muerte de Sócrates. Este hablaba 
libremente contra los tiranos , y viendo 
cuantos buenos ciudadanos sacrificaban 
¿ su ambición , dijo un dia en presencia 
de muchas personas que no era buen 
baquero aquel cuyas bacas enflaquecíais 


j 


4o SOCRATES, 

continuamente. Critias y su compañero 
Carióles conocieron el sentido de la com- 
paración , y promulgaron inmediatamente 
una ley , prohibiendo en Atenas la ense- 
ñanza del arte de discurrir , y aunque 
Sócrates no había enseñado nunca este 
arte , bien se echaba de ver que el tiro 
iba dirigido á él , y que se le quería 
privar de la libertad de expresar sus sen- 
timientos , como lo hacia de continuo con 
sus amigos. 

Sócrates , sin embargo , no se aco- 
bardó. Se presentó á los dos autores de 
la ley , y les pidió que se la explicasen ; 
pero como las preguntas del filósofo los em- 
barazaban demasiado , le declaráron for- 
malmente que le prohibían entrar en con- 
versación con los jóvenes de Atenas. Só- 
crates quiso saber lo que ellos entendían 
por jóvenes , y le respondiéron que todo 
el que tuviese menos edad de treinta años. 
Le dijeron ademas que no le permitían 
hablar con los artesanos , que ya estaban 
hartos de oirle. « <1 Y que les be de res- 
ponder , dijo Sócrates, si me preguntan 
que es piedad y que es justicia. Respóndele 
lo de las bacas , dijeron los tiranos. » 


SOCRATES. 4i 

Entonces comprendió el filósofo de donde 
venia el enojo , y lo que debía temer de 
semejantes hombres. 

Pero sus enemigos , viendo que no era 
fácil atacarle de frente , teniendo tanta 
reputación de hombre virtuoso y sabio , 
creyóron que seria mucho mejor empe- 
zar desacreditándole y con este objeto 
compuso Aristófanes su comedia intitu- 
lada las Nubes, en que se representa a 
Sócrates enseñando el arte de hacer pa- 
recer justo lo que es injusto. La come * 
dia produjo el efecto deseado. Dado este 
primer paso , Melito se presentó acusando 
á Sócrates de no reconocer los Dioses 
que adoraba Atenas , y de introducir otros 
nuevos ; de corromper á los jóvenes J 
de enseñarles á no respetar á sus padres 
ni á los magistrados. Concluía su acu- 
sación pidiendo que se impusiese á Só- 
crates la pena de muerte. A pesar de todo 
el poder de los tiranos , si Sócrates hu- 
biera querido hacer algo en su favor , 
cierto es que no se hubieran atrevido á 
condenarle , pero la entereza con que 
respondió á su acusador , negándose á 
pagar una multa , porque esto seria re- 


i/ t z SOCRATES, 

conocerse culpable , exasperó á sus ene- 
migos : sobre todo cuando habiéndole 
preguntado que pena creía merecer , res- 
pondió que el pueblo debía mantenerle 
toda la vida. Los tiranos no pudiéron 
sufrir mas , y la pena de muerte fue pro- 
nunciada. Un filósofo llamado Lisias , le 
compuso una apología , para que se sir- 
viese de ella ante los jueces. Sócrates la 
oyó y confesó que era muy buena , pero 
que no la aceptaba porque no le convenia. 
« ¿ Y porque no te conviene , le preguntó 
Lisias , supuesto que convienes que es 
buena ? » Porque , un vestido , respondió 
Sócrates , puede ser muy bueno y no 
estar hecho á mi medida. 

Sócrates estuvo mucho tiempo en la 
cárcel aguardando que se ejecutase la 
sentencia , cuyo retardo se debió á la 
casualidad siguiente ; Los Atenienses en- 
viaban todos los años á Délos un buque 
cargado de regalos , para el templo de 
Apolo , y habían hecho voto de no eje- 
cutar ninguna sentencia de muerte, du- 
rante este viage. El buque había salido 
de Atenas el dia antes de empegarse el 
proceso de Sócrates ; tardó mucho tiempo 


SOCRATES. 143 

*n regresar , por causa de los vientos 
contrarios , y entretanto el filósofo estaba 
en la cárcel , conversando con sus amigos 
y discípulos , como si se hallase libre y 
sin peligro. Un dia fue á verle Criton , 
su íntimo amigo , y , lleno de dolor , 
le dijo que el buque no tardaría en lle- 
gar , pero que era muy fácil evitar la 
muerte que se le preparaba , pues se le 
podia proporcionar un medio seguro de 
escaparse de la prisión , y le suplicó 
con el mayor encarecimiento que abra- 
zase este partido. Sócrates después de 
haberle dado gracias por tan señalada 
prueba de amistad , le probó con ra- 
zones tan sólidas que la acción que le 
proponía era contraria á las leyes , á la 
moral y á la filosofía , que Criton no 
supo que responderle. Llegado el dia en 
que Sócrates debía beber la cicuta fatal , 
que era el suplicio acostumbrado en Ate- 
nas , fueron á verle muchos amigos , 
Atenienses y extrangeros. Estaba con su 
muger , la cual lloraba amargamente , y 
se quejaba con la mayor vehemencia de 
su suerte. Sócrates dijo con la mayor 
serenidad : i< Que se lleven á esa muger. » 



44 SOCRATES. 

Viéndose líbre de este estorbo , empezó 
á hablar de la inmortalidad del alma con 
tanta sabiduría y elocuencia , que los que 
le oian estaban atónitos y llenos de ad= 
miración. Su discurso no fue una vana 
ostentación de elocuencia , sino que su 
objeto principal era inculcar algunas ver- 
dades morales muy dignas de estar siem- 
pre á la vista de los que desean seguir 
el camino de la virtud : por ejemplo , que 
el sabio no debe tener miedo á la muerte 
porque después de esta es cuando el alma 
goza de toda la plenitud de su ser , y 
de su verdadero destino ; que la única 
ocupación digna del alma durante su 
mansión en esta vida , es adquirir todo 
lo que pueda perfeccionarla y ennoble- 
cerla; que la verdadera filosofía consiste 
en aprender á morir ; que para adquirir 
ideas sanas sobre nuestra naturaleza , so- 
bre nuestras obligaciones y sobre el modo 
de desempeñarlas , es necesario huir de 
los placeres , y desprenderse de todas las 
trabas que el cuerpo ofrece al libre ejer- 
cicio del pensamiento ; que la virtud sin 
sabiduría no es mas que una sombra de 
virtud y esclava del vicio ; que si el alma 


45 


SOCRATES, 
se retira del cuerpo , sin señal alguna de 
la corrupción inherente al cuerpo, antes 
bien habiendo procurado combatir los 
apetitos de este , entonces va á reunirse 
A un ser divino , inmortal , lleno de sa- 
biduría , con el cual gozará de una fe- 
licidad inefable , sin error , sin temor , 
sin ignorancia , sin ninguno de los males 
que afligen á la naturaleza humana ; por 
último que lo que debe decidir de la 
suerte eterna del hombre , es el estado 
de su alma , esto es , los vicios con que 
la haya contaminado, ó las virtudes con 
que la haya enriquecido. 

Concluido este discurso empezó una 
escena digna de la admiración de todos 
los hombres , y quizas la mas interesante 
de cuantas presenta la historia. Vamos 
á referirla copiando la narración de un 
testigo ocular (i) : « En seguida Sócrates 
entró en un aposento inmediato para ba- 
ñarse, Criton le acompañó y los demas # 
que estábamos presentes, nos quedáinos 


(i) Fedon en el diálogo de Platón intitulado : 
Fe don . Ó déla inmortalidad del alma. 

G 


46 SOCRATES, 

hablando sobre tocio lo que nos había 
dicho , y lamentándonos de la triste si- 
tuación en que nos íbamos á ver , pri- 
vados del que mirábamos como padre , 
y reducidos á la condición de unos huér- 
fanos infelices. Cuando salió del baño , 
le presentaron sus hijos , que eran tres , 
dos muy pequeños, y otro algo mayor. 
También vinieron las mugeres de su casa , 
á quienes dió algunas instrucciones , y 
después se retiraron con los hijos. En- 
tonces vino á donde nosotros estábamos. 
El sol iba acercándose al orizonte. Casi 
al mismo tiempo entró el criado de los 
Once (i) y acercándose á él , le dijo: 
« Sócrates , contigo no me sucederá lo 
que con los otros reos que se hallan en 
tu situación , porque cuando vengo á de- 
cirles, por orden del magistrado que ya 
es hora de tomar el veneno , se exas- 
peran contra mí y me maldicen. 

Pero tú eres el mas firme , el mas suave 
y el mejor de cuantos han puesto los pies 


(i) El criado del tribunal llamado de loa 
Once , era el que presentaba el veneno á los 
condenados á muerte. 


SOCRATES. i4 7 

era esta cárcel , de modo que á la hora 
esta estoy seguro de que no te quejas de 
mí, sino de los que tienen la culpa de tu 
desgracia. Ahora, Sócrates , ya sabes lo 
que vengo á decirte. Á dios , procura so- 
brellevar con firmeza esta dura necesidad. » 
El criado se echo á llorar al decir estas 
palabras , y se apartó un poco , volvién- 
donos la espalda. Sócrates , fijando en 
el la vista , le dijo : « Acos, amigo mió. 
Seguiré tus consejos. Ved , dijo volvién- 
dose á nosotros , la honradez de este 
hombre. Durante mi encarcelamiento , 
ha venido á verme y á conversar conmigo 
muchas veces. Vale mas que mis jueces. 

¡ Cuan sincero es su llanto ! Querido Gri- 
tón , vamos á obedecerle : que me traigan 
el veneno si está preparado , y si no , 
que lo prepare él mismo. » Gritón le 
dijo que el' sol no se había puesto toda- 
vía , y que muchos reos no tomaban el 
veneno sino mucho tiempo después de 
haber recibido la orden , cenando antes 
y gozando de cuanto apetecen. „ Tendrán 
sus razones para ello , respondió Sócrates, 
y yo tengo ks mías para no hacerlo. 

I*o único T’e ganaré bebiendo mas tarde 


,48 SOCRATES, 

el veneno , será hacerme ridículo , ma- 
nifestando tanto amor á la vida, que de- 
seo prolongarla hasta el último momento. 
Anda, Criton, haz lo que te digo y no 
me atormentes mas. » Entonces Criton 
hizo una seña al criado , el cual preparó 
el veneno y se lo presentó. Sócrates pre- 
guntó que era lo que dehia hacer ; el 
criado respondió que después de tomar 
el veneno debía dar algunos paseos hasta 
sentir alguna debilidad en las piernas , 
y en seguida acostarse de espaldas. Só- 
crates tomó la copa no solo sin alterarse , 
sino con cierto aire de satisfacción , y mi- 
rando al criado le preguntó si era lícito 
hacer libaciones con el veneno , á lo que 
el criado respondió que no habia en la 
copa mas que la dosis necesaria. « Está 
bien , repuso Sócrates , pero á lo menos , 
me será permitido rogar á ios Dioses me 
den un buen viage. » Después de haber 
dicho estas palabras se mantuvo algún 
rato en silencio , y en seguida bebió todo 
el licor contenido en la copa , con una 
apacibilidad maravillosa y que no se puede 
describir. 

Ya no me fué posible contener el llanto , 


SOCRATES. 49 

que liasta entonces había estado compri- 
miendo con los mayores esfuerzos. Cu- 
brí me con el manto y me eché á llorar , 
no por Sócrates , sino por mi mismo 
que tan excelente amigo iba á perder. 
Gritón se había retirado cubierto de lá- 
grimas , y Apolodoro , que no había ce- 
sado de llorar durante toda la conver- 
sación , se puso á gritar , en términos 
que todos estábamos despedazados de do- 
lor. Sócrates no solo permaneció sereno 
sino que nos reprendió nuestra flaqueza. 
«¿Sois vosotros , nos dijo , los hombres 
admirables ? ¿ Donde está la virtud ? Es 
necesario morir con tranquilidad y ben- 
diciendo á Dios. Serénaos pues , y mos- 
trad mas entereza. » Estas palabras nos 
llenaron de confusión y nos obligaron á 
reprimir nuestras lágrimas. Entretanto 
continuaba dando paseos , hasta que sin- 
tió que ya no podía andar mas , y se 
acostó de espaldas. Al mismo tiempo , el 
hombre que le había traido la copa, se 
acercó, y le apretó las piernas, pregun- 
tándole si lo sentía , y respondió que no. 
Sócrates se tentó también , y dijo que 
cuando el frió llegase al corazón , se 


j5o SOCRATES. 

separaría de nosotros. Ya estaba frío el 
vientre, y entonces se descubrió y pro- 
nunció sus últimas palabras : Critorí de- 
bemos un gallo á Esculapio : cumple este 
voto y no lo olvides (i). Gritón respondió 
que asi lo haría , y que viese si tenia obra 
cosa que mandarle. El hombre que le 
había dado el veneno , vio que los ojos 
de Sócrates , fijos en el , daban las til- 
timas miradas. Criton se acercó y le cerró 
los ojos y la boca. » 

Sócrates decía que tenia un genio ó 


(i) Los que han querido justificar á Sócrates 
del espíritu de superstición que indican estas 
palabras, dicen que tal era el respeto con que 
miraba la religión de Atenas, que á pesar de 
estar convencido de su falsedad , quiso confor- 
marse con ella en sus últimos momentos. Dacie-r 
es de opinión que las palabras de .Sócrates tienen 
un sentido simbólico; que el gallo significa el 
alma , y Esculapio, el verdadero médico, esto 
es. la Divinidad, y que lo que debe entenderse, 
es que ponía su alma en manos del verdadero 
médico, para que la curase y purificase. Ter- 
tuliano es de esta opinión. Lo cierto es que en 
todas las conversaciones de Sócrates abundan 
las alusiones á sus doctrinas y que solo asi se 
pueden entender muchos parages. 


1 DI 


PLATON, 
espíritu que le guiaba con sus inspira- 
ciones, sobre lo cual lian escrito libros 
enteros Plutarco , Apuleyo y Máximo de 
Tiro. Murió el primer año de la Olim- 
piada g5 , de edad de 68 años. 

PLATON, 

Nació el primer año de la Olimpiada 88; murió 
el i.° de la io8, de edad de 8i años. 

PlátoSt decendia de un hermano de So- 
Ion , y por consiguiente era de la familia 
de Codro , rey de Atenas. Aristón fué su 
padre y Perictione su madre , aunque 
muchos creyeron que su padre era Apolo , 
sobre lo cual ohserva san Gerónimo , que 
los que inventaron esta fábula no creían 
que un hombre tan sabio pudiese ser hijo 
de un mortal. Su primer nombre fué 
Aristocles , y después se llamó Platón por 
ser muy ancho de espaldas. Dicen que 
cuando estaba en la cuna durmiendo bajo 
un mirto , se acercó un enjambre de 
abejas y se colocó en sus labios, de donde 
udiriéfon que su estilo seria muy suave. 


PLATON. 


Su maestro de gramática fue Dionisio ; 
de retórica , Aristón ; de música , Dra- 
con , y de poesía y pintura , Metelo. 
A la edad de veinte y un años, había 
ya compuesto algunas tragedias , pero 
las quemó después de haber oido á Só- 
crates. Dedicóse enteramente á estudiar la 
doctrina de este filósofo y muy en breve 
dio grandes pruebas de virtud. Los poetas 
Antimaco y Nicerato , compusiéron ver- 
sos en honor de Lisandro , que fue el 
que fundó la tiranía en Atenas. Lisandro 
debía dar un premio al poeta que sobre- 
saliese en estos elogios, y le dio á Ni- 
cerato. Antimaco se exasperó mucho al 
saberlo , pero Platón le consoló , di- 
ciéndole , que el juez era mas digno de 
compasión que él , porque la ignoran- 
cia es un mal mas terrible para los ojos 
del espíritu , que la ceguedad para los 
del cuerpo. 

Los tiranos de Atenas quisieron que 
Platón fuese de su partido y le ofrecieron 
empleos importantes. El no los admitió' , 
.porque aunque deseaba ser útil á su pa- 
tria , conocía que , estando esta gober- 
nada por aquellos hombres crueles y 


PLATON. i53 

ambiciosos , nada podría hacer en su favor. 
En breve fueron expulsados los tiranos 
y mudado el gobierno , mas este no era 
mejor que el que le había precedido. 
Platón perdió enteramente las esperanzas 
de ser útil á Atenas , y se dedicó de un 
todo á la filosofía , creyendo que de esta 
dependía la felicidad de los Estados. Por 
aquel tiempo asistió á las lecciones de 
Cratilo , que enseñaba la filosofía de He- 
raclito y á las de Hermogenés que en- 
señaba la de Parmenides. Pasó á Megara 
para ver á Euclides , y á Cirene para 
perfeccionarse en las matemáticas. Visitó 
el Egipto y tuvo mucho trato con los 
sacerdotes de aquel pais , los cuales le 
dieron á leer los libros de Moisés y los 
de ios Profetas. En seguida hizo un viage 
á Italia , con el designio de aprender la 
filosofía Pitagórica , después de lo cual , 
y teniendo cuarenta años , fue á Sicilia , 
solo para ver las curiosidades de aquella 
isla. Este viage , sin embargo , tuvo un 
gran influjo en la suerte de los Sicilianos. 
Dionisio , el anciano , reinaba en la isla , 
y su favorito era Dion su cuñado , hombre 
ele bellas disposiciones , pero pervertido 

G. 


por los cortesanos , y aficionado al des- 
potismo , al lujo y á la sensualidad. Dion 
ojó á Platón , se prendó de su saber , 
se aficionó á la filosofía que enseñaba , 
y conociendo sus errores , quiso que Dio- 
nisio oyese al filósofo , creyendo que este 
le convencería. Dionisio consintió en ello 
y tuvo una larga conferencia con Platón. 
Dionisio que , por su propia experiencia , 
sabia cuan sensatas eran las opiniones po- 
líticas de este , no queriendo , sin em- 
bargo , cederle , le dijo que sus discursos 
olian á rancio. « Y las tuyas, respondió 
Platón , huelen á tirano. » Dionisio , que 
no estaba acostumbrado á oir ki verdad , 
le preguntó irritado , que había venido 
á hacer á Sicilia. « He venido, respondió 
Platón , á buscar un hombre de bien. 
Parece , repaso Dionisio , que todavía no 
le lias encontrado. » En otra conver- 
sación no menos acalorada que íuviéron 
después , Dionisio le citó este pasage de 
Sófocles : « El que nació libre , si va á 
la corte, es esclavo. » Platón alteró el 
pasage en la forma siguiente : « El que 
nació libre , sabe conservarse libre aun- 
que vaya á la corte. * Dion , que temía 


PLATON. 1 55 

las consecuencias de estas disputas , pidió 
a Dionisio diese permiso á Platón de res- 
tituirse á Grecia , aprovechando la salina 
de un buque que iba a Lacedemonia con 
un embajador. Dionisio la concedió , ) 
dio al embajador la orden secreta de ma- 
tar d Platón ó de venderle como esclavo. 
El embajador le dejó en la isla de Egina , 
donde se daba muerte á todos los Ate- 
nienses que llegaban. Platón fué presen- 
tado á los j ueces , cuando uno de los 
concurrentes dijo chanceándose, que aquel 
hombre no era Ateniense sino filósofo. 
Esto le salvó la vida , pero fué conde- 
nado á la esclavitud. El que le compró 
le puso en libertad y no quiso que se le 
restituyese el dinero que le había cos- 
tado , diciendo que no eran los Atenien- 
ses solos j los que apreciaban el mérito 
del filósofo. 

Dionisio murió , y le sucedió su hijo 
D ionisio el joven, príncipe mal educado, 
y que se dio á todos los vicios. Dion le 
daba muy buenos consejos , y finalmente 
le dijo que solo Platón podría enseñarla 
á gobernar con acierto. Dionisio entonces 
tuvo vivísimos deseos , de ver á Platón , 


i56 PLATON, 

y le envió un correo con cartas suyas , de 
Dion y ele los filósofos Pitagóricos que 
habia en la isla , en que le rogaban en- 
carecidamente pasase á ella , sin perder 
tiempo. Platón, al principio, se resistió, 
mas después consideró que su viage po- 
dría tener los mas felices resultados , y se 
decidió á emprenderle. Fue recibido por 
Dionisio y por el pueblo con honores 
que solo se tributaban á los Dioses. Dio- 
nisio empezó á sacar provecho de las 
lecciones de Platón , y esto era tan con- 
trario á las miras de los palaciegos , que 
resolvieron deshacerse de tan importuno 
consejero. Habiendo aconsejado Platón al 
rey que disminuyese su ejército y su 
escuadra, aquellos intrigantes dijeron al 
monarca que la intención de Platón era 
dejarle sin defensa , para que los Ate- 
nienses atacasen sin dificultad á Sicilia. 
Dionisio se encolerizó , pero descargó 
toda su ira en Dion, á quien desterró 
á pesar de Platón , creciendo en tales tér- 
minos la amistad que á este profesaba , 
que llegó á tener zelos de el, como de 
una querida. Le alojó en su propio pa- 
lacio, afin de que no se escapase, y le 


PLATON. i5; 

ofreció sus tesoros , con tal de que le 
amase mas que á Dion. Platón le respon- 
dió : « Nunca te amaré mas que á Dion , 
pero te amaré tanto , cuando seas tan. 
sabio como él. » Dionisio le amenazó con 
la muerte , después le pidió perdón , y 
Platón hubiera querido mas bien el odio 
que el cariño de un hombre tan arre- 
batado é imperioso. Por fin , sobrevino 
una guerra y Dionisio puso en libertad 
á Platón , á quien quiso dar inmensas 
riquezas ; mas Platón no las admitió y 
solo le pidió el cumplimiento de la pa- 
labra que le había dado de alzar el des- 
tierro de Dion , cuando se hiciese la paz. 
Estando para embarcarse Platón, Dioni- 
sio le dijo : « ¡ Cuan mal hablarás de 
mí cuando estes con tas discípulos en la 
Academia ! No permita Dios , respondió 
Platón , que vayamos á perder el tiempo 
en la Academia hablando de Dionisio. s> 
Antes de ir á Atenas pasó á Olimpia á 
ver los juegos. Allí vivió con unos ex- 
trangeros ilustres , á quienes solo dij'o 
que se llamaba Platón , y su trato era 
tan modesto y sencillo , que ellos íe tu- 
vieron por un hombre ordinario. Aunque 


1 58 PLATON, 

estaban prendados de sus buenas mo- 
dales , nunca pudieron imaginarse que 
aquel Platón fuese el filósofo que de tanta 
fama gozaba. Terminados los juegos , 
fueron juntos á Atenas, y Platón los alojó 
en su casa. Inmediatamente que llegaron , 
los extrangeros le suplicáronlos presentase 
á aquel célebre discípulo de Sócrates , 
que se llamaba Platón , como él. En- 
tonces se descubrió y sus huéspedes , 
llenos de admiración , le confesaron que 
para cautivar el aprecio de cuantos le 
tratasen , no necesitaba mas que de su 
amabilidad , sin la filosofía. 

Poco tiempo después , Platón dió unos 
juegos al pueblo, y permitió que Dion , 
que se hallaba en Atenas , costease los 
trages y pagase otros gastos , afin de que 
se grangease partido entre los Atenienses. 
Dionisio terminó la guerra , y deseando 
borrar la mala impresión que podría ha- 
cer en los filósofos su conducta con Pla- 
tón, reunió á muchos de ellos en su pa- 
lacio , y celebraba academias en que 
repetía , sin venir al caso , todo lo que 
habla oido decir á Platón. Pronto se le 
agotó su saber, y entonces conoció cuan 


PLATON. 1 5j 

mal había hecho en no aprovecharse de 
sus lecciones. Despertóse de nuevo en su 
corazón el deseo de verle ; hizo que el 
poeta Arquitas le escribiese aconseján- 
dole que pasase á Sicilia , y no satisfecho 
con esto le envió una galera y una em- 
bajada compuesta de muchos personages 
y del filósofo Arquidemo , el cual era 
portador de una carta concebida en los 
términos siguientes : « Lo que con mas 
ansia deseo , es que vengas pronto á Si- 
cilia. Haré en favor de Dion todo lo que 
tú quieres , pues no puedes querer sino 
lo justo. Pero sino vienes, declaro que 
no haré nada que pueda serte agradable, 
ni en los negocios de Dion , ni en nada. » 
Esta carta exasperó á Platón , pero Dion 
le rogó que accediera á los deseos del 
monarca , y lo mismo le pedían en sus 
cartas todos los filósofos que se hallaban 
á la sazón en Sicilia. Platón cedió , y 
los Sicilianos , al verle en la isla , creye- 
ron que Dionisio seguiría sus consejos , 
y reinaría con moderación y justicia , 
y Dionisio le recibió con las mas ex- 
traordinarias muestras de afecto. Pero muy 
en breve conoció el filósofo que el tirano 


PLATON. 


1 6 o 

solo quería satisfacer su vanidad , y no 
tardó en experimentar nuevos disgustos. 
Lejos de poner un término á la perse- 
cución de Dion , sus bienes fueron ven- 
didos á pública subasta , y Platón es- 
tuvo en un verdadero cautiverio , puesto 
que no podia conseguir el permiso de 
retirarse de nuevo á Atenas. Lo logró , 
por fin , después de muchas dificultades 
y reyertas , y al pasar por el Peloponeso , 
encontró en los juegos Olímpicos á Dion , 
á quien refirió todo lo ocurrido , y que 
juró vengarse de su perseguidor, no obs- 
tante las sabias reflexiones que Platón le 
hizo para disuadirle de este intento. Dion 
pasó á Sicilia con tropas , destronó al 
tirano , y marchitó su gloria , permitiendo 
el asesinato de Heraclides. Este crimen 
no permaneció largo tiempo impune. Dion 
murió á manos del Ateniense Galipo, en 
medio de sus triunfos y prosperidades. 
Los Sicilianos escribieron á Platón , pi- 
diéndole que les aconsejase lo que debían 
hacer en la triste situación en que se 
hallaban , porque había facciones en la 
isla , y unos querían restablecer la tiranía 
y otros estaban por el gobierno popular, 


PLATON. 162 

Platón les respondió , que un Estado no 
podría ser jamas dichoso ni con la tira- 
nía , ni con el abuso de la libertad ; que 
lo mejor era obedecer á un rey sometido 
á las leyes ; que la libertad desmedida y 
la servidumbre, eran igualmente peligro- 
sas , y producían casi los mismos efectos ; 
que la obediencia que se tributa á los 
hombres suele no tener límites , porqué 
no los tiene su codicia ; que la que se 
tributa á Dios es moderada , porque Dios 
no cambia , y siempre exige lo mismo 
de los hombres ; que esta obediencia es 
la tínica que puede hacer á los pueblos 
felices ; y que para obedecer á Dios , es 
necesario ceder á la ley. En seguida les 
daba consejos muy sabios sobre el go- 
bierno que debían adoptar , y las leyes 
que debían establecer. 

Platón murió cinco años después de 
estos sucesos , y pasó todo este tiempo 
empleado en enseñar la filosofía , sin en- 
trometerse en los negocios públicos. No 
quiso dar leyes á los Cirenianos ni á los 
Tebanos ; á aquellos porque amaban de- 
masiado las riquezas ; á estos porque no 
amaban la igualdad. En sus costumbres 


i 6a PLATON, 

y modales , Platón observó escrupulosa- 
mente la mas prudente moderación. Ja- 
mas se rió con exceso ; jamas se encole- 
rizó. Su sobrino Pseusipo , arrojado de 
la casa paterna por causa de sus vicios 
y desórdenes , buscó un asilo en casa de 
Platón, el cual le acogió , y vivía con 
el , como si no tuviera la menor noticia 
de la depravación de su conducta. Los 
amigos de Platón le echaron en cara 
esta excesiva cotídecendencia ; mas él les 
respondió que el mejor modo de corregir 
á Pseusipo , era su ejemplo. En efecto , 
el joven se aficionó á la filosofía y solo 
trató de imitar el modelo que tenia á la 
vista. Su modo de hablar suave y con- 
vincente , hacia mucha impresión en los 
que le escuchaban. Tuvo algunos amo- 
res , mas se mantuvo siempre soltero. 
Amó tiernísimamente á sus hermanos , 
odiaba la venganza , y respondía con 
chistes á las injurias de sus enemigos. 
Dando un dia un banquete á varios ami- 
gos de Dionisio , entró Diogenes con los 
pies muy sucios , y paseándose por la 
sala, cubierta de bellas alfombras, dijo: 
« Estoy pisando el orgullo de Platón. » 


PLATON. ití3 

Platón respondió : « Estás pisando mi or- 
gullo con otro orgullo. » Platón decía 
que el hombre era un animal bípedo , y 
sin plumas. Diogenes desplumó un gallo , 
y le presentó á los Académicos, dicien- 
doles : « Ahí teneis al hombre de vuestro 
maestro. » Diogenes decía : « Me echan 
en cara mis amigos , que siempre estoy 
pidiendo , y que Platón no pide nunca. 
La diferencia que hay entre los dos es 
que yo pido en alta voz , y Platón al 
oido. » 

Las doctrinas de este filósofo han ejer- 
cido tanto influjo en las escuelas, que 
no nos parece inoportuno dar una ligera 
idea de sus principios fundamentales. Su 
modo de raciocinar consistía en asegurar 
lo cierto , examinar lo dudoso , y abste- 
nerse de pronunciar sobre lo incierto y 
poco probable. Por esto seguía á llera- 
dito en las cosas que se pueden percibir 
por los sentidos ; á Pitagoras en todo lo 
relativo á la inteligencia ; á Sócrates en 
la Moral y en la Política. La perfección 
moral consistía , según su opinión , en 
vivir según la Naturaleza , es decir , con- 
forme á la voluntad de Dios. Dividía los 


i64 PLALON. 

Llenes liu nnanos en dos clases; Llenes del 
cuerpo , y Llenes de la vida. Los pri- 
meros son puramente físicos ; los segun- 
dos , los medios que sirven á poner en 
práctica la virtud , como la riqueza , y 
la buena opinión. Los bienes divinos son 
los que residen en el alma , y de estos 
hay dos clases ; bienes naturales y bienes 
morales. Aquellos son las buenas dispo- 
siciones de la parte intelectual ; estos , 
los frutos que se sacan de su cultivo , 
como la sabiduría , la práctica de la 
virtud. 

Sus teorías políticas lian parecido ge- 
neralmente quiméricas , quizás porque 
propenden á una perfección de que los 
hombres no se creen capaces. El gobierno 
que prefería era el monárquico , pero 
sujetando el poder del monarca á la ley, 
y caracterizando de tiranía , toda auto- 
ridad que se ejerce á costa del bien ge- 
neral. El objeto de su plan legislativo era 
formar una sociedad sin pobreza ni ri- 
queza , gobernada por las reglas de la 
justicia y de la virtud. Para conseguir 
este fin establece un sistema admirable de 
educación , fundado en el conocimiento 


PLATON. i65 

de Dios ; impone penas severas á los im- 
píos y á los blasfemos ; probibe los cultos 
particulares ; establece las reglas que se 
han de observar en las fiestas públicas y 
en la música, cuyo influjo en los pueblos 
antiguos era tan extraordinario ; enfin ar- 
regla todas las acciones de la vida pú- 
blica y privada , encaminándolas al bien 
de la sociedad y á la felicidad de los que 
la componen. 

En su sistema físico -metafísico , porque 
asi podemos llamar á la Física de Platón , 
que comprende también el conocimiento 
de las facultades mentales , establece por 
primera regla que el hombre no puede 
conocer la verdad en el estudio de la Na- 
turaleza , y que debe limitarse á buscar 
la verosimilitud , siendo la mas segura , 
en cuanto á la clasificación de los seres, 
la división de todo lo que existe en es- 
píritu y cuerpo. La materia , según Pla- 
tón , existe desde la eternidad , aunque 
en esta parte se contradice , porque opina 
que el espíritu fué creado y que es an- 
terior a la materia. Las primeras cosas 
creadas , fuéron la tierra y el fuego , las 
cuales, siendo contrarias, no pudieron 


iGG PLATON, 

estar mucho tiempo unidas. En efecto , 
el Gran Operario del Universo las separó, 
formando el aire y el agua , y estable- 
ciéndolos como término medio entre el 
fuego y la tierra por medio de la ar- 
monía numérica. En este estado , el mundo 
era sólido , pero no perfecto , y lo fué 
cuando recibió un alma , destinada á go- 
bernarle , y á mantener la concordia , en 
la discordia de los elementos. El Ser Crea- 
dor imprimió después el movimiento á la 
materia , y satisfecho de su obra , y de- 
seoso de perfeccionarla , le dio una imagen 
de la eternidad , que es el tiempo , cuyo 
origen es la creación de los cielos. Des- 
pués de las cosas visibles fueron formadas 
las invisibles, esto es, los genios y los 
demonios. También se formaron enton- 
ces á un mismo tiempo las almas de 
todos los hombres que han existido , 
existen y existirán. Las opiniones de Pla- 
tón sobre la Metempsícosis han parecido 
muy obscuras á sus comentadores : lo 
que no tiene duda es que creía que las 
almas , después de la muerte , volvían á 
animar otros cuerpos. Platón , aunque 
fundado en ideas muy inexactas sobre la 


PLATON. 167 

Anatomía , tía una hermosa explicación 
de los miembros del cuerpo humano , 
con el designio de hacer yer cuan bien 
responden á las miras de la Divinidad , 
su configuración y su uso. Divide el alma 
en tres partes , ó por mejor decir , le da 
tres cualidades fundamentales : á saber, 
la racional, la irascible y la concupiscible. 
Concluiremos este bosquejo citando la cé- 
lebre definición del Ser Supremo , dada 
por nuestro filósofo. « Dios es único , 
dice , eterno , inmutable , incomprensi- 
ble. Ha formado y ordenado todas las 
cosas con su sabiduría , y las mantiene 
y conserva con su providencia. Está en 
todas partes y en ninguna se comprende. 
Está en todas las cosas , y no es ninguna 
de las cosas que existen por él y que de 
él han recibido el ser. Es mayor que la 
ciencia. Todo lo ve , todo lo oye y co- 
noce y penetra los pensamientos mas se- 
cretos. Llena la profundidad de los .abis- 
mos y la inmensidad de los cielos. El es, 
y en el están la ciencia , los bienes , las 
virtudes, la luz y la vida. Es infinitamente 
bueno, é infinitamente justo. Ama á los 
hombres , y ios ha criado para que sean 


¡68 PLATON, 

felices ; pero como es la misma justicia 
y la misma santidad, no da la felicidad 
sino es á los que se le parecen en justicia 
y santidad , y castiga á los que corrompen 
el carácter sagrado que les liabia impreso , 
criándolos á su imágen. » 

El estilo de Platón , como dice Aris- 
tóteles , es un medio entre la elevación 
de la poesía , y la sencillez de la prosa. 
Cicerón dice que si Júpiter se dignase 
hablar á los hombres , emplearla el es- 
tilo de Platón. Panecio le llamaba , el 
Homero de los filósofos. 

Platón , á quien toda la antigüedad 
dio el sobrenombre de Divino , por la 
elevación de sus opiniones y de su es- 
tilo , murió el primer año de la Olim- 
piada 108, el mismo dia en que habla 
nacido, siendo de edad de 81 años. 


ANTISTENES. 


163 

mviuuviw\Mrtww%u.vmu\Mu\uxi'HV\v\v\’, 

ANTISTENES, 

Contemporánea de Platón. 

Después de la muerte de Sócrates, sus 
discípulos se dividieron en tres sectas : 
Cínica , Académica y Cirenáica. Antis- 
tenes fue el gefe de los Cínicos , denomi- 
nación cuyo origen es dudoso , pues los 
unos la atribuyen á la vida que hacían 
aquellos filósofos , parecida á la de los 
perros , en su poco aneo y falta de pu- 
dor , los otros á la puerta de Atenas , 
llamada Cinosargas , que era su punto 
de reunión. 

Antisten.es era hijo de un Ateniense 
del mismo nombre , y de una esclava. 
Cuando le echaban en. cara que su madre 
era Frigia - contestaba : « ¿ Que importa ? 
Cibeles, madre de los Dioses , era del 
mismo pais. » Su primer maestro fué el 
orador Gorgias. Después puso una escuela 
privada , y como era muy elocuente , 
acudía mucha gente á oirle. Fué á ver 
á Sócrates , movido de la curiosidad que 

II 


iyo ANTISTENES. 

le había causado su gran reputación , y 
volvió tan satisfecho , que .repitió la vi- 
sita en compañía de todos sus discípulos , 
y con ellos se alistó en la escuela de Só- 
crates , y cerró la suya. Vivia en el puerto 
del Píreo , y andaba cada dia mas de 
cuarenta estadios , por el gusto de oir á 
Sócrates. Antistenes era muy austero en 
sus costumbres y en su modo de vivir. 
Rogaba á los Dioses que le diesen la lo- 
cura mas bien que el apego á los placeres. 
Trataba con severidad á sus discípulos. 
Cuando le preguntaban que causa tenia 
para ello , respondía : « Asi hacen los 
médicos con los enfermos. » El fue el 
primero que usó los distintivos de la secta 
Cínica , que se reducían a un gran manto , 
á una mochila y á un bastón. Esto era 
todo lo que poseían , y con estos bienes , 
decían que eran mas felices que Júpiter. 

Se dejaba crecer la barba y no cui- 
daba de su persona. Solo se empleaba en 
estudiar la moral , y decía que las otras 
ciencias eran inútiles. El soberano bien 
á que aspiraba era la virtud y el despre- 
cio del fasto. 

Todos los Cínicos vivían con mucha 


ANTISTENES. >7*' 

austeridad. No comían mas que frutos y 
legumbres. Solo bebían agua , y dormían 
en el suelo. Decían que la mayor exce- 
lencia de los Dioses era no necesitar de 
nada , y que los hombres que mas se 
acercaban á la Divinidad , eran los que 
menos necesidades tenían. Despreciaban 
la riqueza , la nobleza , y todas las ven- 
tajas que proceden de la Naturaleza y 
de la fortuna. De nada se avergonzaban , 
ni aun de las cosas mas infames. No co- 
nocían la decencia , ni tenían consideración 
con nadie. Antistenes tenia mucha suti- 
leza de ingenio , y un trato tan agra- 
dable , que persuadía á los que le escu- 
chaban. En la batalla de Tanagra, dio 
pruebas de gran valor , lo que , sabido 
por Sócrates , le causó mucha alegría. 

Sócrates le vio eii cierta ocasión , ha- 
ciendo ostentación de un manto roto. 
« ¡ O Antistenes ! le dijo el filósofo , los 
agugeros de tu manto descubren tu or- 
gullo. Guando Antistenes oía que los Ate- 
nienses se jactaban de ser indígenas del 
país que habitaban , se burlaba de ellos, 
dicióndoles : « Lo mismo les sucede á las 
tortugas y á los caracoles. » Decía que 


t 7 2 'ANTIS TEN ES. 

la ciencia mas necesaria era desaprender* 
el mal. Un hombre le presentó á un hijo 
sujo , para que fuera su discípulo , y le 
preguntó de que necesitaba para entrar 
en su escuela. El filósofo le dijo que era 
necesario llevase un libro nuevo , una 
pluma nueva y unas tablas nuevas , dando 
á entender , que el alma de su hijo debía 
ser como una cera nueva, dispuesta á 
recibir nuevas impresiones. Preguntáronle 
que era lo que el hombre debia desear , 
y respondió : « Morir dichoso. » Se irri- 
taba contra los envidiosos á quienes roía 
la ojeriza contra los buenos. Creia que 
era mejor ser cuervo que envidioso , por- 
que los cuervos viven de carne muerta y 
el envidioso ataca á los vivos. Dijéronle 
que la guerra destruia á muchos desgra- 
ciados. « Mas son los que hace , respon- 
dió , que los que destruye. » Cuando le 
pedían que diese alguna idea de la Di- 
vinidad, respondía que no se parecía á 
nada de cuanto existía , y por consi- 
guiente que era una locura querer re- 
presentarla con imágenes sensibles. Decia 
que debemos respetar á nuestros ene- 
nugos , porque ellos son los primeros que 


ANTISTENES. iy3 

conocen nuestras faltas y las publican , 
y por esto nos eran mas útiles que nues- 
tros amigos, ciándonos ocasión de cor- 
regirnos. 

He aquí algunos de sus Apotegmas, 
A Mas debemos apreciar á un amigo que 
á un pariente , porque los lazos de la 
virtud son mas fuertes que los de la sangre. 
Mejor es ser del pequeño número de sa- 
bios , que del gran número de necios. 
Cuando los malos nos elogian , es señal, 
de que hemos obrado mal. El sabio no 
observa otras leyes que las de la virtud. 
Á los ojos del sabio nada es nuevo ni 
extraño , porque todo lo ha previsto , y 
á todo está dispuesto. La nobleza y la 
sabiduría son una misma cosa , y asi no 
hay otro noble que el sabio. El medio 
mas seguro de llegar á la inmortalidad , 
es vivir según los preceptos de la virtud. 
Deseemos á nuestros enemigos todos los 
bienes que pueden desear , excepto la sa- 
biduría. El deleite es bueno para los hijos 
de nuestros enemigos. El que tiene una 
muger hermosa y la deja salir adornada , 
debe tener buenas armas y un buen ca- 
ballo para defenderla. Si no , que no le 


*74 ANTISTENES. 

permita salir á la calle. El labrador no 
pone al arado asnos y caballos indistin- 
tamente , porque sabe que los asnos no 
sirven para labrar la tierra. Pero los Ate- 
nienses cuando eligen un magistrado , no 
miran si sirve para gobernar. El filósofo 
puede hablar con hombres de mala vida , 
como el medico trata con los enfermos . 
■sin enfermar. El provecho que he sacado 
de la filosofía es poder conversar conmigo 
mismo, y hacer de buena voluntad lo que 
©tros hacen por fuerza. » 

Antistenes vivió siempre muy recono- 
cido á Sócrates , por las lecciones que 
le había dado. El fue quien vengó la 
muerte de aquel gran hombre , porque 
habiendo acudido muchos extrangeros á 
Atenas con deseo de oirle , sin saber su 
muerte , Antistenes los llevó á casa de 
Anito , y les dijo : « Ved aquí un hombre 
mas sabio que Sócrates , puesto que el 
es quien le ha acusado. » Anito fue arro- 
jado de la ciudad, y Meiito , otro acu- 
sador de Sócrates , murió á manos de 
aquellos extrangeros. 

Antistenes cayó malo de una tisis , y 
parece que el deseo de vivir le hizo pre- 


ARÍSTÍPO. t 7 5 

ferlr una vida penosa á una muerte pronta. 
Diogenes entró un dia á verle , y Antis- 
tenes exclamó : « ¿Quien me librará de 
los males que padesco ?.» Diogenes sacó 
entonces un puñal que llevaba oculto de- 
bajo del manto. Antistenes le respondió 
que deseaba librarse de los dolores , mas 
no de la vida. 


ARÍSTÍPO, 

Contemporáneo de Platón. 

Aristipo era natural de Cirene , en Libia. 
Vino á establecerse á Atenas, solo por 
oír á Sócrates. Fue uno de los principales 
discípulos de este filósofo , pero su vida 
no era arreglada á los principios que se 
enseñaban en su escuela. Fundo la secta 
Cirenáica, que tomó el nombre de Ci- 
rene , su patria. 

Aristipo tenia mucbo ingenio y expre- 
siones vivas y agudas. Hablaba muy agra- 
dablemente y chanceaba sobre todos los 
asuntos. Nada le gustaba tanto como adu- 
lar á los reyes y potentados , los hacia 


i 7 6 ARISTIPO. 

reir y les sacaba , de este modo , todas 
las gracias que les pedia. Cuando ellos 
le insultaban , el decia que aquello era 
una chanza , y asi nunca se indisponía 
con ellos. Era tan diestro , que conseguía 
con maña y astucia todo lo que deseaba. 
Se hallaba bien en todas partes y ha- 
blaba á cada cual en su lengua. Platón le 
solia decir : « Eres el tínico hombre que 
sabe acomodarse á los remiendos y á la 
púrpura. » Horacio dice que Aristipo 
sabia representar todos los papeles , y 
que aunque quería tener mas , estaba con- 
tento con lo que tenia. Dionisio de Sira- 
■cusa. le apreciaba mas que á todos sus 
cortesanos. Aristipo iba muchas veces á 
Siracusa solo por gozar de la buena mesa 
de aquel tirano. Cuando se fastidiaba iba 
á pasar otra temporada con algún gran 
señor. Diogenes le llamaba el perro real , 
porque siempre estaba en las cortes de los 
príncipes. 

Dionisio le escupió un dia al rostro , 
acción que fué desaprobada por los que 
estaban presentes ; pero Aristipo se echó 
á reir , y les dijo : « Los pescadores se 
mojan todo el cuerpo solo por coger un 


pezecillo , ¡y yo no me dejaré mojar el 
rostro por coger una ballena ! » En otra 
ocasión Dionisio , que estaba muy enfa- 
dado con el, le dijo al tiempo de ir á 
comer, que se sentase en el lugar mas 
inferior de la mesa. « Sin duda , respon- 
dió Aristipo , quieres que el lugar mas 
inferior sea el mas honrado. » Aristipo fué 
el primer discípulo de Sócrates que exi- 
gía dinero de los que venian á oir sus 
lecciones, y para autorizar esta costumbre, 
envió veinte minas á Sócrates ; mas este 
no las admitió y desaprobó la codicia de 
Aristipo , el cual no hizo caso. Cuando 
le echaban en cara la diferencia que había 
entre su conducta y la de su maestro , 
respondía : « Hay una gran diferencia 
entre el y yo. Todos los ricos de Atenas 
envían á Sócrates cuanto necesita , y yo 
tengo apenas un mal esclavo que me 
cuide. » Un Ateniense quiso poner un 
hijo suyo en la escuela de Aristipo , en- 
cargándole que se esmerase en su ense- 
ñanza. Aristipo le pidió cincuenta dracmas. 
El Ateniense respondió que con esta suma 
podia comprar un esclavo. « Pues bien , 
le dijo Aristipo, cómpralo y tendrás dos. » 

H. 


'17S A SIS TIPO. 

No era , sin embargo avaro , y sólo «.le- 
seaba tener dinero para gastarlo. Hallán- 
dose un día en úna embarcación , le di- 
jeron que esta era de unos corsarios. 
'Aristipo sacó todo el dinero que tenia „ 
lo contó y lo arrojó al mar. «Vale mas f 
dijo , pei’der el dinero , que morir por 
causa del dinero. » 

En otra ocasión , viendo que el esclavo 
que le seguía con un saco de dinero , no 
podia andar tan de prisa como él le dijo 
que no llevase mas de lo que pudiese , y 
que arrojase lo demas. Gustaba de co- 
mer bien , y daba cualquier dinero por 
un buen bocado. Habiendo dado una vez 
cincuenta dracmas por una perdiz , uno de 
los que estaban presentes , censuró esta 
prodigalidad. « Si la perdiz no costara 
mas que un óbolo , le preguntó el filósofo 
¿la comprarías? Sin duda, dijo el otro. 
Pues bien , repuso Aristipo. Tanto caso 
bago yo de cincuenta dracmas , como tú 
de un óbolo. » Otra vez clió mucho di- 
nero por unas golosinas. También le de- 
saprobó un testigo , y Aristipo le dijo : 
« Tú darías tres óbolos por todo esto ; 
asi pues , eres tan avaro como yo goloso. >l 


ARISTIP O. i 79 

Cuando criticaban lo mucho que gastaba 
en comer bien decía que si los buenos 
bocados tuvieran algo de malo , no se da- 
rían tantos banquetes en las fiestas de los 
Dioses. 

Estando Diogenes lavando unas yerbas 
para comer , vio pasar á Aristipo y le 
dijo : « Si te contentases con yerbas no 
irías á hacer la corte á los reyes. Y si 
tú, respondió' Aristipo , supieses hacer la 
corte á los reyes , no te contentarías con 
yerbas. » Dionisio le preguntó que porque 
iban los filósofos á ver á los reyes , y los 
reyes no iban á ver á los filósofos. Aris- 
tipo respondió : « Porque los reyes no 
saben lo que les hace falta , y los filó- 
sofos sí. » 

Decia que era bueno moderar las pa- 
siones , mas que no convenia desarrai- 
garlas enteramente , y que no era un 
crimen gozar de los placeres sino ser 
esclavo de ellos. Cuando le chanceaban 
sobre sus relaciones con la cortesana Lais, 
decia : « Poseo á Lais , pero Lais no me 
posee.» Un joven entró en casa de Lais 
y hallando allí á Aristipo , pareció muy 
avergonzado : « .Amigo mío, le dijo , na 


180 ARISTIPO. 

te avergiienzes de entrar , sino de no 
poder salir. » 

Dionisio dio un gran banquete y á 
los postres quiso que todos los convidados 
se pusiesen unos hermosos mantos de 
púrpura. Platón no quiso complacerle, 
diciendo que aquel lujo era propio de 
mugeres. Aristipo no hizo dificultad , y 
no solo se puso el manto sino que bailó 
en presencia de los convidados. « Lo 
mismo se hace , dijo , en las fiestas de 
Baco , y no por eso se corrompe el que 
no está corrompido. » 

Habiendo pedido á Dionisio una gracia 
en favor de un amigo , y no pudiendo con- 
seguirla , se arrojó á sus plantas* Sor- 
prendido en esta posición por algunos cor- 
tesanos , les dijo : « No es culpa mía , 
sino de Dionisio que tiene las orejas en 
los pies. » 

Hallándose en Siracusa , el tesorero del 
rey , que era un Frigio , llamado Simo , 
le enseñó su palacio , ponderándole los 
mosaicos del suelo. Aristipo tosió y le 
escupió al rostro. Simo se ofendió ; mas 
Aristipo le dijo : « Aquí no hay nada 
sucio , sino es tu rostro. 


AEISTíPO. 1 8 1 

Un dia pidió Un talento á Dionisio , 
él cual le respondió : « á No me hablas 
dicho que los filósofos no carecían de 
dinero ? Dame el talento , continuo Aris» 
tipo , y después hablarémos. » Cuando 
tuvo el talento en su poder , le dijo : 
« Ves como es cierto que los filósofos 
no carecen de dinero ? » Dionisio le pre- 
guntó : « ¿ Por que vienes con tanta fre- 
cuencia á Siracusa ? Vengo, le respon- 
dió , á darte lo que tengo y á que tií. 
me des lo que tienes. » Reconviniéndole 
un amigo porque dejaba á Sócrates para 
ir á ver á Dionisio , respondió : « Cuando 
necesito sabiduría , acudo á Sócrates ; 
cuando necesito dinero , acudo á Dioni- 
sio. » Jactándose un joven de nadar muy 
bien , le dijo que un delfín nada mejor. 
Decia que la gran ventaja de la filosofía 
era que aunque no hubiese leyes , los 
filósofos , continuarían viviendo como si 
las hubiese. 

Los Cirermicos estudiaban la Moral y 
descuidaban la Lógica. No se aplicaban 
a la Física , porque decían que era una 
ciencia quimérica. El fin de todas las 



*t8a A RISTÍPO. 

Lia ser el placer ; no ya la privación ele 
dolor , sino el placer positivo , que no 
se adquiere sin movimiento. Admitían dos 
clases de- movimiento en el alma : uno 
suave que da placer , y otro violento 
que da dolor, y como todo el mundo 
huye del uno , y busca el otro , de aquí 
proviene que el hombre ha nacido para 
el placer. No apreciaban la virtud , sino 
es en cuanto servia para tener placer , 
comparándola á la Medicina , que solo 
debe ser apreciada cuando da la salud. 
Negaban la existencia de lo bueno y de 
lo malo, de lo justo y de lo injusto, lo 
cual solo debía entenderse con respecto 
á las leyes y á las costumbres del pais. 
Decían que el hombre no debía obrar 
mal , por las malas resultas. 

Aristipo tuvo una hija , llamada Areta , 
á quien educó en aquellos principios , y 
ella educó en los mismos á su hijo Aris- 
tipo , llamado Metrodidactes , que des- 
pués fue maestro del impio Teodoro. Este 
corrompió la doctrina Cirenáica ense- 
ñando públicamente cpic no había Dioses. 
Fue acusado ante el Areopago pero De- 
metrio de Falera le libertó de la pena en 


ARISTOTELES. i83 
que hahia incurrido. Paso a drene , donde 
vivió en casa de Mario , gozando de mu» 
cha consideración. Sin embargo , salió 
desterrado de allí , y se refugió en la corte 
de Tolomeo Lago. Este le hizo su emba- 
jador cerca de Lisimaco , a quien hablo 
con tanta libertad , cjue uno de los cor- 
tesanos le dijo : « Sin duda crees que no 
hay reyes , como crees que no hay Dio- 
ses. » Amficrates dice que Teodoro fué 
condenado á muerte. 

ARISTOTELES, 

Nació el i. er año de la Olimpiada 99 ; murió el 
tercero de la ii4> de edad de 63 años. 

Aristóteles fué uno de los mas ilustres 
fdósofos de la antigüedad. Su nombre es 
todavía célebre en las escuelas. Era hijo del 
médico Nicomaco , amigo de Amintas , 
rey de Macedonia , y decendia de Ma- 
caón, nieto de Esculapio. Aristóteles nació 
en Estagira, ciudad de Macedonia , el 
primer año de la Olimpiada 99* Perdió 
á sus padres en los primeros unos do su 


i84 ARISTÓTELES. 

niñez , y recibió una mala educación. Pasó 
una parte de su juventud en el liberti- 
nage , y disipó de esta manera sus bienes. 
Tomó partido en el eje'rcito , pero no 
conviniéndole la carrera de las armas , 
pasó á Delfos , á consultar al oráculo , 
para saber que giro había de tomar. El 
oráculo le respondió que fuese á Atenas 
á estudiar la filosofía. Tenia á la sazón 
1 8 años. Estudió por el espacio de no años 
en la Academia, con Platón, y vivia del 
producto de algunos remedios que vendia. 
Comía poco y dormía menos. Su afición 
al estudio era tan grande , que para que 
el sueño no le venciese , ponia un gran 
cubo de agua junto á su cama y agarraba 
en la mano una bola de hierro , conser- 
vando la mano fuera de la cama ; de modo 
que cuando empezaba á dormirse , el ruido 
que hacia la bola al caer en el agua , le 
despertaba. Laercio dice que tenia la voz 
agria, los ojos pequeños , las piernas del- 
gadas , y que gustaba de vestirse con 
magnificencia. Era de ingenio muy sutil , 
por manera que comprendía fácilmente 
las cuestiones mas complicadas. Hizo gran- 
eles progresos en la escuela de Platón ? 


ARISTOTELES. i85 

y no tardó en sobresalir entre todos los 
Académicos , los cuales no decidían nin- 
guna cuestión , sin consultarle aunque 
muchas veces su opinión era contraria ú 
la de Platón. Sus condiscípulos le miraban 
como un genio extraordinario , y aun al- 
gunos preferian su opinión, contraria á 
la del maestro. Aristóteles se retiró de la 
Academia y Platón se resintió mucho. 

Los Atenienses le nombraron su em- 
bajador cerca de Filipo, padre de Ale- 
jandro el Grande. Permaneció algún tiempo 
en este encargo , y á su vuelta supo de 
Jenocrates liabia sido, elegido para ense- 
ñar en la Academia. Entonces dijo que se 
avergonzaría de guardar silencio cuando 
Jenocrates hablaba , y se puso á enseñar 
una doctrina diferente de la de Platón. 
La reputación que tenia de sobresalir en 
todas las ciencias , y particularmente en 
la Filosofía, obligó á Filipo a nombrarle 
preceptor de Alejandro que tenia a la sa- 
zón 1 4 años. Aristóteles aceptó , y estuvo 
ocho años con este príncipe , á quien en- 
señó ciertos conocimientos secretos que 
no descubría á nadie. No hacia vanidad 
de la Filosofía ; se aplicaba á los negocios 


iSS ARISTOTELES, 
públicos, y tuvo mucha parte en todos 
los que ocurrieron en Macedonia, ínterin 
residió en aquel imperio. Filipo , para 
manifestarle su aprecio , reedificó la ciu- 
dad de Estagira , que liabia sido destruida 
en la guerra. Aristóteles , volvió á Atenas , 
donde fue muy bien recibido , en atención 
á las gracias que Filipo , á instancias suyas , 
habia hecho á los Atenienses. Estableció 
su escuela en unas hermosas calles de 
árboles que habia en el Liceo , y como 
daba sus lecciones paseándose , se dio el 
nombre de Peripatéticos á los que seguían 
sus doctrinas. El Liceo adquirió muy en 
breve gran celebridad y la fama del fun- 
dador de aquella escuela, se esparció muy 
en breve por toda la Grecia. 

Alejandro encargó á Aristóteles que se 
aplicase á hacer experiencias físicas , y le 
dió un gran número de cazadores y pes- 
cadores , para que le llevasen los ani- 
males de que necesitase, y ademas 800 
talentos para los gastos. Entonces publicó 
sus libros sobre la física y la metafísica. 
Alejandro se hallaba ,en Asia cuando lo 
supo , y se enfadó contra Aristóteles , 
porque vulgarizaba unas ciencias que el 


ARISTOTELES. 1S7 

solo deseaba poseer. Le escribió una carca 
concebida en estos términos : « Alejandro 
á Aristóteles. Has hecho mal en publicar 
tus obras sobre las ciencias especulativas , 
porque nada sabrémos mas que ios oíros , 
si lo que nos has enseñado , se comunica 
á toda clase de gentes. Sabe que me seria 
mucho mas agradable sobresal ¡1 en el 
conocimiento de las cosas superiores , 
que en el poder y la autoridad. » Aris- 
tóteles le respondió que había publicado 
su doctrina , pero que no la había dado 
á luz , queriendo decir , que. la había 
escrito con tanta obscuridad que nadie 
podría entenderla. 

Aristóteles no conservó largo tiempo 
el fa^or de Alejandro : se riñó con él , 
porque tomó con gran calor el partido 
del filósofo Cali sienes. Este era lujo de 
una sobrina de Aristóteles, quien le ha- 
bla educado con el mayor esmero. Cuando 
se separó de Alejandro le dejó en su com- 
pañía á Calistenes , y encargó al monarca 
que cuidase mucho de él. Calistenes no 
era condescendiente con Alejandro , y solia 
hablarle con gran libertad. Esto fué lo 
que hizo que los Macedonios no le ado- 


i88 ARISTOTELES, 
rasen como un Dios , á la manera en que 
los Persas lo Rabian hecho. Alejandro , 
que le aborrecía , halló medio de ven- 
garse , suponiendo que había tomado parte 
en la conjuración de su discípulo Her- 
molao. No le permitió que se defendiese , 
y le mandó arrojar á los leones. Otros 
dicen que le mandó ahorcar , y otros que 
murió en la tortura. 

Aristóteles se resintió mucho contra 
Alejandro , y este procuró molestar 6 
incomodar por todos los medios posibles 
á Aristóteles. Colmó de favores y rique- 
zas á Jenocrates y Aristóteles tuvo envidia. 
Hay quien dice que tuvo parte en la con- 
juración de Antipater , y que compuso el 
veneno que hizo morir á Alejandro. 

Aunque firme en sus principios , Aris- 
tóteles tuvo algunas flaquezas en su con- 
ducta. Cuando se separó de la Academia , 
fue á vivir en la Corte del tirano Hermias , 
y las miras que en esto se llevó , según 
dicen , no eran muy compatibles con la 
pureza de las costumbres. Aristóteles se 
casó con la hermana , y según otros con 
la concubina de Hermias , y la amo con 
tanto extremo , que le hizo sacrificios 


ARISTOTELES. 189 

como á una Divinidad , y compuso versos 
en honor de Hermias , dándole gracias 
por haber permitido aquel enlace. 

Aristóteles dividió su filosofía en prác- 
tica y teórica. La práctica es la que en- 
seña las verdades que. deben reglar laá 
operaciones del espíritu, como la Lógica , 
y que nos da máximas para conducirnos 
en la vida , como la Moral y la Política. 
La Teórica es la que descubre las verdades 
puramente especulativas, como la Física 
y la Metafísica. Las cosas naturales tienen 
tres principios, materia, forma y priva- 
ción. Para probar que la privación es un 
principio de las cosas naturales , dice que 
la materia de que se hace una cosa debe 
tener la privación de la forma de esta cosa. 
3No considera la privación como un prin- 
cipio de composición del cuerpo , sino 
como un principio externo de su produc- 
ción , en tanto que la producción es una 
mudanza por la cual la materia pasa de 
una forma que tenia á una forma que no 
tenia. Da dos definiciones diferentes de 
la materia : una negativa y otra positiva. 
He aquí la primera ; Materia es lo que 
»o es sustancia , ni extensión , ni cualidad» 


1 9 o ARISTOTELES, 

ni ninguna especie de ser. Por ejemplo , 
la materia de leña , no es ni la sustancia 
de la leña , ni su extensión , ni su figura , 
ni su color, ni su solidez , ni su gravedad, 
ni su dureza, ni su sequedad , ni ninguno 
de los accidentes que se encuentran en 
la leña. La definición afirmativa es esta : 
La materia es aquello de que se compone 
y en que se resuelve una cosa. Para for- 
mar un cuerpo natural , ademas de la 
materia se necesita la forma. Según unos , 
Aristóteles entiende por la palabra forma 
la disposición de las partes; según otros, 
entiende una entidad sustancial , real- 
mente distinta de la materia , de modo 
que , cuando se muele el trigo , por ejem- 
plo , sobreviene una forma sustancial que 
se llama harina , y después otra que se 
llama masa , y después otra que se llama 
pan. 

Estas formas existen con infinita va- 
riedad en todos los cuerpos naturales. 
Asi , pues , en el caballo , ademas de los 
huesos, nervios, venas, cartílagos y te- 
gumentos ; ademas de la sangre que enr- 
ollando en los vasos, alimenta todas las 
partes , y ademas de los espíritus, animales 


ARISTOTELES. x ;)t 
que son los principios del movimiento 
animal , hay una forma sustancial que 
puede muy bien llamarse el alma del ca- 
ballo. Esta forma no nace de la materia f 
sino de la potencia de la materia ; es una 
entidad real distinta déla materia, y no 
una parte de ella, ni una de sus modi- 
ficaciones. 

Aristóteles opina que todos los cuerpos 
terrestres se componen de cuatro ele- 
mentos , tierra , agua , aire y fuego ; 
que la tierra y el agua son graves y pro- 
penden á acercarse al centro del mundo . 
al contrario , los otros dos elementos , 
son leves , y se alejan de este centro. Hay 
un quinto elemento , de que se componen 
los cuerpos celestes , y cuyo movimiento 
es siempre circular. Sobre el aire y bajo 
la parte cóncava de la luna , hay una 
esfera de fuego , á la que suben , y en la 
que se reúnen todas las llamas , asi como 
los rios y arroyos , bajan á reunirse al 
mar. 

La materia, es infinitamente divisible; 
el universo está lleno , de modo que no 
hay vacio en la naturaleza ; el mundo es 
eterno, y el sol ha girado y girará siempre 


í 9 2 ARISTOTELES, 
como lo hace ahora. Las generaciones de 
los hombres no tienen principio , y lo 
mismo sucede con los pájaros , y con las 
«demás especies de animales. Los cielos 
son incorruptibles. Las cosas sublunares 
se corrompen , pero los elementos de 
que se componen , no perecen jamas. De 
las partes disueltas de un ser , se forma 
otro ser; asi pues, el universo se con- 
serva siempre en su integridad. La tierra 
es el centro del mundo ; en torno de ella 
giran los astros , movidos por inteligen- 
cias celestes. Todo lo que está hoy cu- 
bierto con las aguas del mar , ha sido 
tierra firme , y lo que es hoy tierra firme 
llegará á cubrirse con las aguas del mar. 
La razón de esto es , que las corrientes 
•de los rios y arroyos , están continua- 
mente arrastrando las sustancias que cu- 
bren la superficie de la tierra ; por con- 
siguiente la mar se retira y la tierra sesea 
se extiende , y como el tiempo es eterno , 
la gran mudanza llega á verificarse al cabo 
de muchos siglos. También se prueba 
esta verdad por las conchas que se ven 
en las cimas de muchos montes elevados, 
y por las anclas que han solido bailarse 


ARISTOTELES. x 3 3 

en las entrañas de ia tierra. Estas mu- 
danzas de mar en tierra y de tierra en 
mar producen el olvido de las cosas pa- 
sadas y la pérdida de la historia de los 
pueblos que nos han precedido. Ademas 
de estos accidentes hay otros que con- 
tribuyen al mismo resultado , como las 
pestes , los incendios , los terremotos , 
que exterminan los hombres de un pais » 
salvándose tan solo unos pocos , que se 
retiran á los bosques , hacen una vida 
salvage , pierden la memoria de sus an- 
tepasados , hasta que la población au- 
menta , y se vuelven á descubrir y en- 
contrar las artes perdidas : asi es como 
se explica la eternidad del mundo , y la 
renovación de las generaciones , de las 
instituciones , de las leyes , y de los usos. 

Aristóteles examina cuidadosamente todo 
lo que puede contribuir á la felicidad del 
hombre. Refuta la opinión de los volup- 
tuosos , que cifran la felicidad en los pla- 
ceres físicos , los cuales en su opinión , 
causan hastío , debilitan el cuerpo , y 
embrutecen el espíritu. Después censura 
la opinión de los ambiciosos , que creen 
poder ser felices con los honores , y nada 



ig4 ARISTOTELES, 
omiten por conseguirlos. Dice que el ho- 
nor está en el que lo tributa ; que el 
ambicioso desea ser honrado , por que se 
crea que existe en el lo que merece serlo , 
que por consiguiente la virtud es la que 
hace feliz al hombre. Por último contra- 
dice á los avaros , que dan el nombre de 
felicidad á la riqueza. Dice que esta no 
es apetecible por sí misma ; que hace in- 
feliz al que la guarda , y que no se atreve 
á hacer uso de ella ; que para que la ri- 
queza sea útil , es necesario emplearla , 
distribuirla , siendo asi que la felicidad 
es una cosa estable , que se dehe conservar. 

Enfin la opinión de Aristóteles es que 
la verdadera felicidad consiste en la acción 
perfecta del entendimiento y en la prác- 
tica de la virtud ; que la acción mas noble 
y mas digna del entendimiento es la es- 
peculación de las cosas naturales , de los 
cielos , de los astros , de toda la natu- 
raleza, y principalmente, del ser primero ; 
sin embargo , para ser feliz es necesario 
también poseer algún bien externo , como 
por ejemplo , una riqueza moderada , pues 
el hombre destituido de todo , no puede 
tener amigos , y sin amigos no hay fe- 


ARISTOTELES. ig5 

licidad- Asi pues la virtud no basta para 
hacernos clichosos , pero el vicio basta 
para hacernos infelices. 

La amistad, según este filósofo > es de 
tres clases , parentesco , inclinación y 
hospitalidad. Las bellas letras contribuyen 
á la virtud , y dan á la vejez el mayor 
consuelo de que puede gozar. Admite 
como Platón un primer ser , y una Pro- 
videncia. Dice que todas las ideas vienen 
de los sentidos , y que un ciego de naci- 
miento no puede tener idea de los co- 
lores , ni un sordo de los sonidos. 

En su política dice que el gobierno 
monárquico es el mas perfecto, y critica 
amargamente a' los republicanos , citando 
los excesos que cometían los de su tiempo. 

Le pregunta'ron que ventaja sacaban 
los embusteros , y respondió : « Que na- 
die los crea cuando dicen verdad. » Lo 
reconvinieron porque había dado limosna 
á un malvado. « No se la he dado al mal- 
vado , respondió , sino al hombre. » De- 
cía que la ciencia es con respecto al alma , 
lo que la luz , con respecto á los ojos ; 
que sus raíces eran algunas veces amar- 
gas , pero sus frutos siempre dulces. 


1 9 6 ARISTOTELES. 

Se enfadaba contra los Atenienses por- 
que teniendo leyes y trigo se servian del 
trigo, y no hacían caso de las leyes. De- 
cía que la esperanza es el sueño de un 
hombre despierto ; que la diferencia entre 
el sabio y el ignorante es lo mismo que 
la que hay entre el muerto y el vivo ; 
que la ciencia es un adorno en la prospe- 
ridad y un refugio en el infortunio ; que 
el que educa á un hombre es mas bien 
su padre que el que le engendra ; que la 
hermosura es la mejor carta de recomen- 
dación ; que para progresar en la filosofía 
es necesario alcanzar á los que preceden 
y no aguardar á los que vienen detras ; 
que los que acumulan tesoros deberían 
vivir siempre , y los que los disipan morir 
pronto ; que un amigo es un alma en dos 
cuerpos ; cnfin que debemos hacer á los 
amigos lo mismo que de ellos esperamos. 

Muchas veces solia exclamar : «¡Amigos 
mios ! ya no hay amigos. » 

Le preguntaron porque gustaba mas de 
la hermosura que de la fealdad , y res- 
pondió : « Esa es pregunta de ciego. » 

Aristóteles después de haber enseñado 
la Filosofía durante trece años en el 


ARISTOTELES. 197 

Liceo , con la mejor reputación , fué acu- 
sado de impiedad , y la memoria de la 
muerte de Sócrates le espantó de tal 
manera , que tomó el partido de salir 
de Atenas. Retiróre á Chaléis de Eubea , 
donde dicen que murió de pesadumbre 
por no haber podido hallar la causa 
del flujo y redujo del mar. Otros dicen 
que se precipitó en las olas , diciendo : 
« Sepúlteme el mar , puesto que no 
puedo comprenderlo. » Otros por fin 
aseguran que murió de un colico , el 
año 63 de su edad , dos años después 
de la muerte de Alejandro. 

Los Estagiritas le alzaron altares Como 
á tina Divinidad. Hizo testamento y nom- 
bró por aibacea á Antipater. Dejó un 
hijo, llamado Nicomaco , y una hija que 
se casó con un nieto de Demarato rey 
de Lacedemonia. 


JENO CUATES. 


198 

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JE NO GRATES, 

/Vivía al principio cíe la Olimpiada no, y murió 
el año 3 .° de la 116. 

Jestocrátes fue uno de los mas ilustres 
filósofos de la antigua Academia , por su 
probidad , por su prudencia , y por la 
pureza de sus costumbres. Nació en Cal- 
cedonia y era hijo de Agatenor. Hízose 
discípulo de Platón , siendo todavía muy 
joven , y se aficionó tanto al filósofo, que 
le acompañó á Sicilia ; cuando Platón fué 
á aquella isla, llamado por Dionisio. Su 
entendimiento era sólido, pero compren-^ 
día con mucha lentitud. Platón solia decir 
que Aristóteles necesitaba brida y Jeno- 
crates espuela. Otras veces decía en tono 
íie chanza : « Es menester uncir esta 
asno , con un caballo. >} Era muy grave 
y circunspecto , y su maestro le aconsejaba 
que hiciese un sacrificio á las Gracias. 
Jenocrates pasaba la vida encerrado en 
la Academia. Cuando salía por las calles 
de Atenas , que era raras veces , todos los 


JEN O GRATES. 159 

mancebos de buen humor le hacían ra- 
biar dándole chascos y diciéndole chanzas 
y apodos. Otras veces le exponían á las 
mas irresistibles tentaciones , de las cuales , 
sin embargo , sabia defenderse. La célebre 
Friné , apostó que le subyugaría , y un 
dia en que Jenocrates había bebido algo 
mas de lo regular , aquella hermosa cor- 
tesana se presentó en su habitación, ma- 
gníficamente adornada. Estuvo en su com- 
pañía largo rato , procurando cautivarle 
por todos los medios imaginables ; mas 
no lo pudo conseguir. Friné avergonzada 
se vengó de el con epigramas. 

Era no menos desinteresado que casto* 
Alejandro le envió una gran cantidad de 
dinero , mas Jenocrates no tomó mas 
que tres minas y le devolvió lo demas , 
diciendo á los que le habían traído aquel 
regalo : « Alejandro tiene que mantener 
á mucha gente , y asi , mas falta le hace 
el dinero á el que á mí. » 

Cuando estaba en Sicilia , ganó una 
corona de oro , por haber bebido mas 
vino que los otros convidados. De vuelta 
á Atenas , consagró la corona á Mercurio. 

Una vez fue enviado con otros emba- 


200 JE NO GRATES. 

¡adores al rey de Macedonia Filipo. Este 
los obsequió mucho y les hizo magníficos 
regalos, les dió muclias audiencias, y 
los sedujo de modo , que estaban dis- 
puestos á cedet en un todo á su voluntad. 
Jenocrates , sin embargo , no quiso ad- 
mitir los regalos , ni asistir á los ban- 
quetes ni á las audiencias. Guando la 
embajada volvió á Atenas los que la com- 
ponian dijeron al pueblo , que habia sido 
enteramente iniítil la presencia de Je- 
nocrates , puesto que nada habia hecho , 
y de nada les habia servido. El pueblo 
manifestó mucho descontento , y ya iba 
á condenar á Jenocrates , á que pagase una 
multa , mas él refirió todo lo que habia 
pasado , y dijo á los Atenienses que tu- 
viesen mucho cuidado con los negocios 
públicos , en atención á que los emba- 
jadores , seducidos por los regalos y ob- 
sequios del rey , habían abrazado sus 
intereses. De repente , cambiaron los sen- 
timientos del pueblo por Jenocrates , el 
cual empezó á ganar gran reputación. 
Este negocio hizo mucho ruido , y Fi- 
lipo confesó después , que el único em- 
bajador á quien no había podido vencer , 
era Jenocrates. 


201 


JENOCRATES. 

Durante la guerra de Lamia , Anti- 
pater liizo prisioneros á muchos Atenien- 
ses. Jenocrates tuvo la comisión de ne- 
gociar su rescate. Cuando Antipater le vio 
entrar en su palacio, lo primero que hizo 
fue convidarle á comer, mas él respondió 
que antes de todo era necesario tratar del 
objeto de su embajada , y poner en liber- 
tad á sus compatriotas. Antipater , admi- 
rado de tanto patriotismo , despachó con 
prontitud el negocio , y los Atenienses 
fue'ron puestos en libertad. 

Hallándose en Sicilia en presencia de 
Dionisio , este dijo á Platón : « Puede 
ser que haya quien te corte la cabeza. 
Para eso, dijo Jenocrates, es menester 
que haya quien corte antes la mía. » 
Cuando el filósofo Espensipo se sintió 
viejo y achacoso , mandó llamar á Jeno- 
crates y le rogó que le sucediera en la 
dirección de la Academia , que bahía 
estado á su cargo desde la muerte de 
Platón. Jenocrates convino en ello y em- 
pezó á enseñar públicamente. Cuando ve- 
nia alguno á su escuela , sin saber mú- 
sica , geometría , ni astronomía , Jeno- 
crates le aconsejaba que se retirase 

L 


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& 03 . 


JENOCRATES. 
puesto que carecía de los fundamentos 
de la ciencia. 

Los Atenienses tenían tan alta idea de 
la probidad de Jenocrates, que debiendo 
ser testigo en una causa , y habiéndose 
acercado al altar, á prestar el juramento, 
en la forma ordinaria , los jueces se le- 
vantaron , y no quisiéron permitírselo , 
diciendo que su palabra bastaba , y que 
el juramento , en un hombre como él , 
era inútil. 

Polemon , hijo de Filostrato , joven 
de malísima conducta , entró un dia en 
la Academia , coronado de flores , y 
dando muestras del mucho vino que había 
bebido. Jenocrates estaba hablando de 
la templanza , y continuó su lección en 
los términos mas enérgicos y elocuentes. 
Polemon le oyó con atención á pesar del 
estado en que se hallaba, y quedó tan 
convencido que abandonó el género de 
vida que habia seguido hasta entonces , 
y fué después uno de los discípulos mas 
aventajados de la Academia , en términos 
que sucedió á Jenocrates en la enseñanza. 

Jenocrates compuso muchas ohras en 
verso y en prosa. Dedicó un libro á Ale- 
jandro , y otro á Éfestion, 


DIO GENES. 2 o 3 

Tuvo enemigos, por que no guardaba 
consideraciones con nadie. Los Atenienses 
al cabo fuéron tan injustos, que le ven- 
dieron como esclavo. Demetrio de Fa- 
lerio le compró y le puso inmediatamente 
en libertad. 

Siendo de edad de 82 años , tropezó 
una noche con una vasija, cayó, y mu- 
rió al instante. Había enseñado en la Aca- 
demia por el espacio de 22 años. Flo- 
recía en tiempo de Lisimaco , en la Olim- 
piada 102. 

1. WWW WWW'* \ WWW \V vwiwt 

DIOGENES, 

Murió el primer año de la Olimpiada 114, de 
edad de 90 años. Nació pues el tercer año 
de la 91. 

Diogenes el Cínico , hijo de Iseco , ban- 
quero , nació en Sinope , ciudad de Pa~ 
íiagonia, á principios de la Olimpiada 91. 
Fué acusado con su padre de haber hecho 
moneda falsa. El padre fué preso, y mu- 
rió en la cárcel. Diogenes se llenó de 
miedo , y se escapó á Atenas. Al llegar á 


204 dio genes. 

esta ciudad se fue á presentar á AntistéOes, 
que le recibió muy mal , y aun se sirvió 
de un palo para arrojarle de su casa , 
pues no quería tener discípulos , y Dio- 
genes deseaba serlo suyo. Diogenes no 
se desanimó , bajó la cabeza y le dijo ; 
« Dame de palos si quieres , pero nada 
basta á alejarme de tí. » Antistenes cedió 
a tanta tenacidad y consintió en enseñarle. 

Diogenes vivia pobremente , como un 
hombre desterrado de su pais, y que no 
recibía auxilios de nadie. 

Un dia se puso á mirar á un ratón que 
corría por el cuarto, y empezó á hacer 
reflexiones que le consolaron de su mise- 
ria. Vio que el ratón no se cuidaba de 
lo que comería al dia siguiente, ni del 
sitio en que dormiria aquella noche. Re- 
solvió imitar su ejemplo , vivir tranqui- 
lamente sin incomodarse por nada , y 
abstenerse de todo lo que no fuera in- 
dispensablemente necesario para la con- 
servación de la vida. Usaba de un manto 
forrado que le servia de cama , y todos 
sus muebles se reducían á un bastón , 
un saco y una escudilla. Continuamente 
llevaba consigo este equipage , menos el 


DI O GEN ES. 2oS 

bastón de que solo se servia en sus viage.s 
á cuando se sentía enfermó. 

No usaba de ninguna especie de cal- 
zado aun en tiempo de nieve : quiso acos- 
tumbrarse á comer carne cruda , mas 
no pudo conseguirlo. 

Pidió á un amigo que le diese un rin- 
cón de su casa , para retirarse a el algunas 
veces , pero viendo que tardaba en res- 
ponderle , tomó un tonel que le sirvió 
de habitación. 

En lo mas fuerte del estío se arrastraba 
en la arena , y en el invierno se abrazaba 
a las estatuas cubiertas de hielo y nieve t 
para acostumbrarse á los excesos del frió 
y del calor. 

Era general el desprecio con que mi- 
raba á los hombres. Trataba á Platón y 
á sus discípulos de disipadores y liber- 
tinos , y llamaba á los oradores , esclavos 
del pueblo. Decía que las coronas eran 
símbolos de gloria , tan fra'giles como el 
vidrio , y que las representaciones dra- 
máticas eran las maravillas de los necios. 
Enfin nada se escapaba de su satírica 
libertad. 

Comia, hablaba y se echaba á dormir 


£06 DIOGENES. 

en cualquier sitio sin distinción. Algunas 
veces iba al pórtico del templo de Jú- 
piter , y decía : « ¡ Que hermoso comedor 
me han edificado los Atenienses ! » 

Muchas veces decía : # Cuando consi- 
dero á los magistrados , á los médicos y 
á los filósofos , tengo intenciones de creer 
que el hombre por su sabiduría es muy 
superior á los animales; pero cuando veo 
que hay adivinos , intérpretes , sueños , 
j gentes que se envanecen con los ho- 
nores y con las riquezas , creo que de 
todos los animales el mas nació es el 
hombre. 

Un dia vió á un muchacho que bebía 
agua en el hueco de la mano. Diogenes 
se avergonzó al verle : « ¡Y que! dijo, 
¡ los niños saben mejor que yo pasar sin 
cosas superfinas ! » En seguida hizo pe- 
dazos la escudilla como un mueble inútil. 

Daba muchos elogios á los que , es- 
tando dispuestos á casarse , se habían 
arrepentido y mudado de idea , como 
también , al que se quedaba en tierra , 
después de haber hecho todas las dispo- 
siciones para embarcarse. No apreciaba 
menos á los que elegidos para gobernar 


DÍGGENES. 207 

á los pueblos , no habían querido admitir 
el encargo , como también á los que , dis- 
puestos á sentarse á la mesa con reyes y 
personages , se habian vuelto á sus casas. 

No estudiaba mas que la Moral , y des- 
preciaba todas las otras ciencias. Tenia un 
ingenio muy vivo , y previa las objeciones 
que le iban á hacer cuando disputaba. 

Su opinión sobre el casamiento hubiera 
parecido repugnante aun en la boca de 
un salvage. No solo despreciaba el con- 
trato religioso y civil, sino que reconocía 
la legitimidad de toda unión fortuita 9 
sin distinción , y sin estabilidad. No creia 
que fuese injusto tomar lo que se nece- 
sitaba , sin reparar en mas que en satis- 
facer esta necesidad. Decía que nada de- 
bia causar pesadumbre al hombre , y que 
era mucho mejor consolarse que ahor- 
carse. 

Un dia .se puso á hablar en piíbllco 
sobre un asunto de la mayor importancia. 
Nadie se paraba á escucharle ; la gente iba 
y venia sin hacer caso de él. Dejó de 
hablar y se puso á cantar ; inmediata- 
mente se reunió mucha gente á oirle. 
Cuando estaba en lo mejor del canto ? 


ao8 DIO GEN ES. 

cesó de repente y reprendió severamente 
al auditorio, por su frivolidad. 

Extrañaba mucho que los Atenienses to- 
masen tanto interes en los trabajos de Uli- 
ses , referidos en la Odisea , y se curasen 
tan poco de sus propias desventuras ; que 
los miisicos se afanasen tanto por tem- 
plar los instrumentos y no tratasen de 
arreglar sus pasiones ; que los matemá- 
ticos gastasen tanto tiempo en contemplar 
la luna y las estrellas , cuando no tenían 
la menor idea de la tierra que pisaban , 
y que los oradores pusiesen todo su em- 
peño en obrar bien , y continuasen obran- 
do mal. 

Ridiculizaba á ciertos hombres que iban 
en los templos á rogar á Júpiter les con- 
servase la salud , y al salir de allí , se 
entregaban á los excesos mas perjudiciales. 

Platón dió un convite magnífico, du- 
rante el cual solo comió aceitunas. Dio- 
genes le preguntó porque no comía los 
manjares que le habían enviado de Sicilia. 
Platón respondió que cuando estaba en 
Sicilia solo comía alcaparras , aceitunas 
y cosas semejantes. « ¡ Y para eso , dijo 
Diogenes , era menester ir á Sicilia ? 


DIO GENES. *og 

^ No habla aceitunas y alcaparras en 
Atenas ? » 

Un sofista quiso mostrar la sutileza de 
su ingenio á Diogenes por medio de este 
raciocinio : « Tú no eres lo que yo soy, 
es asi que yo soy liombre , luego tu no 
eres hombre. » Diogenes respondió : « I a 
argumento seria mas solido si hubieras 
dicho : Un sofista no es lo que es Dio-" 
genes : es asi que Diogenes es hombre j 
luego un sofista no es hombre. » 

Le preguntaron en que pueblo de Gre- 
cia había mas hombres. Respondió : « En 
Esparta hay niños ; hombres en ninguna 
parte. » 

Paseábase por las calles con una lin- 
terna encendida , en medio del día. Pre- 
guntáronle que buscaba , y respondió : 
«Un hombre. » 

Demostenes estaba comiendo un dia en 
una taberna. Yió pasar á Diogenes , y 
procuró ocultarse para que no le viera. 
Diogenes le dijo : « ¡Mientras mas te ocul- 
tas en la taberna , mas te metes en ella. » 

Un hombre que habia cometido muchos 
delitos , le echaba un dia en cara su po- 
breza. « No he visto ahorcar á ningún 


¡¡ie> DIOGENES. 

pobre, solo por ser pobre , respondió: 
pero be visto ahorcar muchos malvados. * 

Decía que las cosas mas útiles eran las 
que menos apreciaban los hombres, puesto 
que daban mil escudos por una estatua 
y veinte sueldos por una medida de harina. 

Entrando en un baño observó que el 
agua estaba muy sucia : « ¿ Cuando uno 
se baña aquí , preguntó , donde va á 
lavarse después ? » 

Diogenes fue cogido por los Macéelo- 
nios cerca de Queronea, y presentado á 
Filipo, que le preguntó quien era: «So y, 
le respondió , el espía de tu insaciable 
codicia. » El rey celebró mucho está res- 
puesta , y le dejó ir libre. 

Decía que los sabios no podían carecer 
de nada , por que los Dioses son dueños 
de todas las cosas del mundo ; ios sabios 
son amigos de los Dioses , y entre amigos 
todo es común. Por eso , cuando nece- 
sitaba de algo , se dirigía á un amigo , 
y le decía : « Restituyeme tal cosa. » 
Alejandro pasando por Corinto quiso 
ver á Diogenes y le halló sentado al sol 
y componiendo su tonel. « Yo soy el gran 
rey Alejandro , le dijo : Y yo, le respondió 


21 1 


DIOGENES. 
el filósofo , soy un perro llamarlo Dio- 
genes. ¡ No tienes miedo de mí? preguntó 
el Rey. ¿ Eres bueno , ó malo ? preguntó 
Diogenes. Soy bueno , respondió el rey. 
De lo bueno , continuó el filósofo , na- 
die tiene miedo. » Alejandro después de 
haber admirado el ingenio de Diogenes , 
en la conversación que tuvo con él , le 
dijo , que puesto que carecia de tantas 
cosas, le pidiera lo que necesitaba. Dio- 
genes le respondió : « Apártate un poco 
pues estas estorbando que me dé el sol. » 
Alejandro se admiraba de ver un hombre 
tan superior á las necesidades de la huma- 
nidad. « Quien es mas rico , le preguntó 
Diogenes, el que tiene todo lo que nece- 
sita , ó aquel á quieta no basta un gran 
reino , y se. expone cada día á nuevos 
peligros? » Los Cortesanos de Alejandro, 
se indignaron de que este fuese tan afable 
con un hombre que ni aun se alzaba en 
su presencia. « Si no fuera Alejandro , 
les dijo el rey , quisiera ser Diogenes. » 
Pasando por Egina , fué cogido por 
unos piratas y llevado á Creta , en cuyo 
mercado fué puesto para ser vendido como 
esclavo. No por esto se manifestó apesa- 


DIO GENES. 

c! timbrado , ni pensativo. Viendo pasar 
á Un hombre muy grueso , y muy bien 
vestido llamado Geniades ■, dijo que aquel 
hombre tenia necesidad de un amo , y 
que era quien debía comprarle. Cuando 
Geniades se acercó, Diogenes le dijo : 
« Ven , muchacho , ven á comprar un 
hombre. » Preguntáronle que sabia hacer , 
y respondió : « Sé mandar : el que quiera 
un amo, que me compre.» Cuando Ge- 
niades le compró Diogenes le dijo : « Dis- 
ponte á obedecerme. » 

Geniades le confió la educación de sus 
hijos , y Diogenes los educó con el mayor 
esmero. Compuso para ellos un compen- 
dio de sus doctrinas filosóficas , y les hizo 
aprender de memoria los pasages mas 
notables de los poetas. Los acostumbraba 
a la lucha , á la caza , á montar á ca- 
ballo, a tirar el arco y la honda, á vivir 
de alimentos sencillos , y á no beber mas 
que agua. Los discípulos le cobraron mu- 
cho cariño. 

Cuando Diogenes reflexionaba sobre los 
males de la vida , decia riéndose , que 
todas las imprecaciones que se oían en 
las tragedias habían caído sobre él , puesto 


DIOGENES. * ai3 
que no tenia casa , patria , ni hacienda , 
pero que oponía la firmeza a la fortuna , 
la naturaleza á la costumbre , la razón 
á las penas del alma. 

Un hombre le consultó sobre las hora® 
á que debía comer : « Si eres rico , le 
respondió , come cuando quieras ; si eres 
pobre cuando puedas. » 

Los Atenienses le dijeron que debía ini- 
ciarse en sus misterios para ocupar un 
lugar preferente en el otro mundo : « Se- 
ria una cosa muy ridicula , les dijo Dio- 
genes , que Agesilao y Epaminondas es- 
tuviesen en el fango , y que los iniciados 
de Atenas habitasen regiones celestes. » 
Un eunuco había grabado sobre la 
puerta de su casa : « Por aquí no entra 
•nada malo. » Diogenes preguntó : « ¿Por 
donde entra el amo ? » 

Unos filósofos quisieron probarle que 
no hay movimiento. Diogenes se levantó 
y se puso á dar paseos. Creia que no 
podia responder de un modo mas con- 
vincente. 

Al salir del baño , le preguntaron si 
bahía muchos hombres bañándose. « No , 
respondió , lo que hay es mucha gente. * 


ax4 * DÍOGENES. 

Un día en que había llovido mucho , 
Diogenes estaba tan mojado que los que 
estaban presentes le compadecían. Platón 
dijo que seria mas digno de compasión si 
nadie le viera. 

Le preguntó un hombre : « ¡ Que quieres 
con tal de que me dejes darte un bofetón? 
Un casco , respondió el filósofo. » 

Lisias el boticario le preguntó si creía 
que había Dioses : M ¿ Como no lo he 
de creer , respondió , cuando sé que no 
tienen mayor enemigo que tú ? » 

Viendo á un hombre que se bañaba 
para purificarse , le dijo : « El agua no 
impedirá que hagas faltas de gramática , 
ni que cometas crímenes. » 

Sabia que muchos aprobaban sus prin- 
cipios , pero que ninguno los seguía. Con 
cuyo motivo decia : « Soy un perro muy 
apreciado , mas nadie quiere ir á cazar 
conmigo. » 

Hablando de los sueños decia : « Es 
muy estrado que los hombres hagan tanto 
caso de las quimeras que forma en el 
sueño la fantasía , y tan poco de lo que 
les dice la razón cuando están dispiertos. » 
Los Atenienses apreciaban mucho á 


DIOGENES. ai5 

Diogenes ; hicióron azotar públicamente 
á un joven que le había roto el tonel , 
y le dieron otro nuevo. 

Perdicas le mandó decir que le malaria 
si no iba á verle. « Lo mismo, respon- 
dió , puede hacer un insecto venenoso. 
Diogenes no necesita de tí , ni de tus 
riquezas para ser feliz. » 

Viendo á los jueces que llevaban un 
hombre al suplicio por haber robado una 
botella en el tesoro público , exclamó : 
« Grandes ladrones condenan á un ladrón 
pequeño. » 

Decía que un ignorante rico, era un 
carnero cubierto de una piel de oro. 

Cuando su pobreza le obligaba á pedir 
limosna decía al primero que encontraba 
« Si has dado algo , sigue dando ; si no , 
empieza por mí. » 

Decía que Dionisio trataba á sus amigos 
como si fuesen botellas , que se aprecian 
cuando están llenas , y se rompen cuando 
están vacías. 

Vio á un pródigo en una taberna co- 
miendo aceitunas , y le dijo : « Si siempre 
hubieras comido aceitunas, no las come- 
rlas ahora. » 


316 DIOGENES. 

Le preguntaron cual era el animal mas 
venenoso , y respondió : « Entre los fe- 
roces , el maldiciente : entre los domés- 
ticos , el adulador. » 

Viendo á una muger ahorcada en las 
ramas de un olivo , dijo que no sabia 
que aquel árbol diese aquel fruto. 

Le preguntaron cual era la edad me- 
jor para casarse , y respondió : « En la 
juventud es demasiado temprano : en la 
vejez es demasiado tarde. » 

Le aconsejaron que buscase á su esclavo 
Manes que se le habia escapado , y dijo : 
« Seria bueno que Manes pudiese vivir 
sin Diogenes , y que Diogenes no pu- 
diese vivir sin Manes. » 

Un tirano le preguntó cual era el mejor 
bronce para hacer estatuas : « El que ha 
servido , respondió , para las estatuas de 
Harmodio y Aristogiton (i)„ 

Platón estaba explicando su doctrina 
sobre las formas. Diogenes, que la com- 
batía , le dijo : <s Yo veo la forma de 
un vaso , pero no sé lo que es forma de 
vaso. Lo creo , respondió Platón, por que 


(i) Grandes enemigos de la tiranía. 


DIOGENES. 217 

para ver se necesita solo tener ojos , y 
para saber es necesario algo mas. » 

Viendo á nn joven que se ponía colo- 
rado , le dijo « Ánimo , hijo mió , ese 
es el color de la virtud. » 

Dos abogados le nombraron árbitro en. 
un pleito que tenían. Diogenes los con- 
denó á entrambos ; al uno por que había 
robado al otro ; y á este porque nada 
había perdido , puesto que antes habla 
robado á su compañero. 

Le preguntáron porque se daba limosna 
á los cojos, y á los tuertos, y no á los 
filósofos : « Por que los hombres , res- 
pondió , pueden perder un ojo , ó un 
pie , pero ninguno piensa en aprender la 
filosofía. » 

Le preguntáron que quien cuidarla de 
enterrarle cuando muriese , puesto que 
no tenia criado , ni criada. # Me enter- 
rará , respondió , el que necesite de mi 
casa. » 

Un hombre de mala reputación le eché 
en cara que había sido monedero falso : 
« Es cierto, respondió , que he sido ló 
que tú eres , pero jamas serás tú lo que 
yo soy. 


K 


2x8 DI O GENES. 

Cuando le preguntaban cual era su 
patria , respondia que era ciudadano del 
mundo , dando á entender , que el sabio 
no se apega á ningún pais. 

Decía que la muerte no era un mal , 
puesto que no se siente , ni aun cuando 
nos ataca; que las cortesanas eran vasos 
ele vino envenenado ; que los que hablan 
de la virtud sin practicarla , son como 
los instrumentos , que no sienten nada , 
y despiden sones agradables ; que todos 
los hombres eran esclavos; los esclavos 
verdaderos , de sus amos , y estos de sus 
pasiones; que la lengua maldiciente de 
un joven , es como una hoja de plomo , 
en una vaina de marfil ; y que el filósofo 
debe ir á beber vino a la taberna, como 
va á la barbería á afeitarse. 

Yendo de Lacedemonia á Atenas , le 
preguntáron donde iba : « Vengo, dijo, 
de ver hombres , y voy á ver mugeres. » 

Un atleta que había sido vencido en 
todos los juegos , se hizo médico. Dio- 
genes le dijo que ya tenia un excelente 
medio de vengarse de los que le habían, 
dado de golpes. 

Paseándose un dia en un sitio público , 


DIOGENES. 219 

vio al hijo de una cortesana que estaba 
tirando piedras á la muchedumbre : «Ten- 
te, le dijo ; mira que puedes apedrear á 
tu padre. » 

Dionisio el tirano , después de haber 
sido arrojado de Siracusa , se puso ¿ 
maestro de escuela , en Corinto. Diogenes 
le fue á ver , y observo' que en su escuela 
reinaba el mayor desórden. Dionisio, que 
creyó que el filósofo venia consolarle en 
su desgracia , empezó á hablarle de las 
mudanzas déla Fortuna. «Lo extraño es, 
respondió Diogenes , que aun conserves 
la vida , tú que á tantos has privado de 
ella , y ya veo que después de haber sido 
mal rey , eres mal maestro de escuela. » 
Viendo á un hombre que hacia sacri- 
ficios á los Dioses , para que estos le 
diesen un hijo , le preguntó : « ¿ Porque 
no les pides un hombre de bien ? » 
Murió Diogenes á la edad de go años , 
según unos de una indigestión , según 
otros voluntariamente , y sujetando la 
respiración. Sus amigos se disputa'ron so- 
bre quien le babia de enterrar , y se 
eeendiéron tanto en esta contestación , 
que fué necesario que los magistrados 


Í120 


GRATES, 
de Corinto los apaciguasen. Se le hi- 
cieron magníficas exequias , y junto á 
su sepulcro , se le erigid una columna , 
sohre la cual se colocó un perro de már- 
mol de Paros. El mismo dia de su muerte 
fue' el de la de Alejandro el Grande. 

uwv u uwvw mm\ \ wvw* vv\ vvvwv 

GRATES, 

Contemporáneo de Polemon ; vivía en la 
Olimpiada n3. 

Cbates , el Cínico , fuó uno de los pri- 
meros discípulos de Diogenes. Era hijo 
del tebano Ascondo , y de una familia 
distinguida , y rica. 

Hallándose en la representación de una 
tragedia , en que se daban algunos pa- 
sages de la vida de Telefo , vió que este 
abandonó todas sus riquezas por abrazar 
la filosofía Cínica. Esto le hizo mucha 
impresión , y determinó seguir el mismo 
«jemplo. Vendió su patrimonio que le 
produjo mas de 200 talentos , que de- 
positó en casa de un banquero , con orden 
de que los restituyese á sus hijos , en caso 


221 


GRATES, 
de que tuviesen pocos alcances , pero que 
si tenian bastante elevación de alma para 
ser filósofos , distribuyese aquella suma 
entre los ciudadanos de Tebas, pues un 
filósofo no necesita de nada. Instruidos 
de esta disposición sus parientes fueron 
á verle y á persuadirle que mudase de 
plan , mas él los arrojó de la casa con 
un palo en la mano. 

Crates usaba en verano un manto de 
paño muy grueso , y en verano , se vestia 
con ropas ligeras, para acostumbrarse á 
una vida áspera , y á los rigores de las 
estaciones. Entraba sin ceremonias en las 
casas en que era desconocido , y repren- 
día severamente á los amos , los desór- 
denes de su conducta. Perseguía á los 
malos , y les decía mil injurias. Su mé- 
todo de vida , era , como el de todos los 
Cínicos , duro , y lleno de privaciones. 

El orador Metrocles padecía una in- 
comodidad flatolenta , cuyos efectos no 
suelen ser muy agradables á los espec- 
tadores ; por lo que se liabia separado 
de la sociedad , y no salia de su casa. 
Grates después de haberse llenado el 
cuerpo de judías, fué á verle y empezó 


2 . 2 . 2 . 


CUATES. 


á reconvenirle por su pequenez de espí- 
ritu , y sn condescendencia con las preo- 
cupaciones de la muchedumbre. Entre- 
tanto las judías hicieron su efecto acos- 
tumbrado , y Grates confirmó con el 
ejemplo, lo que habia explicado con pa- 
labras. Metrocles se convenció ; quemó 
los libros de Teofrasto , que habia sido 
su maestro , y solo trató de seguir en un 
todo la doctrina , y el modo de vivir de 
los Cínicos. Con el tiempo llegó á sobre- 
salir en esta escuela y tuvo muchos dis- 
cípulos , pero habiendo envejecido , y 
hallándose muy enfermo , se disgustó de 
la vida , y se ahorcó. 

Crates era muy feo , y para parecería 
mas , usaba una especie de capucha de 
pieles de carnero , de modo que á cierta 
distancia no se podía distinguir que es- 
pecie de animal era. Tenia mucha des- 
treza en toda clase de ejercicios , y cuando 
se presentaba en el circo para luchar , 
todos los concurrentes se echaban á reir 
al verle. Mas el decía que los que iban 
á luchar con él no tardarían en llorar. 

Decia que era imposible encontrar un 
hombre que no hubiese cometido alguna 


GRATES. 223 

falta en su vida ; pero que una granada 
podia tener algún grano podrido , sin 
dejar de ser un buen fruto. 

Grates quería quo sus discípulos tu- 
viesen una completa abnegación de los 
bienes de este mundo. Los exortaba á 
buir de los placeres , deciéndoles que no 
liabia cosa mas preciosa que la libei tad ? 
y que no puede ser libre el que esta so- 
metido á los deleites. 

« El amor , decía , se cura con ci 
fiambre; si na , la edad lo estingue , y 
si no es preciso tomar una cuerda y 
ahorcarse. » 

Cuando hablaba de la corrupción de 
las costumbres , declamaba contra los 
hombres de su tiempo que prodigaban 
el dinero para satisfacer sus caprichos „ 
y pasiones , y sentían una pequeña suma 
en empresas titiles y honestas. 

Decía que en su tiempo se daban cinco 
minas á un cocinero , y una dracma á 
un médico ; cinco talentos á un adulador , 
y humo al que da buenos consejos ; un 
talento á una cortesana , y un óbolo á 
un fdósofo. 

Demetrio de Faleria le envió un jarro 


224 * CUATES, 

de vino , y unos panes. Grates le devol- 
vió el vino , manifestándose ofendido de 
este regalo , pero guardó los panes di- 
ciendo : « ¡ Ojalá hubiese fuentes de pan ! » 
Las costumbres libres de Cuates gus- 
taron tanto á Hiparquia , hermana de 
Metrocles , que á pesar de que muchos 
hombres de mérito solicitaban su mano , 
no quiso tener otro marido que aquel 
filósofo. En vano le hicieron ver la ex- 
travagancia de semejante proyecto. A las 
reconvenciones que le hacían los que se 
interesaban en su suerte , no daba otra 
respuesta si no que en caso de no lograr 
lo que deseaba , se quitaría la vida. Sus 
parientes hicieron los mayores esfuerzos 
para disuadirla , pero en vano. Por fin 
recurrieron á Cuates , y le suplicaron 
que tratase el mismo de convencer á Hi- 
parquia. Grates condescendió con estos 
deseos , y estuvo largo tiempo conver- 
sando con ella , sobre tan disparatada 
unión , mas viendo que predicaba en 
desierto , se desnudó en presencia de la 
joven , y puso á descubierto una enorme 
joroba , y las demas irregularidades de 
su persona. « Mira me bien , y mira 


GRATES. 22,5 

todo lo que poseo, » dijo, arrojando al 
suelo el saco , el manto , y el báculo , 
único equipage de un buen Guaico. « Si 
te casas conmigo, añadió , no poseerás 
mas bienes que los que estás viendo. » 
Hiparquia no vaciló un momento , y pre- 
firió la mano de Grates á todas las ri- 
quezas que podía esperar. Se casó con él , 
no le abandonó jamas , y le acompañaba 
en todas las reuniones públicas. 

Hallándose los dos esposos un dia en 
un banquete, hizo el argumento siguiente 
al sofista Teodoro , célebre por su im- 
piedad. « Todo lo que Teodoro hace está 
bien hecho, y fundado en razón. Luego 
todo lo que Hiparquia haga como Teo- 
doro estará bien hecho y fundado en 
razón. Teodoro puede darse un bofetón 
á sí mismo. Luego Hiparquia puede dar 
un bofetón á Teodoro. >> Y en efecto le 
aplicó los cinco dedos á la mejilla. Teo- 
doro no 'supo que responder , sino con 
críticas amargas , acerca de que Hipar- 
quia había abandonado los trabajos , y 
ocupaciones de su sexo. « ¿ Crees tú , le 
preguntó ella , que la rueca , y- el telar 
valen mas que la Filosofía ? » 





K. 


isG CHA T E S. 

De esta digna unión nació Pacicles , 
que fué educado por sus padres en los 
principios del mas puro Cinismo. 

Alejandro preguntó á Grates si le ser- 
viría de satisfacción ver reedificada su 
patria : « No , respondió Grates , porque 
no faltará otro Alejandro que la destruya.» 

Decía que su patria era la pobreza , 
y su tesoro el desprecio de la gloria ; 
que las riquezas de los magnates son como 
los árboles] que nacen en las rocas inac- 
cesibles , y cuyos frutos solo alimentaban 
á pajarracos inútiles ; que un poderoso 
en medio de sus aduladoras , era copio 
un ternero rodeado de lobos. 

Cuando le preguntaban hasta que tiempo 
convendría estudiar la filosofía, respon- 
día : « Hasta que todo el mundo esté 
convencido de que los que mandan ejér- 
citos no son mas que pastores de una 
manada de asnos. » 

Grates , como todos los Cínicos , des- 
preciaba las ciencias , y solo se aplicaba 
á la Moral. Vivió muchos años, y en los 
últimos estaba muy encorvado , y como 
oprimido del peso de la vejez. El tiempo 
de su mayor celebridad fué liáeia la 


PIRRO N. 227 

Olimpiada n3. Entonces eclipsó á todos 
los otros filósofos de su escuela. T olías 
fue el teatro de sus glorias. Fue maestro 
de Cenon , fundador de una famosa es- 
cuela de Cínicos. 

M\\m'vvw«\vut\v\wvm«www wv ' v ' mwU11 

PÍRRON, 

Vivía poco antes de Epicuro , en la Olimpiada 120. 

]P irrotí fundó la secta llamada Pirrónica , 
ó Scéptica. Era hijo de Plistarco , y na- 
tural de Elea , ciudad del Peloponeso. Se 
aplicó desde luego a la Pintura; después 
estudió con Drison ? y en seguida con 
Anaxarco , á quien cobró tanta afición , 
y de cuya doatrina se prendó en tales 
términos , que le siguió hasta la India. 
Pirron , durante este largo viage , con- 
versó con los Magos , con los Gimnoso- 
listas ? y con los demas sabios de Oriente. 
Después de haber estudiado tocias sus 
teorias, vió que ninguna de ellas le sa- 
tisfacía ; que las doctrinas científicas «o 
eran mas que palabras sin sentido , y 
concibió la i4§a de que la yer-uad estaña 


228 P IR RON. 

oculta en un abismo insondable , y que 
la Filosofía debía reducirse á dudar de 
todo , y no afirmar ni creer nada. 

Decía que los hombres fundaban su 
conducta en ciertas opiniones recibidas 
sin examen ; que todo se hacia por há- 
bito , y que juzgar del mérito de las ac- 
ciones por las leyes , y por las costum- 
bres , era girar en un círculo vicioso , 
puesto que era imposible saber , siestas 
leyes y costumbres se fundaban en razón , 
y si eran intrínsecamente buenas ó malas. 

A los principios Pirron vivió pobre , y 
desconocido , pintando cuadros , de los 
cuales algunos excelentes se conservaron 
largo tiempo en Elea. No trataba á nadie , 
ni asistía á las reuniones públicas. Via- 
jaba mucho , y á nadie confiaba donde 
iba. Sufría todos los males , y contra- 
tiempos , sin darse el trabajo de evitarlos, 
ni de remediarlos cuando podía. Tenia 
tan poca confianza en las impresiones de 
los sentidos , que andaba siempre en línea 
recta , sin que le detuviesen los obstá- 
culos que bailaba en el camino , y mu- 
chas veces le hubieran atropellado los 
carros, si no fuera por sus amigos , que 


P IR RON. 229 

le seguían por todas partes , y cuidaban 
de evitar las desgracias que podía acar- 
rearle su sistema de Filosofía. Era de un 
humor igual , y se vestía siempre del 
mismo modo. Cuando estaba en conver- 
sación con alguno , y este se retiraba , 
y le dejaba solo, no por esto interrum- 
pía su discurso , sino que continuaba 
hablando , hasta concluir todo lo que 
tenia que decir. Trataba á todo el mundo 
con la misma indiferencia. 

La reputación de Pirron se esparció 
muy en breve en toda Grecia. Muchos 
Griegos abrazaron sus opiniones , y los 
ciudadanos de Elea , en prueba de la ve- 
neración con que le miraban , le crearon 
soberano Pontífice de su religión. Los 
Atenienses le hicieron ciudadano de Ate- 
nas. Epicuro gustaba mucho de su con- 
versación , y admiraba la aplicación prác- 
tica que hacia de sus principios filosóficos. 
Todos le miraban como un hombre que 
con los esfuerzos de su genio , había 
logrado preservarse de las miserias de 
la vida. Timón asegura que los Griegos 
llegaron á respetarle como á una divi- 
nidad. Pasaba una vida sumamente tran- 

/yb*’ 

if O 


23 o P 1 11 RON. 

quila en compañía de su hermana Fílista , 
que se había dado al cultivo de las cien- 
cias. El mismo iba al mercado á vender 
las aves , y los marranos de leche de su 
corral. 

Un día se le arrojó un perro para mor- 
derle , Pirron le rechazó. No faltó quien 
le dijera que aquella acción era contraria á 
sus principios: « Es cierto, respondió, 
pero ¡ cuan difícil es desarraigar las preo- 
cupaciones antiguas ! » 

Navegando en otra ocasión , á bordo 
de un buque pequeño , se levantó una 
borrasca tan terrible, que todos los pa- 
sageros y los marineros se llenaron de 
consternación. Pirron permaneció tran- 
quilo é inalterable. Viendo un marrano 
que comia al mismo tiempo con gran ape- 
tito , dijo á la tripulación , que aquel ani- 
mal les daba un ejemplo digno de imi- 
tación. 

Habiéndole sobrevenido una ulcera , fue 
necesario hacerle una operación sangrienta 
y dolorosa , durante la cual se mantuvo 
muy sereno , sin dar la menor señal de 
dolor. 

La base de su doctrina era que el 


P3HR0N. ¡>3t 

hombre no debe afirmar , ni negar nada , 
porque carece de los medios de distinguir 
lo cierto de lo falso. Sus discípulos es- 
taban de acuerdo con el en esta máxima , 
pero los unos buscaban la verdad , con 
esperanza de hallarla ; los otros decían 
que jamas la encontrarían. Unos creian 
poder afirmar una sola cosa , á saber : 
que sabían ciertamente que no sabian 
nada ; otros afirmaban que ni aun esto 
podia afirmarse. Estas opiniones liabian 
tenido algunos sectarios antes de los tiem- 
pos de Pirron , mas este fué el primer fi- 
lósofo que las profesó abiertamente. 

La razón principal en que se fundaba , 
era , que el conocimiento que tenemos 
de las cosas externas , no es mas que el 
de sus relaciones recíprocas ; pero que 
no siendo uniformes estas relaciones , 
sino variadas hasta lo infinito , es impo- 
sible llegar á conocer su naturaleza. Las 
hojas del sauce, por ejemplo, son agra- 
dables á la cabra , y agrias al paladar 
del hombre. La cicuta envenena al hom- 
bre , y hace engordar á la codorniz. De- 
niofonte , mayordomo de Alejandro , te- 
nia frió al sol, y calor á la sombra, y 


P IR RON. 

Ándron de Argos atravesaba los arenales 
de la Libia sin tener sed. 

Lo que es justo en un pais es injusto 
en otro ; lo que es virtud en una nación 
es vicio en la nación inmediata. En Persia 
los padres se casan con sus bijas , y en 
Grecia esta unión es abominable. Los 
Masagetas no reconocen la unión exclu- 
siva en el matrimonio , y esta opinión 
seria un sacrilegio en cualquier otro pais. 
El robo es una acción loable en Cilicia , 
y un crimen en Grecia. Áristipo define 
de un modo el placer ; Antistenes de otro ; 
Epicuro no está de acuerdo con ninguno 
de los dos. Hay quien cree en la Provi- 
dencia , hay quien la niega. Los Egipcios 
cntierran los muertos ; los Indios los que- 
man ; los Peonios los echan en los estan- 
ques. Aquí gobierna el régimen popular ; 
allí la autoridad absoluta. Lo que parece 
de un color á los rayos del sol , parece 
de otro á la claridad de la luna , y de 
otro á la luz de una lámpara. El vino , 
tomado con moderación , da vigor al cuer- 
po ; tomado con exceso lo debilita. Lo que 
está al Oriente de Italia , está al Occi- 
dente de Grecia ; lo que está al medio 


PIRRO N. a ?>3 

dia de Egipto está al Norte de la India. De 
todo esto, y de los innumerables ejem- 
plos que podrían añadirse , inferia Pirren 
que todo es relativo , que nada es abso- 
luto ; que todo es mudable como las re- 
laciones , y nada fijo , como suponemos 
que debe serlo la esencia. 

Pirron no admitía la evidencia de las 
demonstraciones , porque decía que una 
demonstracion debe fundarse en un prin- 
cipio invariable , y no hay ninguno que 
lo sea. Servíase frecuentemente de los 
versos de Homero , en que el poeta com- 
para los hombres á las hojas de un árbol, 
que se suceden unas á otras , ocupando 
las nuevas , el sitio que dejan las que 
caen. Sus contemporáneos le tuviéron en 
grande aprecio , y murió á la edad de 
mas de 90 años. 


BION. 


2S4 

bion, 

Discípulo cíe Teofrasto , que sucedió á Aristó- 
teles en el Peripateticismo , hácia la Olim- 
piada 114. 

Bion estudió muclio tiempo en la Aca- 
demia. Pero no tardó en disgustarse de 
esta escuela , de cuyos estatutos se Inic- 
iaba, y de cuyo gremio salió por fin. 
Abrazó el Cinismo , y adoptó el saco , el 
manto , y el báculo , que eran los dis- 
tintivos de esta secta , pero como esta 
comprendía algunos puntos que no le 
acomodaban , introdujo en ella algunas 
alteraciones , sacadas de los preceptos de 
Teodoro , discípulo y sucesor de Aristipo 
en la escuela de los Cirenáicos. Por 11I- 
timo , se aplicó á la doctrina de Teo- 
frasto , gefe de los Peripatéticos , por 
muerte de Aristóteles. 

Bion tenia gran sutileza de ingenio , 
y era muy buen lógico. Sobresalía en la 
Poesía y en la Música , y tenia particular 
habilidad en la Geometría. Gustaba de 
comer bien , y vivía como un libertino. 


JS ION. ¿3,3 

No hacia larga residencia en ningún pue- 
blo , sino que andaba viajando de uno 
en otro , sin mas objeto que hallarse en 
todos los banquetes y convites. En estas 
ocasiones se esmeraba en decir chistes y 
agudezas , para hacer reír á los concia - 
rentes ; de modo que en todas partes era 
bien recibido y obsequiado. 

Habiendo tenido noticia de que algunos 
enemigos suyos habían ido á referir su 
nacimiento ilegítimo al rey Antigono , 
hizo como si nada supiera , y se pre 
sentó delante de este monarca , que le 
envió á llamar para echarle en cara , 
como una ignominia, su origen bastardo. 
El rey , creyendo causarle un gran em- 
barazo , le preguntó su nombre , y ha 
profesión de sus padres : « Mi padre, 
respondió Bion sin turbarse , era un li- 
berto , que vendía tocino y manteca sa- 
luda. No era posible saber si en su ju- 
ventud habia sido feo , ó bonito , tan 
desfigurado tenia el rostro , de los golpes 
■ que le habían dado sus amos cuando era 
esclavo. Conoció á mi madre en un sitio 
público , donde se encontraron por acaso , 
y allí 3 sin mas cumplimientos , celebraron 


¿36 BION. 

su matrimonio ; pero después no sé qué 
crimen cometió' el bueno de mi padre , 
lo cierto es que el , y su muger , y sus 
bijos fueron vendidos en el mercado de 
los esclavos. Yo cuando mucbacho , era 
bastante bonito ; compróme un orador , 
y me dejó todos sus bienes , pero yo hice 
mil pedazos el testamento , y me retiré 
á Atenas , donde me dediqué ála Filosofía. 
Ya sabes , tanto como yo, de mi padre , 
y de mi historia. Dile á tus aduladores 
que no te vengan á calentar la cabeza con 
cuentos acerca de mi genealogía. » 

Preguntáronle cual era el mas desgra- 
ciado de todos los hombres , y respondió : 
« El que con mas anhelo desea ser feliz. » 

Decía que la vejez era el asilo de to- 
dos los males , y que el hombre no debe 
contar su vida por los años que ha vi- 
vido , sino por la gloria que ha sabido 
ganar. 

Un dia encontró á un pródigo que ha- 
bia malgastado su hacienda. « Cuentan , 
le dijo , que la tierra se tragó á Amfiarao , 
pero tu te has tragado la tierra. » 

Un charlatán importuno le dijo que 
tenia ánimo de pedirle un favor. « Haré 


BION. 2 37 

eon gusto, le dijo , lo que necesites, con 
tal de que me lo envies á decir , y no me 

lo digas tú mismo. » 

Navegando en compañía de una gavdla 
de malhechores , el buque fue cogido 
por unos corsarios. Sus compañeros se 
decían entre sí : « Somos perdidos , si 
nos conocen. Y yo , dijo Bion, soy per- 
dido si no me conocen. » 

Viendo muy triste á un hombre que 
tenia la reputación de ser muy envidioso. 

« r ; Cual de tus amigos, le preguntó, ha 
recibido alguna buena noticia ? » 

He aquí algunos de los mas célebres 
apotegmas de este famoso decidor : « Uno 
de los mayores males es no poder sufrir 
el mal. Vale mas dar de su propio bien, 
que codiciar el ageno , porque con pocos 
bienes puede un hombre ser feliz, mas 
no puede serlo con muchos deseos. La 
temeridad es para los jóvenes , y la pru- 
dencia para los viejos. No merece el 
nombre de filósofo, sino el que recibe 
las injurias con tanta serenidad como los 
cumplimientos. La prudencia es con res- 
pecto á las otras virtudes , lo que la vista 
con respecto & los otros sentidos. La im- 


s38 BÍON. 

piedad es una compañía incómoda para 
la conciencia , porque es imposible que 
el hombre hable con serenidad cuando la 
conciencia le acusa , y cuando sabe que 
ha merecido la cólera de los Dioses. El 
camino de los infiernos es muy llano , 
puesto que se puede andar por el con 
los ojos bendados. Los que se entretienen 
en cuestiones inútiles , que solo pueden 
satisfacer una vana curiosidad , y no 
pueden elevarse hasta la filosofía , son 
como los amantes de Penelope , que ha- 
dan la corte á las criadas , cuando no 
podían hacérsela al ama. » 

Hallándose en Rodas , donde habia 
muchos Atenienses que se aplicaban á la 
declamación , mientras el enseñaba la Fi- 
losofía , le preguntaron porque no seguia 
el ejemplo de aquellos Griegos : « Porque 
yo , respondió , comercio en trigo, y no 
puedo vender cebada. » 

Cuando oia hablar de las Dañables , 
condenadas á sacar agua en canastas agu- 
jereadas , decía que seria mas cruel su su- 
plicio si las canastas no tuvieran agujeros. 

Después de haber vivido sepultado en 
vicios y en desórdenes , cayó enfermo en 


BION. *3g 

Caléis, y estuvo padeciendo mucho tiempo. 
Era tan pobre que no tenia con que pa- 
gar á los que le asistían. El rey Antigono 
le regaló dos esclavos , y una silla de 
manos , para que pudiese de este modo 
acompañarle en todos sus viages. 

Cuentan que durante esta enfermedad , 
se arrepintió de haber- menospreciado á 
los Dioses , y que se hizo tan supersti- 
cioso , que consultaba á las hechiceras , 
y colgaba ramas de laurel á las puertas 
de su habitación , para preservarse de 
maleficios. Apesar de estas precauciones , 
el pobre Bion murió víctima de los acha- 
ques que los desórdenes de su vida 1® 
hablan acarreado. 


E PIC URO. 


a4° 

mu\M w>n\\ mww\ wv 

EPICURO, 

Nació el año 3 de la Olimpiada 109 $ murió 
el 2 de la 127. 

Epicuro , de la familia de los Filaidas , 
nació en Atenas el año 3 de la Olimpiada 
iog. Á la edad de catorce años empezó 
á aplicarse á la Filosofía , y estudió algún 
tiempo en Sanaos , en la escuela de Para- 
dlo , que enseñaba las doctrinas de Platón. 
Mas no gustando de aquellas opiniones , 
abandonó aquel maestro , y tomó sucesi- 
vamente otros varios. Dicen que enseñó 
la Gramática , mas que no tardó en fas- 
tidiarse de esta ocupación. Lo cierto es 
que cobró mucha afición á las obras de 
Democrito , de las que se sirvió después 
para crear su escuela. 

A la edad de treinta y dos años enseñó 
la Filosofía en Metelino y en Lampsaco , 
de donde pasó á Atenas , donde fundó 
una nueva secta. Tenia un hermoso jar- 
din , y lo cultivaba con sus manos. Allí 
daba las lecciones á sus discípulos. Con 


EPÍCURO. ‘ a4í 

ellos pasaba una vida tranquila y agra- 
dable , y paseándose y traba] ando á su 
lado , les explicaba sus doctrinas , y se 
las hacia aprender de memoria. De todos 
los puntos de Grecia , venían á oirle y 
á admirarle los aficionados á la Filosofía. 

En su trato manifestaba la mayor sin- 
ceridad y candor. Era suave y afable con 
todo el mundo. Amaba tan entrañable- 
mente á sus parientes y amigos , que se 
consagraba enteramente á ellos , y les 
daba cuanto tenia. Recomendaba especial- 
mente á sus discípulos que tratasen con 
afabilidad á los esclavos , y les enseñaba 
con el ejemplo , pues era extraordinaria- 
mente humano para con los suyos. Los 
instruía , les daba lecciones de Filosofía , 
y procuraba suavizar su condición , por 
cuantos medios estaban á su alcance. 

Se alimentaba de pan., y agua, y de los 
frutos , y legumbres de su huerto. Algu- 
nas veces decía á sus esclavos : « Traedme 
queso y leche , que boy quiero tratarme 
bien. » « Tal era , dice un historiador , 
el hombre á quien la posteridad ha acusado 
de afeminado y de voluptuoso. » 

Cicerón exclama en sus Tusculanas . 

L 


¿4-2 ’ EPÍCURO. 

« ¡ De cuan poco se contentaba Epicuro ! » 

Sus discípulos imitaban su frugalidad y 
sus demas virtudes ; muy pocos de ellos 
eran los que bebían vino. No les permitía 
que hiciesen los gastos en común , como 
los de Pitagoras , porque decía que esta 
era mas bien una señal de desconfianza 
que de perfecta unión. 

Decía que no habia ocupación mas no- 
ble que el estudio de la Filosofía ; que 
nunca era demasiado temprano para apren- 
derla, y que los viejos no debían cansarse 
de estudiarla , porque ella sola da la fe- 
licidad , y este es el deseo de todas las 
edades. 

La felicidad de que hablan los filo'sofos 
es una felicidad natural , esto es , que se 
puede adquirir por las fuerzas naturales. 
Epicuro la cifra , no en los placeres sen- 
suales , sino en la tranquilidad del ánimo , 
y en la salud del cuerpo. En su opinión j> 
poseer estos dos bienes al mismo tiempo , 
era el supremo bien del hombre. 

He aquí algunas de sus principales doc- 
trinas : « La virtud es el medio mas eficaz 
de conseguir una vida feliz , poique no 
hay cosa mas agradable que vivil según 


EPICÜRO. 

las reglas de la sabiduría ; gozar de una 
conciencia tranquila; no tener que echarse 
e.u cara ningún crimen ; no hacer daño 
á nadie ; hacer bien á cuantos se puede , 
y no faltar a ninguna obligación. .Solo los 
hombres de bien pueden ser felices; solo 
la virtud puede hacer agradable la vida. 

La sobriedad y la continencia son dignas 
de admiración , porque con ellas se man- 
tiene el espíritu en un estado de paz y de 
reposo , la salud del cuerpo se conserva , 
y aun se restablece cuando otras causas 
la han debilitado. Es necesario acostum- 
brarse á vivir con poco , porque esto es 
lo que constituye la verdadera riqueza. 
Ademas de que los manjares sencillos son 
tan agradables al que tiene hambre , como 
los mas delicados , conservan la salud , 
la libertad del espíritu , la facilidad de 
aplicarse en todo tiempo á la investiga- 
ción de la verdad , y de arreglar sensa- 
tamente nuestras operaciones. El que se 
acostumbra á una vida frugal , goza mas 
cuando asiste á un banquete , que el que 
tiene un banquete cada di a , y él que 
tiene bastante con poco está mas dispuesto 
á soportar los reveses de la fortuna , que 


"44 EPICURO. 

él que no puede vivir sin placeres y sin 

magnificencia. 

Los excesos corrompen el alma , y des- 
ordenan el cuerpo. Todo placer es ape- 
tecible en sí , pero los males que los 
rodean nos deben alejar de ellos. Por la 
misma razón debemos sufrir un mal cuyas 
consecuencias nos indemnizan del pade- 
cimiento que nos ocasiona. 

La indolencia física es un placer per- 
petuo , y los placeres de los sentidos 
nunca son tan intensos , como los que 
afectan el alma. El cuerpo siente las im- 
presiones del momento ; el alma goza ó 
padece , de lo que ha gozado ó padecido , 
y de lo que puede gozar ó padecer. » 

Hasta aquí la doctrina de Epicuro no 
presentaba nada opuesto á las opiniones 
recibidas. Las opiniones de este filósofo , 
de que vamos á hablar , le han sucitado , 
en todos tiempos , muchos enemigos , y 
le han colocado , en el sentir de la mayor 
parte de sus sucesores , en el catálogo 
de los mas peligrosos sofistas. 

Según Epicuro el alma es corporal , y 
muere al mismo tiempo que el cuerpo , 
de cuyas impresiones depende. Esta de- 


EPÍCURO. ^45 

pendencia se echa de ver en todas nues- 
tras operaciones. Los dolores tísicos tur- 
ban la razón y extinguen la memoria. 
Las impresiones que producen terror y 
sobresalto , embargan el uso del pensa- 
miento , y á veces lo aniquilan. Por el 
mismo orden , el cuerpo depende del alma , 
y asi es que los sentimientos que nacen 
de ella suelen producir palidez , desmayos 
y temblores. El pudor enciende el rostro , 
el miedo debilita los miembros , la cólera 
accelera el movimiento de la sangre , y 
las pasiones profundas turban la digestión. 
¿ Gomo puede haber tan íntima corres- 
pondencia entre estas dos sustancias si no 
se tocan ? ¿ Y como pueden tocarse si no 
son de la misma naturaleza ? 

Tangere enim ettangi.nisi corpus¡nullapotestres. 

Por esto , suponía que lo que llamamos 
alma , 110 es otra cosa que la parte mas 
ligera , mas sutil , mas delicada de nues- 
tra sustancia , esparcida por tq^lo el cuer- 
po , y que forma parte de el, como los 
pies y las manos. De aquí se infiere , que 
cuando el cuerpo muere , el alma se di- 
sipa , por consiguiente la muerte no || 


HG EPIGURO. 

un mal ; porque no hay bien ni mal sin 
sentimiento. Ahora bien , cuando la muerte 
sobreviene el sentimiento se extingue ; 
nada tenemos de común con ella ; cuando 
ella es , nosotros no somos. Es cierto que 
en tanto que existimos , es natural desear 
existir sí nos acomoda , porque somos 
felices. Pero debemos salir de la vida , 
como salimos de un convite en que hemos 
comido buenos manjares. 

Epicuro decía que había pocos hombres 
que supiesen sacar partido de la vida ; que 
el estado presente nos disgusta , porque 
continuamente estamos en espectacion de 
otro estado en que creemos ser mas ven- 
turosos , pero la muerte viene á sorpren- 
dernos antes de que semejantes esperanzas 
se realicen ; que lo mas sabio es gozar 
del tiempo presente sin pensar en el que 
vendrá después ; que la felicidad de la 
vida no se debe calcular por los años 
que. nos quedan que vivir, sino por el 
bien estar «del momento ; que una vida 
corta y agradable es mas digna de nues- 
tros deseos que una larga y penosa ; que 
un convite en que hay pocos platos y 
buenos , vale mas que uno en que abun- 


EPICURO. 247 

dan los malos ; que si la muerte nos priva 
de todo goce , también nos libra de todo 
deseo , y que después de la muerte nada 
padecemos , porque nada deseamos. 

Epicuro no creia en ios infiernos , y 
decía que todo lo que se decía sobre I an- 
talo , Sisifo y las Danaides , eran fábulas 
inventadas , para significar los tormentos 
que traen consigo las pasiones. 1 ampoco 
creia en el destino , ni en la ciencia do 
averiguar ■ lo futuro. La libertad , en su 
opinión , consiste en una absoluta indi- 
ferencia. 

Epicuro habló siempre ele la Divinidad 
con gran respeto , y sus sentimientos 
sobre el Ser Supremo eran elevados y 
grandiosos. « El implo , decía , 110 es él 
que desecha los Dioses que el pueblo 
adora , sino él que atribuye al Ser Su- 
premo las necedades que el pueblo atri- 
buye á sus ídolos. En la Divinidad no 
hay nada que no sea digno de la inmor- 
talidad y de la dicha suprema. » 

Creia que era necesario adorar á un 
Ser superior , porque es innegable que 
goza de una naturaleza superior ; que el 
culto no debía fundarse en el deseo de 


248 E PIC URO. 

la recompensa , ni en el temor del cas- 
tigo; que la superstición no puede pro- 
ducir mas que crímenes y desórdenes. 
Describía á los Dioses, como unos seres 
íelices , que habitan sitios agradables , 
en que no hay lluvia, ni viento, ni nieve, 
ni tempestades , sino un aire sereno y 
una luz brillante ; allí viven rodeados de 
placeres y sabiendo gozar de su ventura. 

' No creia en la Providencia , porque decia 
que si los Dioses se mezclasen en nuestros 
negocios , no podrían gozar de la beatitud 
inherente á su naturaleza. De aquí inferia, 
que los sacrificios y las oraciones son 
inútiles ; que no liabia mérito ninguno 
■en invocar los Dioses ; que el hombre no 
debe acudir á ellos en sus infortunios , 
sino es mirar todos los sucesos con ánimo 
tranquilo. 

La idea que tenia del origen de la 
superstición era original. Decía , pues , 
que el sueño representa á la fantasía , 
fantasmas , y espectros de una forma 
espantosa , que amenazan al hombre con 
voces terribles ; que como al mismo tiempo 
hay en la naturaleza efectos admirables 
cuyas causas non son enteramente des- 


EPÍ CURO. 249 

conocidas , estas ideas se ligan en la ima- 
ginación con aquellas visiones nocturnas , 
y de sus resultas los hombres llegan á 
persuadirse que aquellos seres misteriosos 
tienen su residencia en los cielos y en 
los astros , atribuyendo á su poder , y á 
su influjo la lluvia, los truenos, los 
rayos , y el gobierno de todas las cosas 
visibles. 

Por lo que hace á la mansión que los 
Dioses habitan , Lucrecio , refiriéndose 
al sistema de Epicuro , dice que aquella 
mansión no tiene ninguna semejanza con 
los palacios de la tierra , porque siendo 
los Dioses de una naturaleza tan sutil 
que ni aun con el entendimiento nos es 
dado comprenderlos , es necesario que 
su habitación sea proporcionada á esta 
naturaleza aerea. 

Todos los filósofos han convenido en 
la existencia de una materia primera de 
que se forman todas las cosas físicas , 
pero acerca de la naturaleza de esta ma- 
teria , siempre han estado divididas las 
opiniones. La de Epicuro fue que los áto- 
mos son los primeros elementos de las 
cosas , y da el nombre de átomos á los 

L. 


a 5o EPICÜRO. 

corpúsculos indivisibles. Admite ademas 
otro principio , que es el vacío, mas no 
cree que entra en la composición de los 
cuerpos , sino que es necesario para el 
movimiento , porque si no hubiera vacíos 
en el Universo, los corpúsculos no po- 
drian moverse , y formarían una masa 
compacta incapaz de producir. 

Estos átomos , según Epicuro , han 
existido en la eternidad, y existirán eter- 
namente ; el número de sus formas es 
incomprensible , aunque no infinito. Su 
peso es la causa de su movimiento , y el 
choque de los unos con los otros , la de 
su unión fortuita. Los diferentes modos 
que tienen de unirse , es el origen de 
las diferencias que observamos en los 
seres y en los efectos naturales , produ- 
cidos únicamente por la casualidad que 
los agrega. Son como las letras del alfa- 
beto , que forman di versas palabrás , se- 
gún su diversa colocación. Las voces Boma 
y Amor, tienen dos sentidos diferentes , 
aunque compuestos de las mismas letras ; 
asi los mismos átomos pueden producir 
diferentes compuestos. Sin embargo, toda 
especie de átomos , no son sucetibles d© 


EPICURQ. ^Si 

entrar indiferentemente en toda especie 
de cuerpos. Probablemente los que consti- 
tuyen la lana no llegarían jamas á formar 
un diamante, del mismo modo que las 
letras de la voz Roma , no pueden jamas 
formar la voz Tule. 

Los átomos , en el sistema de Epicuio , 
están en perpetuo movimiento , y de aquí 
proviene el estado mudable de los seres. 
Unos disminuyen , y con sus ^ despojos 
otros crecen y se aumentan. A medida 
que una sustancia se corrompe, sus áto- 
mos forman otro , ú otros seres distintos 
de aquel. El resultado de estas transfor- 
maciones , es que nada perece y nada se 
aniquila. 

Hubo un tiempo en que todos los áto- 
mos estaban en un estado de completa 
separación , y sus reuniones casuales , 
han compuesto una infinidad de mundos , 
cada uno de los cuales perece al cabo de 
cierto tiempo , ya por el fuego , como 
si el sol se acercase á la tierra y la que- 
mase , ya por otro trastorno ; pefo de 
los fragmentos disueltos de un mundo 
destruido , se forma otro nuevo , que em- 
pieza muy en breve á producir nuevos 


*5a EPICURO. 

animales. El mundo que habitamos no es 
mas que un monton de ruinas , de una 
gran catástrofe , como lo prueban esas 
cavernas profundas , esos sistemas de mon- 
tanas , esas capas de diferentes suelos y 
rocas , esos lagos y rios subterráneos ; 
enfin , todas esas desigualdades del globo , 
señales evidentes de un desorden y de un 
sacudimiento. 

Epicuro creía que el Universo es infi- 
nito , que no tiene centro , ni extremi- 
dades , y que desde cualquier punto de 
su extensión , se puede atravesar un es- 
pacio interminable. 

Llamaba necedad á la opinión de ios 
que creian que los Dioses lian formado 
el mundo por amor á los hombres , pues 
no era probable que esta idea les hubiese 
ocurrido de repente , después de haber 
estado tanto tiempo sin pensar en ella : 
ademas que el mundo es demasiado im- 
perfecto , para ser obra de unos seres 
perfectos. 

Decia que la tierra habla producido los 
hombres y los otros animales ; en su pri- 
mera e'poca estaba impregnada de grasa 
y de nitro , y el calor del sol convirtió 


E FIGURO. 25,3 

estas sustancias en yerbas y arbustos. En 
seguida se alzáron unas excrecencias ? o 
tumores , que creciéron poco á poco 9 
hasta llegar á perfecta madurez , y en- 
tonces se rompió la piel exterior , y de 
cada tumor salió un animal , que empezó 
a respirar y á alimentarse de la leche 
que llevaban los arroyos.. 

Entre este gran número de animales , 
había muchos monstruosos , los unos sin 
boca , los otros sin pies , los otros con. 
los miembros unidos desproporcionada- 
mente. Los que , por causa de estas ir- 
regularidades , carecían de los medios de 
alimentarse , no tardaron en perecer , y 
solo se conservaron los que pudieron , 
con el uso de sus órganos bien dispuestos , 
nutrirse y sostenerse. Estos tuéron los 
que formaron las especies que se ban man- 
tenido y propagado basta ahora. 

En este estado primitivo del mundo , 
el frió , el calor , y la intemperie , no 
eran tan desiguales , ni fuertes como en 
la época actual. Los hombres eran mas 
robustos que nosotros ; su cuerpo estaba 
cubierto de pelo ; la inclemencia de las 
estaciones no los molestaba ; no conocían 


sS4 EPICURO. 

el uso de las ropas ; dormían sobre la 
tierra , donde quiera que les cogia la 
nocbe ; no bahía sociedad , y cada cual 
vivía de por sí. Se alimentaban de los 
frutos de bosques , y muchas veces tenian 
que lidiar con las fieras. Para poder re- 
sistirles , se juntaron algunos , y entonces 
empezaron á formar chozas , á cazar , 
y á vestirse con las pieles de los animales. 
Cada hombre se unió con una muger ,, 
y vivid á parte con ella. Tuvieron hijos , 
j las caricias de estos suavizaron la con- 
dición áspera de los padres. Tal fue el 
origen de la sociedad. Los vecinos se 
juntaron con los vecinos , y al principio 
indicaban los objetos con gestos y movi- 
mientos , pero no tardaron en inventar 
palabras para designarlos. Las palabras 
se fueron aumentando , y con su auxilio , 
los hombres pudieron expresar sus pen- 
samientos. 

El sol les dio á conocer el uso del 
fuego , porque con el ardor de sus rayos 
preparaban la carne de los animales de 
que se alimentaban. Pero habiendo caído 
un rayo en un cuerpo combustible , los 
hombres ; que conocían ya la utilidad del 


E PIC URO. a55 

fuego , en lugar de apagarlo , lo conser- 
varon , y aplicaron á los usos domésticos. 

Poco á poco se fueron edificando pue- 
blos , y dividiendo las tierras ; mas esta 
división se hizo al principio con mucha 
desigualdad , porque los mas fuertes to- 
marón mas parte que los débiles ? y e es 
pues obligaron á estos a que los onede 
eiesen , y se declaráron gefes y soberanos. 
En aquel tiempo no tenian otra defensa 
que los miembros de su euerpo , pero 
después de haber incendiado los bosques „ 
vieron una. sustancia que el calor había 
derretido , y que al cabo de algún tiempo 
se consolidaba. El brillo de esta sustancia 
les causó admiración , pero conocieron 
que , por medio del fuego , podrían liacer 
de ella lo que quisiesen. Desde luego solo 
pensáron en hacer armas ; después hicie- 
ron frenos para los caballos , é instiu- 
mentos para labrar la tierra. 

La naturaleza les enseño la práctica 
de las operaciones agrícolas. Por ejemplo 
habiendo observado que la bellota que 
caia en tierra producía una encina 
creyeron que del mismo modo les seria 
fácil multiplicar los frutos y los granos 


256 Ti PIC uno. 

de que se alimentaban : de aquí el origen 
de la Agricultura. 

Hasta entonces la fuerza , y la astucia 
habían prevalecido , pero desde el des- 
cubrimiento del oro y de la plata , los 
hombres se aficionáron á estos metales » 
y cada cual pensó en hacer una buena 
provisión de ellos. Hubo algunos que 
juntaron gran cantidad, y los pueblos , 
cansados de los reyes , les quitaron la 
vida , y obedecieron á los ricos. Inme- 
diatamente se crearon los gobiernos po- 
pulares , se formaron leyes , y se nom- 
braron magistrados , para ponerlas en 
ejecución. 

A medida que los hombres se despo- 
jaban de su ferocidad primitiva , se mul- 
tiplicaban y esparcían en la superficie del 
globo. Empezaron á comer unos en casa 
de otros , y después de haber comido 
bien , se divertían en oir el canto de ios 
pájaros, y tanto les gustó, que procuraron 
imitarlo , lo cual dió origen al canto. El 
ruido que hacia el viento en las cañas , 
les inspiró la idea de formar instrumentos , 
y la admiración que les causaba el curso 
de los astros , les hizo aplicarse á la As- 
tronomía. 


EPICURO. 

Pero muy en breve se despertó la ava- 
ricia , y dió lugar á las desavenencias y 
á las guerras , V como la vanidad quería 
perpetuar la memoria de las hazañas a 
que ellas daban lugar , buho poetas que 
las celebráron en sus ritmos y pintóles 
que las representasen en sus lienzos. La 
tranquilidad que sucedía á estas turbu- 
lencias les daba tiempo para perfeccionar 
estas artes , y para inventar otras , para 
su recreo y diversión. 

La regla que deben seguir los hombres 
para llegar ai conocimiento de la verdad, 
es, según Epicuro , el testimonio de Ios- 
sentidos , pues nada conocemos sino es 
en virtud de sus impresiones , y ellos son 
los tínicos instrumentos que nos hacen 
distinguir lo verdadero de lo falso. El 
entendimiento viene al mundo sin ideas ; 
cuando los órganos corporales se han 
formado , le transmiten impresiones , que 
son el origen de todos los conocimientos. 
El entendimiento puede pensar en las 
cosas ausentes , y creer que están pre- 
sentes , pero los sentidos son los que úni- 
camente pueden deshacer este error. Toda 
razón debe , pues , fundarse en la auto- 
ridad de los sentidos. 


2.58 E FIGURO. 

Los filósofos explican de diferentes mo- 
dos la visión. Epicuro creía que los cuerpos 
estaban continuamente despidiendo su- 
perficies semejantes á ellos , las cuales , 
cuando se encuentran con los ojos, for- 
man la impresión que llamamos visión , 
j asi es como sabemos la existencia de 
los cuerpos que están fuera de nosotros. 

El olor , el calor , los sonidos , la luz 
y las otras cualidades sensibles , no son 
meras percepciones del espíritu , sino que 
existen fuera de nosotros , como las sen- 
timos , no siendo otra cosa , que cierta 
cantidad de materia figurada , y movida 
de cierto modo , y que por consiguiente 
debe hacer cierta impresión en los ór- 
ganos del hombre. Por ejemplo , el olor 
es efecto de las partículas que despiden 
las flores , y que llenan el ambiente ; el 
sonido es la vibración que produce en el 
aire la agitación del cuerpo sonoro. La 
diferencia de impresiones consiste en la 
diferente configuración de órganos , y si 
las hojas de un vegetal parecen dulces 
á un animal , y agrias á un hombre , es 
porque el paladar del hombre no está 
formado como el de aquel animal. 


EPICURO. ^59 

Los Estoicos , que profesaban una vir- 
tud muy austera , y que tenían mucba 
vanidad , llegaron á mostrarse envidiosos 
de la fama que iba adquiriendo Epicuro , 
cuya doctrina era diametralmente opuesta 
á la que ellos enseñaban. Hicieron grandes 
esfuerzos para desacreditarle , y publica 
ron algunas calumnias , con las que as 
piraban á denigrar su reputación. De 
aquí proviene que los que han leído los 
libros de estos filósofos , y les han dado 
crédito , han creido que Epicuro era un 
hombre de perversas costumbres, siendo 
asi que su moderación y su recato eran 
ejemplares. 

« Epicuro , dice San Gregorio , ense- 
ñaba que el placer era el fin á que todos 
los hombres aspiraban , pero á fin de 
hacer ver que no queria hablar del placer 
sensual , observó la mas escrupulosa cas- 
tidad , y confirmó su doctrina con sus 
costumbres. » 

Epicuro no quiso tomar parte en los 
negocios públicos , porque prefería la vida 
sosegada á las ocupaciones turbulentas. 
Las estatuas que los Atenienses le eri- 
gieron , eran un testimonio público de 


^6o E PIC URO. 

la alta estimación con que le miraban. 
Todos los que se adhirieron á el con- 
tinuaron en su escuela , exepto Metro- 
doro , que la abandonó, y siguió la Aca- 
demia , bajo la dirección de Garneades : 
mas no estuvo en ella mucho tiempo , 
pues á los seis meses , cansado de aquellas 
doctrinas , volvió al Epicureismo , en el 
que permaneció hasta su muerte, ocur- 
rida pocos meses antes de la de Epicuro. 
Su escuela se conservó con el mismo 
esplendor , aun en los tiempos en que 
estaban desiertas las otras. 

Epicuro , á la edad de 72 años , cayó 
enfermo' en Atenas , donde poco antes 
había suspendido sus lecciones. Su mal 
era una retención de orina , que le cau- 
saba dolores agudísimos , pero el los su- 
fría con la mayor tranquilidad. Cuando 
conoció que se acercaba el último mo- 
mento , dió libertad á algunos de sus 
esclavos , dispuso de sus bienes , mandó 
que se solemnizase cada año el dia de 
su nacimiento y el del de sus padres : 
legó su huerto y sus libros á Ilermaco 
de Metelina , que le sucedió en la ense- 
ñanza , y le impuso la condición de dejar 


E PIC URO. 261 

aquellos Bienes á los otros que le fueran 
sucediendo en aquel encargo. En seguida , 
escribió á Idomeneo esta carta : 

« Gracias á los 'Dioses , me liallo en 
el dia mas feliz , y en. el último de mi 
vida. De tal modo me devoran ios do- 
lores , que no es posible imaginar un 
tormento mas cruel. Sin embargo , en 
medio de mis males , siento un gran 
consuelo , cuando me acuerdo de los ra- 
ciocinios con que he enriquecido la Fi- 
losofía. Te ruego , por el cariño que 
siempre me has manifestado , y por la 
doctrina que profesamos , que cuides de 
los hijos de Metrodoro. » 

Catorce dias después de haber sentido 
los primeros síntomas de su dolencia , 
Epicuro se puso en un baño caliente , y 
tomó un vaso de vino puro ; lo bebió , y 
exaló el último suspiro, encargando á sus 
parientes y amigos que estaban presentes , 
que se acordasen de el y de los preceptos 
que les habia dado. Murió el primer año 
de la Olimpiada 127. Su muerte afligió 
mucho á todo el pueblo de Atenas. 


2-6 2 


C E N O N. 


mm\umwnm\'H\uwmu\\ , u\\u\wm\u , v 


CENON, 

Murió en la Olimpiada 129. 

Cekon , gefe de la secta Estóica, nació 
en Citia , ciudad de la isla de Cliipre. 
Antes de determinarse á seguir una car- 
rera, fué á consultar al oráculo, para 
saber lo que baria afin de ser dichoso. 
El oráculo respondió que fuese del mismo 
color que los muertos , de lo que infirió 
crue debia aplicarse á leer los libros de 
los antiguos. Asi lo hizo con el mayor 
ahinco , creyendo obedecer el decreto de 
los Dioses. 

Estando de vuelta de Fenicia , adonde 
fué á comprar púrpura , naufragó en el 
Pireo , y perdió todo el género que ha- 
bía comprado. Este contratiempo le ape- 
sadumbró mucho. Fué á Atenas , entró 
en una librería , y se puso á leer el libro 
segundo de Genofonte para consolarse. 
Cobró afición á aquella lectura , y muy 
en breve olvidó su desgracia. Preguntó 
al librero donde vivian los hombres da 


CENQN. s63. 

que hablaba aquel autor. El librero , que , 
á la sazón vio pasar á Grates el Cínico , 
dijó á Cenon , enseñándoselo : « Sigue 
á ese que pasa. » Cenon , que tenia en- 
tonces 3o años siguió en efecto á Crates , 
y se alistó desde luego en el número de 
sus discípulos. Como era tímido y re- 
catado , no pudo acostumbrarse al im- 
pudor de los Cínicos. Crates lo echó de 
ver , y quiso curarlo de su flaqueza , para 
lo cual le dió un puchero lleno de len- 
tejas , y le mandó que lo llevase al ar- 
rabal de Cerámica. Cenon le obedeció , 
pero hizo cuanto pudo para evitar las 
miradas de los que pasaban. Entonces 
Crates le preguntó : « Picarillo ¿ porque 
ocultas lo que á nadie hace daño ¡ » 

Cenon era aficionadísimo al estudio de 
la Filosofía , y daba gracias á la fortuna 
porque habla sepultado en el mar todo 
cuanto poseia. Estudió mas de diez años 
con Crates , sin poder vencer la repug- 
nancia que le inspiraban las modales de 
aquella escuela. Porfin , cuando resolvió 
abandonarla , y seguir la de Estilpon de 
Megara , Crates le quiso detener por 
fuerza, mas Cenon le dijo: « ¡O Crates 1 


■a 64 CENON. 

los filósofos no se dejan cautivar sino es 
por los oídos. Persuádeme con razones 
sólidas que tu doctrina es mejor que la 
de Estilpon ■, si no lo haces asi , aunque 
me encierres en tu casa , mi espíritu es- 
tará en otra parte. » 

Cenon pasó otros diez años con su 
nuevo maestro , y con Jenocrates y Pa- 
lemón. Después se retiró , y estableció 
una nueva secta. En breve se esparció su 
fama por toda la Grecia , y en poco 
tiempo llegó á ser el filósofo mas dis- 
tinguido de aquel pais> Los Atenienses 
le apreciaron en tales términos , que le 
hicieron depositario de las llaves de la 
ciudad. Le alzaron una estatua , y le 
regalaron una corona de oro. El rey An- 
tigono le admiraba sobre manera. Jamas 
iba á Atenas , sin asistir á sus lecciones ; 
muchas veces iba á comer á su casa , ó 
le llevaba á cenar á la del músico Aris- 
tocles. Pero en lo sucesivo , Cenon se as- 
tuvo de asistir tí los convites y á las reu- 
niones , por no familiarizarse con los 
concurrentes. Antigono quiso llevárselo á 
su Corte , mas no lo consiguió por mas 
que hizo. Cenon le envió dos de sus 


CENON. s65 

discípulos , y con ellos le mandó á decir , 
que se alegraba de verle tan inclinado á 
las ciencias ; que su estudio le alejaría de 
los placeres sensuales , y le baria abrazar 
la virtud ; que no pudicndo ir en persona 
á verle , por no permitírselo sus años 7 
ni su salud, le enviaba dos amigos, que 
sabían tanto como el , y que eran mas jó- 
venes y robustos ; que siguiese sus con- 
sejos , y con ellos lograrla ser feliz. 

Cenon era alto y seco , y sumamente 
moreno ; por esto le diéron algunos el 
sobrenombre de palmero de Egipto. Te- 
nia la cabeza algo inclinada hacia un 
lado , y las piernas gruesas y malsanas. 
Usaba siempre ropas de tela muy ligera 
y ordinaria. Se mantenía con pan, higos, 
miel y vino dulce. Era tal la pureza de 
sus costumbres que le miraban general- 
mente como el emblema de la castidad. 
Andaba con mucha gravedad ; era de in- 
genio agudo y de índole severa. Cuando 
hablaba arrugaba la frente y torcía los 
labios. Solia alegrarse en las partidas de 
diversión , y hacer reir á los concurrentes 
con sus chistes, y cuando le hacían al- 
gunas observaciones acerca de esta mu- 

M 


£¡66 CENON. 

danza , respondía : « Las frutas duras se 

ablandan en agua. » 

Su estilo era conciso , y cuando le pre- 
guntaban la razón de esto , decia que el 
filósofo no debía pronunciar sino sílabas 
breves. Cuando reprendia , era de un 
modo indirecto y en pocas palabras. 

Haciéndole un joven muchas preguntas 
sobre materias demasiado elevadas , Ce- 
rrón tomó un espejo , y se lo presentó 
diciéndoie : «¿Te parece que esas pre- 
guntas sientan bien con ese rostro ? » 

Decia que los malos discursos de los 
oradores se parecian á la moneda de Al- 
jandría , bella en la apariencia , y de 
poco valor intrínseco. Censuraba amar- 
gamente la vanidad que los padres y los 
maestros inspiran á los jóvenes , y re- 
feria á este propósito , que Cafesio , ob- 
servando el desmesurado orgullo de uno 
de sus discípulos ¿ le dio un bofetón 
diciéndoie : « No por alzarte sobre los 
demas hombres , serás mas virtuoso ; 
pero si eres virtuoso ? te alzaras sobre 
ellos. » 

Cuando le preguntaban que era un 

amigo , respondía : « Otro yo mismo. » 


CENON. 267 

Hallándose en un convite dado á los 
embajadores de Tolomeo , se mantuvo 
tan callado , que estañándolo los em- 
bajadores, le preguntáron , si queria que 
dijesen algo de su parte al rey. El filó- 
sofo respondió : « Decidle que bay aquí 
un hombre que sabe callar. » 

Los Estoicos eran de opinión que el 
fin que se debe proponer el hombre , es 
vivir según la Naturaleza , y que la regla 
de la Naturaleza es la razón ¡ que de- 
bemos seguir la virtud por sí mismo , y 
no por deseo de recompensas ; que ella 
basta para hacernos felices , y que los 
que la poseen gozan de una dicha ver- 
dadera en medio de los mayores males ; 
que no puede haber nada útil, sino lo 
que es honesto , y que lo que es vicioso 
no puede ser útil ; que los placeres sen- 
suales no son un bien , porque se oponen 
á la razón ; que el sabio no teme nada , 
y que mira con tanta indiferencia la gloria 
como la ignominia 5 que la severidad y 
la sencillez son las bases de su carácter ; 
que le es lícito beber vino , mas no con 
exceso , afin de no perder un solo ins- 
tante el uso de la razón ; que debe res- 


¿>68 CENON. 

petar á los Dioses , hacerles sacrificios , 
y astenerse de los deleites ; que el sabio 
solo es capaz de amistad ; que tiene obli- 
gación de tomar parte en los negocios 
piiblicos , afin de evitar que el vicio se 
propague , y afin de excitar los ciuda- 
danos á la virtud ; que solo el es digno 
de gobernar los pueblos , porque solo el 
conoce ios límites del bien y del mal; 
que solo el es irreprensible , incapaz de 
hacer daño , y de admirar lo que los otros 
admiran. 

Decían que todas las virtudes estaban 
encadenadas entre sí , de modo que el 
que poseia una , las poseia todas ; que 
no bay medio entre el vicio y la virtud f 
y que es necesario que una acción sea 
buena ó mala , como que una línea sea 
recta ó curva. 

Cenon vivió basta la edad de 98 anos 9 
sin haber experimentado la menor inco- 
modidad. Fué generalmente sentido , y 
el rey Antigono se afligió mucho cuando 
supo la noticia , y exclamó : « ¡ Que es- 
pectáculo be perdido ! Ninguno de los 
regalos que le be hecho , le ha inducido 
) amas á cometer una bajeza. » 


CE NON. 269 

Antígono envió diputados á los Ate- 
nienses pidiéndoles que enterrasen á Ce- 
non en el arrabal de Cerámica. Los Ate- 
nienses no estaban menos sentidos que 
aquel monarca. Los principales magis- 
trados le elogiaron públicamente , y á 
fin de dar mas autenticidad á sus elo- 
gios , espidieron un decreto concebido en 
estos términos : 

« En vista de que Cenon , hijo de Mna- 
seas , de Citia , ha pasado muchos años 
en esta ciudad , enseñando la Filosofía ; 
que se ha mostrado en toda su conducta 
muy hombre de bien ; que continuamente 
ha estado excitando á la virtud á los jó- 
venes de su escuela , y que su vida ha 
sido en un todo conforme á sus preceptos, 
el pueblo ha tenido á bien alabarle pú- 
blicamente ; regalarle una corona de oro , 
á que es justamente acreedor , por su pro- 
bidad y su templanza , y erigirle un se- 
pulcro , á costa del piiblico , en Cerajnica. 
El pueblo quiere que se elijan cinco hom- 
bres en Atenas , que se encarguen de 
mandar hacer la corona , y labrar el se- 
pulcro; que el escriba de la Repiíblica 
grabe este decreto en dos columnas , una 


27° CENON. 

de las cuales se pondrá en la Academia , 
y otra en el Liceo , y que el dinero nece- 
sario para estos gastos sea , muy luego , 
puesto á disposición del que corre con los 
negocios públicos , á fin de que todo el 
mundo sepa que los Atenienses bonran las 
gentes de mérito , durante su vida y des- 
pués de su muerte. » 

Este decreto fuá expedido en tiempo en 
que Arrhenidas era Arconte de Atenas ; 
algunos dias después de la muerte de Cenon. 

Esta ocurrió del modo siguiente : Un día 
al salir de la escuela , se dio un golpe y 
se rompió un dedo. Creyó que este era 
un aviso que los Dioses le daban de que 
debía morir pronto. Penetrado de esta 
idea, dió un golpe en la tierra, y excla- 
mó : « ¿ Me llamas ? Pronto estoy. » Y 
sin mas motivo se aborcó con la mayor 
serenidad. Hacia años que enseñaba 
sin interrupción, y 68 que babia empezado 
á aplicarse á la Filosofía con Grates el 
Cínico. 

FIN. 


IVON , IMPRENTA DE J. M. BOURSV.